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Por Nilton Torres Varillas
Fotos: Claudia Alva
 fama. La vaca de Meneses se convirtió en una estrella. Su historia se escribió en Rolling Stone, la revista Soho (Colombia), Etiqueta Negra, en el diario El País de España y en otros países, y tuvo su propio blog en el diario El Clarín. |
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Entre enormes cortes de carne, Juan Pablo Meneses se mueve por territorio conocido. Cuchillos, ganchos y el olor a sangre vacuna no lo conmueven, sino que lo hacen evocar aquellos tres años que se dedicó a hurgar entre frigoríficos, camales, fincas ganaderas y restaurantes, con el único fin de encontrar allí la respuesta a la relación centenaria que tiene la República Argentina –y los argentinos– con los millones de vacas que pastan en los valles de su geografía.
Después de leer "La vida de una vaca", y sin ánimo de mancillar la honra de un país vecino, sería de justicia que una vaca estuviera en el escudo nacional argentino. O al menos un bife enorme y jugoso, como propone Meneses, quien radica en Buenos Aires desde hace seis años. Y lo gracioso es que muchos argentinos están de acuerdo con la sugerencia. "Los que han leído el libro me han dicho que hacía falta una mirada desde fuera sobre ellos mismos", dice el periodista. Lo único que ha molestado un poco –confiesa inmediatamente– es que esta haya sido la de un chileno.
Y si una vaca (o parte de ella) mereciera el honor de convertirse en un escudo patrio, tendría que ser La Negra, una becerra de manchas blancas en la panza que Meneses vio meándose tambaleante, apenas parida, en un establo a 40 kilómetros de La Plata. Hasta allí llegó el escritor para conseguir una ternera y empezar un libro, cuya historia fue seguida en tiempo real por miles de personas a través de un blog y de decenas de artículos publicados en periódicos y revistas de Latinoamérica y España.
"Yo me compré a La Negra con la firme idea de comérmela y, de ser posible, hacerlo delante de los lectores. Lo que pasó es que mientras más se hacía pública la historia, las voces se aliaban en dos bandos: los que clamaban por su vida y quienes ofrecían el vino y la ensalada para acompañar la parrilla".
La intención de Meneses era mostrar a través del crecimiento y sacrificio de su vaca cómo funciona en Argentina la industria de la carne porque, aunque suene exagerado, sin ella el país gaucho no existiría, o sería otro.
En un año los argentinos consumen, en promedio, 70 kilos de carne y la industria ganadera mueve más de 2,000 millones de dólares, con 50 millones de cabezas de ganado en los campos.
"Una de las cosas que me han celebrado mucho del libro es que al juntar diversos episodios históricos todo cobra sentido. Por ejemplo, el único senador a quien han intentado matar a balazos en el Congreso argentino fue Lizandro La Torre, y fue porque este, en 1935, inició una investigación sobre la industria de la carne. Y la última vez que el ejército argentino volvió a salir a las calles, después de la dictadura militar, fue en el gobierno de Néstor Kirchner, para evitar un desabastecimiento de carne".
 El libro salió en marzo de este año en Argentina, cuando un nuevo conflicto por la carne remeció el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. |
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–Aunque estén en la peor de las crisis o el país se caiga a pedazos, los argentinos defienden su carne.
–Las marchas contra el hambre en Argentina terminan siempre en un asado (una parrillada). Durante la peor crisis económica que se vivió en Argentina, se rompieron los picos de consumo histórico de carne.
–¿Se puede entender un país a través de su carne?
–Hay dos cosas. Primero, Argentina, para el resto de Latinoamérica, es un país del que nos gusta hablar. Su fútbol, su música, está muy presente en nosotros. Y segundo, nos reímos mucho de eso que decimos de los argentinos, que son muy creídos. Pero después de escribir este libro puedo decir que he descubierto que parte de esa seguridad se debe a la carne.
–¿Por qué lo dices?
–Los argentinos siempre están divididos en dos bandos: los hinchas de Boca y los de River, los lectores de Cortázar y los de Borges, peronistas y radicales. Sin embargo hay una sola cosa en la que están todos de acuerdo, y es que consideran que su carne es la mejor del mundo. Y vivir en un país que dice "mi carne es la mejor del mundo", te otorga una seguridad que el resto no tenemos. La carne toma otra dimensión. Eso los mantiene unidos.
–¿Qué otra cosa has descubierto escribiendo el libro?
–La Negra ha sido la excusa para recorrer un país en el cual casi todos sus estamentos están relacionados con la carne. Muchos pensamos que Argentina es Buenos Aires, cuando en realidad es un país eminentemente ganadero en el que, en este momento, hay miles de camiones transportando vacas. El campo les da trabajo a dos de cada tres argentinos.
–¿Te has topado con argentinos vegetarianos?
–Si hay una minoría en Argentina no son ni los inmigrantes ni los homosexuales. La verdadera minoría son los vegetarianos,
ESTRELLA VACUNA
 Trabajo de campo. Meneses observó de cerca a su objeto de estudio. |
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Lo que no queda muy claro cuando se termina de leer el libro de Meneses es si La Negra continúa engordando en su establo o terminó sobre una ardiente parrilla. El autor no suelta prenda al respecto. Prefiere que los lectores lo descubran, aunque da alguna pista al contar aquella anécdota cuando un fotógrafo de una revista de rock argentina –La mano– fue a fotografiar a La Negra para un reportaje. "Ché, parece que me está posando", le dijo el gráfico a Meneses. "Y quizá sí posó, porque La Negra se había dado cuenta de que una de sus posibles salvaciones en un mundo en el que la peste es algo llamado anonimato, era hacerse famosa". La Negra se convirtió en la destinataria de decenas de e-mails que clamaban por su vida. Incluso varios eran enviados por amistades del escritor, quienes lo amenazaban con retirarle el habla de por vida si osaba matarla y comérsela.
Meneses no llegó a encariñarse con La Negra, acaso porque mucha gente terminó más pendiente de ella que de él mismo.
"Fue un verdadero tormento. En algún momento sentí que tenía una vaca en la cabeza. Me la había comprado para comérmela y ella me estaba comiendo a mí".
Meneses –que viene escribiendo un nuevo libro del que no quiere hablar mucho– no ha dejado de comer carne, a pesar de un amago de sentimiento de culpa.
"Una tarde lo pensé y me entró cargo de conciencia por esos animales que mueren desangrados. Pero más tarde me comí un bife de chorizo jugoso, con sus papas fritas, y se me pasó". El placer de la carne. |