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Por Jorge Loayza
Fotos: Melissa Merino
Los sapos y culebras escapan brincando por las pistas de toda la capital ante tantos bocinazos. Las veinte obras viales que se ejecutan actualmente en calles y avenidas principales de Lima de manera simultánea hacen que los limeños hayamos aprendido a jugar al laberinto trepados en un automóvil. El reto es llegar al destino evitando letreros de desvío, calles clausuradas, hombres trabajando y Lima avanza. Pero Lima no avanza, se embotella.
MÁS TRÁFICO DE PUNTA A PUNTA
 Vía Expresa. 18:45. A esa hora un nudo difícil de desatar se origina en el cruce con Javier Prado. La fila de autos llega hasta muy cerca del puente México. |
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A las 4:50 de la tarde, Carlos Delgado, uno de los conductores con mayor experiencia del diario, agarra a su animal motorizado por el timón y partimos de la cuadra cuatro del jirón Camaná, en el centro de Lima. Confiado en sus 43 años de experiencia de chofer, para Delgado la comisión era rutina. No sospechaba el viaje que realizaríamos.
La idea era ir hasta Chorrillos y retornar hasta el Metro de la Panamericana Norte, en hora punta. Un chofer advertido no habría aceptado hacer tal recorrido.
 Lima. 16:57. Congestionamiento para ingresar a la Vía Expresa es alegría de ambulantes. |
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Seis minutos después de partir, una fila de autos nos detiene frente al Centro Cívico. Un letrero con fondo naranja dice ‘desvío’. Lo que aparece frente a nosotros es una ola de vendedores de muñequitos, gaseosas, chocolates, caramelos y cuanta baratija puedan ofrecer en los largos minutos que el guardia de tránsito les regala para su alegría. Jorge Llanos, un joven chofer de la ruta Chorrillos-Lima, y sus cuatro pasajeros soportan el embotellamiento con falsas sonrisas. Se calcula que por el Paseo de los Héroes circulan en horas punta unos 8 mil vehículos.
A las 5:05 estamos en la Vía Expresa y para probar cómo va el tráfico por la Av. Arequipa, y evitar la congestión de la Vía Expresa con Javier Prado, subimos por la calle José Gálvez. Cuando doblamos por Mariano Carranza un letrero y cerco anaranjado de plástico nos detiene en el cruce con Petit Thouars.
Hace dos meses está cerrado y parece que no tendrá pronta reapertura. Retroceso. Entonces damos con un cruce abierto por la cuadra 13 de Petit Thouars. "¿Cuándo terminan las obras?", pregunta el chofer. "En octubre", responde un obrero. "¿De qué año?", insiste nuestro conductor. Siempre es bueno pedir precisión. Desde el inicio de esta fiebre de cierre y reconstrucción de vías, los plazos de culminación de obra no se han respetado.
 Lince. 17:20. A partir de esa hora, la Av. Arequipa –de sur a norte– es una tortura china. |
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Sobre la Avenida Arequipa podemos darnos el lujo de viajar a velocísimos 35 kilómetros por hora. En el sentido contrario, una larga fila de autos y cústers deben hacerlo a 4 kilómetros por hora. En esta arteria transitan un promedio de 2 mil vehículos por hora y en horas punta la cifra aumenta en 2,500.
Nuestra alegría se termina cuando nos acercamos al cruce de la Av. Arequipa con la Javier Prado. Con ese tramo cerrado desde el pasado 15 de julio – por un plazo de 40 días– y sin trabajadores a la vista, esta sí que es una prueba para la paciencia. Van cinco minutos y no hay señal de mayor avance.
Acá uno puede bajarse del auto para fumar un cigarrito y charlar sobre cualquier cosa con el chofer vecino. Los pasajeros de las cústers duermen para la exhibición pública. Noé de la Cruz, conductor de la empresa de transportes Orión, ya conoce la ruta y antes de renegar prefiere sintonizar bien su emisora de cumbia y apagar el motor de su máquina. "Para qué voy a tener el carro encendido si ya sé cuánto se demora el policía en hacer pasar", dice a manera de consuelo.
Después de doce minutos, avanzamos. Cruzamos Javier Prado y luego queremos ingresar nuevamente a la Av. Arequipa pero solo hay un cruce por la calle Chinchón. La ruta de desvío nos lleva por las calles Federico Villarán y Manuel Fuentes hasta Aramburú. Recién entonces podemos volver a la Av. Arequipa. Llegamos al óvalo de Miraflores y enrumbamos hacia la Vía Expresa.
Ahora sí, a toda velocidad, hasta que otro bendito letrero de desvío nos para en seco.
 San Isidro. 17:25. En el desvío del cruce de la Av. Arequipa y la Av. Javier Prado reina el sueño. |
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El óvalo Balta, al final de la Vía Expresa, parece zona de bombardeo y si se quiere avanzar solo queda tomar una ruta que puede hacerle perder la orientación a cualquiera. Al final, la idea es avanzar por la avenida San Martín, luego Pedro de Osma y después la avenida Chorrillos. Cuando llegamos a la prolongación Paseo de la República, frente al centro comercial Lima Plaza Sur, el reloj marca las 6:20 de la tarde.
Ahora sí queremos regresar, aunque una malla anaranjada de plástico parece una tranquera de fierro. Para avanzar unos diez metros, lo más recomendable es ingresar al centro comercial Plaza Lima Sur, recibir un ticket, dar la vuelta a toda la playa de estacionamiento y luego salir por la otra puerta.
Entonces uno aparece sobre la pista del Metropolitano, el proyecto vial que promete llevar pasajeros desde Chorrillos hasta Comas en menos de una hora. De frente, por la pista libre, el sueño termina a pocas cuadras, a la altura del coliseo Mariscal Cáceres.
La pista se vuelve inútil y solamente sirve como estacionamiento para el circo que se ha instalado allí. De nuevo el carro se tiene que transformar en una serpiente que recorre las calles de Chorrillos y Barranco hasta llegar a la libertad restringida de la Vía Expresa.
 Chorrillos. 18:22. Se debe dar una vuelta por todo Plaza Lima Sur para avanzar 10 metros. |
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No lo duden. Tomar la Arequipa hubiese significado llenar esta nota con gruesos adjetivos. Para quienes van hacia al centro de la capital, la vía más rápida de Lima se convierte en la más lenta a la altura del Estadio Nacional.
Van a ser las siete de la noche y varios choferes y pasajeros agachan sus cansadas y aburridas cabezas. Quince minutos después llegamos a la Plaza Grau. Pero el viaje no termina.
Entramos a los dos únicos carriles de Lampa (los otros dos estarán cerrados por unos diez meses) y doblamos por Emancipación (que también ha sido reducido a dos carriles). En el cruce con la avenida Tacna, los nudos vehiculares son rutina de todos los días. Los nudos de los nervios también.
Sin embargo, una rápida maniobra nos permite evadirnos y dirigirnos rumbo a la Panamericana Norte, vía la avenida Zarumilla, para viajar por el puente del Intercambio Vial Habich-Panamericana Norte, como una moto náutica navega sobre el mar.
Claro, los 45 millones de soles que se han invertido en tan imponente obra sirven de casi nada ante el megaembotellamiento que se origina en Fiori.
Entonces las llantas se detienen y el hígado no da para más. El rostro afable de nuestro conductor se ha ido transformando con cada kilómetro que penosamente avanzamos. A diez minutos para las ocho de la noche nos mira, no nos dice nada, aunque su expresión habla por sí sola. La próxima vez, nos pide, por caridad, que no contemos con él.
FIORI, UN PROBLEMA COSTOSO
 Panamericana Norte. 19:45. Carros malogrados, combis apretadas y gigantes buses interprovinciales. |
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Al desesperante caos en que se desenvuelve por estos días el tráfico urbano en Lima, se suma el desorden de los terminales terrestres de transporte interprovincial que se levantan en cualquier punto de la capital.
La falta de un ordenamiento en este tema trae como consecuencia la gran cantidad de accidentes que se registran en distintos puntos del país, pero también otro problema poco tocado: un terminal mal ubicado incide en la lentitud del tráfico y eso le cuesta plata a la ciudad.
 Fiori. 19:50. El Intercambio Vial Habich no ha solucionado el grave problema de congestión vehicular en la Panamericana Norte. |
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Un estudio del área de posgrado de Ingeniería del Transporte de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) ha logrado calcular lo que le ocasiona a Lima el terminal de Fiori debido a las interferencias que produce la salida de ómnibus por la vía Panamericana Norte.
Al año se van al agua 1 millón 311 mil 935 dólares por el tiempo de viaje perdido (el lapso que los automovilistas o pasajeros del transporte público se retrasan por la congestión en el lugar) y los costos de operación (el tiempo extra que todo tipo de vehículo debe seguir funcionando para atravesar la zona).
 Megaplaza. 19:58. Viajar de Habich hasta Megaplaza es un auténtico vía crucis. |
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Para arribar a esta cifra, un equipo de estudiantes de la UNI y el ingeniero Rómulo Chinchay, profesor del curso de posgrado de Ingeniería del Transporte, realizó un seguimiento al tráfico de la Panamericana Norte en las horas de mayor carga vehicular, entre las 18.00 y las 22.00 horas de un típico día de la semana.
Comprobaron que la salida de buses podía producir congestionamientos de hasta 840 metros y determinaron que en esa situación los vehículos se desplazaban a una velocidad que iba de 5 a 9.3 kilómetros por hora, promedio muy bajo para una vía en donde pueden alcanzarse velocidades de hasta 45 kilómetros, siempre y cuando no haya congestión.
El valor social del tiempo (VST), utilizado para la estimación monetaria del tiempo de viaje perdido, se hizo según valores establecidos por el Plan Maestro de Transporte Urbano de Lima y Callao, que fue elaborado por la Agencia de Cooperación Internacional del gobierno de Japón (JICA) en el 2004.
El estudio también dejó otras conclusiones: debido al tamaño de Lima es urgente reordenar los terminales desperdigados por toda la ciudad y construir 3 o 4 grandes terminales terrestres en distintos puntos de la ciudad (norte, centro, sur) a la manera de un aeropuerto, en donde se pueda llevar a cabo una adecuada fiscalización de las empresas y vehículos, fuera de mejorar la calidad y seguridad del servicio prestado.
 congestión. Las colas de vehículos originadas en Fiori son habituales. |
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"Este ordenamiento también suministraría mayor información estadística, lo que influiría en la planificación y mejora continua del sistema", señala el ingeniero Chinchay.
Más allá de las buenas intenciones, por el momento el problema continúa: Fiori sigue en su lugar y numerosos terminales terrestres ubicados por toda la ciudad tienen la misma dosis de informalidad. Un ordenamiento urgente podría ser el inicio para evitar tantos accidentes en el transporte interprovincial y, por supuesto, disminuir el caos vehicular que actualmente reina en Lima, entre tanta calle clausurada. |