|
Mirko Lauer.
El último informe de Oxford Analytica plantea que si bien Cuba sigue muy dependiente de Venezuela y China, Raúl Castro viene buscando reducir su dependencia respecto de este tipo de gobiernos. Un objetivo sería desplazar esa dependencia económica hacia Brasil, cuyo Canciller Celso Amorim está más que dispuesto a ello.
La búsqueda cubana de cierta distancia frente a Caracas (una de cuyas facetas es el frío a las FARC) podría ser sintomática de la fase final del ciclo expansivo de la izquierda electoral en América Latina. Quienes ya están instalados en gobiernos progresistas no lo creen tanto, pero desde fuera las señales son crecientes.
Hugo Chávez, que podría ser considerado el epicentro de toda la movida izquierdista, parece haber llegado en su país hasta el punto de radicalidad en que es posible instalarse sin una revolución con todas las barbas. No tanto por los reclamos de la burguesía, sino por las protestas populares, que deben ser frenadas.
Probablemente Chávez piensa que con su expropiación de los activos del Banco Santander en Venezuela (a cambio de US$2,000 millones) no ha cruzado ninguna línea peligrosa. Pero aquí en Lima sabemos algo de eso, y se trata de un gesto desesperado si los hay. Habrá más de eso si el petróleo sigue bajando desde sus alturas.
En cuanto a los gobiernos izquierdistas periféricos, no es que les vaya mal a todos. Pero los electores que los llevaron al poder no tienen más compromiso con ellos que vivir mejorías en su condición. La inflación de los alimentos y el petróleo arrasa con todas las ideologías en el poder por igual.
Hasta ahora no hemos visto a una sola de las izquierdas electorales vigentes partir del poder. Debemos imaginar ese momento como algo ordenado y esencialmente triste. Probablemente el primer caso se dé con la pérdida de la Concertación en Chile el próximo año, si Argentina no se le adelanta de alguna manera.
Desde un inicio fue perceptible la existencia de dos tipos diferenciados de gobierno izquierdista en la región: los peleones (Chávez, Morales, Ortega) y los institucionalistas (Bachelet, Correa Lula). Lo que empieza a preguntarse el mundo ahora es si todos tienen un futuro colectivo, como pareció en un momento.
Cada vez más la derecha electoral se está organizando y presentando bajo la modalidad de "nueva derecha". Tenemos ya un ejemplo local en Lourdes Flores, cuyo ingreso a la retórica socializante coincide con corrientes muy difundidas en toda América Latina. Nueva derecha, y no extrema derecha, parece ser la fórmula del recambio. |