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Maritza Espinoza
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No queda claro si la oferta de Marco Antonio Gallegos de premiar con un año de peluquería a los que votaran por Adriana Zubiate en "Bailando por un sueño" era legal o no, pero lo mejor que pudo sucederle al conocido estilista es que lo obligaran a retractarse de su audaz ofrecimiento: ¿se imaginan el desbarajuste que se le hubiera armado de tener que cumplir con su promesa? La anécdota -que, por suerte, quedó en nada- puso en evidencia la escasa transparencia de los programas de concurso en televisión, que ya en otras ocasiones han sido objeto de quejas por no entregar los premios ofrecidos, tener reglas poco claras o fraguar resultados.
La oferta de Marco Antonio era evidentemente irregular, aunque haya sido hecha con la mejor intención, pero de no ser por la protesta de Marisol Aguirre -a quien como sabemos para quejosa no le gana nadie- podía simplemente haber pasado piola. Entonces, hubiera sentado un precedente y podíamos haber visto a amigos, empresas y familiares de soñadores ofreciendo cualquier cosa paralela al concurso con tal de que su candidato gane.
Haría bien la producción de "Bailando por un sueño" en anticiparse a situaciones como esta y dejar muy explícitas sus reglas en todos los sentidos. ¿Cabe, por ejemplo, que un anunciante patrocine a un concursante? ¿Puede un concursante declinar a favor de otro? Y, por último, ¿debe el jurado estar compuesto por amigos íntimos de la conductora y productora general? Los televidentes necesitan estar informados. |