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Nilton Torres
Han pasado un par de semanas desde el estreno de esta película de los estudios Pixar, y sería injusto no solo no comentarla, sino no recomendarla ya que además de entrañable, Wall-E no deja duda que hace mucho que las cintas animadas ya no son exclusividad del público infantil. Wall-E es el nombre de un simpático robot que durante siete siglos ha cumplido la labor de limpiar el planeta luego que los seres humanos lo abandonaran, para irse a vivir en una nave espacial en donde se transformaron en una sociedad de obesos sujetos, atendidos en sus mínimos caprichos por prolijos autómatas.
Con los años Wall-E se convirtió en el último de los robots de su clase y nunca dejó de cumplir con su misión, pero a la par se afanó en aprender lo que fue la vida en la Tierra, y a través de la música y las películas aprendió también sobre aquellos sentimientos humanos como la felicidad, la tristeza, llegando incluso a desarrollar una extraña nostalgia por aquel sentimiento al que conocemos como amor. Y es precisamente este el que se despierta en los circuitos de Wall-E cuando conoce a Eve, un robot que ha sido enviado por la nave terrestre para verificar si es que ha renacido la vida en la Tierra.
Eve, en su lógica robótica, no entiende a Wall-E, cuando este le manifiesta sus afectos, toda vez que Eve ostenta rasgos que se pueden entender como femeninos. Pero el romance cibernético se interrumpe cuando el robotito le regala a Eve una planta y al analizarla, la robot entra en un estado de animación suspendida y debe regresar a su nave.
Pero Wall-E la acompañará como polizonte y en la astronave terrícola el robot se encargará de devolverle a la gente su humanidad olvidada. Andrew Stanton, ganador de un Oscar por Buscando a Nemo, es el director de este filme que llama la atención sobre el calentamiento global, la contaminación, y pone en evidencia la tragedia que nos espera de seguir apelando a la tecnología para hacernos la vida más sencilla. Pero en ningún momento la cinta tiene un carácter panfletario, ya que este llamado de atención fluye en la simpleza de la tierna historia de Wall-E. Para verla más de una vez. |