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Viernes, 05 de Diciembre 2008
El hombre más rápido.

Por Claudio Chaparro

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El ser humano más veloz del mundo se llama Usain Bolt. Es jamaiquino, mide 1.96 centímetros de estatura y el pasado 10 de junio en Nueva York pulverizó todos los récords al registrar 9.72 segundos en los 100 metros planos. Una marca que no sólo dejó boquiabierto al planeta sino que reactualizó una pregunta cuya respuesta parece cada vez más difícil de precisar: ¿qué tan rápido puede llegar a correr el hombre?

Por lo pronto, en los Juegos Olímpicos de Beijing que se inician este viernes la expectativa en la clásica prueba de los 100 metros planos estará centrada en tres de los hombres más veloces de la historia: además de Bolt correrán su compatriota Asafa Powell (cuyo récord es 9.74 segundos) y el estadounidense Tyson Gay (que ostenta un tiempo de 9.77 segundos). Cualquiera de ellos puede lograr que el hombre sea aún más rápido de lo que todos imaginamos.

Desde los tiempos del legendario atleta estadounidense Jesse Owens, las marcas para los 100 metros (la ‘prueba madre’ del atletismo) se han ido acortando. Y cada centésima superada resume el esfuerzo del atleta pero también el rol que le compete a la ciencia, cuyo aporte resulta clave para enterrar récords ante el asombro general.

ROMPIENDO RÉCORDS

 
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Centellas: jamaiquino Asafa Powell
 
Según refiere Enrique Cusicanqui, presidente de la Federación Peruana de Atletismo y experto en pruebas atléticas, el récord mundial de los 100 metros planos –impuesto por Bolt– se puede romper en Beijing en 3 o 4 centésimas.

"Pienso que el récord en estas Olimpiadas puede instaurarse en 9.70 o hasta en 9.69, algo increíble. Esto según la proyección establecida desde que el hombre logró bajar de los diez segundos", refiere Cusicanqui.

Sin embargo, la meta inmediata de los atletas y de la misma industria inmersa en el atletismo es que algún día se instale en los 100 metros planos un registro de 9.5 segundos. "Para ello –sostiene Cusicanqui– pueden pasar unos quince años. Es que cada año se rebajan dos o tres centésimas. Hace treinta años parecía mentira, pero hoy sabemos que algún día esa marca se hará realidad".

Hasta 1968 ningún velocista había hecho menos de diez segundos en los 100 metros. Pero ese año apareció el estadounidense Jim Hines. El 20 de junio, en Sacramento, Estados Unidos, Hines hizo el extraordinario tiempo de 9.99 segundos. Y cuatro meses después, durante las Olimpiadas de México, Hines estampó un alucinante (para la época) registro de 9.95 segundos. Desde ese momento la barrera de los diez segundos fue historia.

 
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Estadounidense Tyson Gay
 
Desde Hines hasta el jamaiquino Bolt se han necesitado cuarenta años para reducir la marca de los 100 metros planos en poco más de dos centésimas de segundo. De los 9.95 de Hines a los 9.72 de Bolt.

Es más, entre los récords de Hines y Bolt hay dos metros de ventaja, entre la llegada de uno y otro a la meta. Eso habla del talento atlético. Pero también del mejoramiento de las condiciones externas.

"En menos de un año –agrega Cusicanqui– el récord mundial se ha roto dos veces. Es que se mejora con las nuevas técnicas de entrenamiento. Pero también con la ciencia y la tecnología. La ayuda de la cibernética ha sido fundamental. El atleta estudia y controla sus propias marcas y las de otros, analiza diversos tipos de entrenamiento, desmenuza la forma de correr de cualquier atleta en cada tramo, la manera de acelerar, hasta la cantidad de veces que mueve los brazos al correr".

El atleta de hoy es un producto de laboratorio. Y con el velocista de los 100 metros hay un trabajo específico en temas de biofísica.

 
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Jamaiquino Usain Bolt, mostrando su espectacular registro de 9.72 segundos y en el momento en que cruzó la meta y batió el récord mundial.
 
"En Estados Unidos, por ejemplo –dice Cusicanqui–, cada universidad cuenta con enormes laboratorios. Ahí se forma la carrera del velocista. Tras cada récord mundial, en esos laboratorios se preguntan: ¿por qué ese atleta ha bajado la marca en tantas centésimas? Y son 25 o 30 profesionales que trabajan al respecto. Ven lo mejor y lo peor de su atleta, comparan y llegan a respuestas para mejorar el entrenamiento y la capacidad muscular y atlética".

DE OWENS A BOLT

Hace medio siglo el porcentaje de masa muscular que poseían los competidores de 100 metros era del 46 al 48% del peso total de su cuerpo. Hoy, sin embargo, sobrepasa el 50%. Eso permite una mayor disponibilidad energética.

El caso de Bolt es un claro ejemplo. Su contextura física es impresionante. A sus 21 años es una masa de fibra de casi dos metros de altura. Es un deportista perfecto para correr rápido. Por sus grandes zancadas y su peso liviano prácticamente vuela sobre la pista.

 
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Historia. A la izquierda, el mítico estadounidense Jesse Owens. Hitler se negó a premiarlo en Berlín 36.
 
Mientras otros atletas dan 44 o 46 pasos para correr los 100 metros, al vertiginoso jamaiquino le bastaron 42 pasos para romper el récord de su compatriota Asafa Powell. Y esto se lo debe a una mezcla de potencia y técnica.

Cuando en 1988 el fornido canadiense Ben Johnson corrió los 100 metros en 9.79 segundos (Olimpiadas de Seúl) e impuso un nuevo récord, el mundo creyó que la competencia se reducía a explosión y fuerza. Luego, al ser despojado Johnson de la medalla de oro olímpica (por consumir estanozonol, sustancia prohibida) los criterios fueron cambiando.

"Por mucho tiempo, entonces, se pensó que todo era explosión y tener un aguante terrible en esos segundos de competencia. Ahora no es así. Más bien, se busca un equilibrio entre explosión, técnica y velocidad", asegura Cusicanqui.

Por ejemplo, el mítico estadounidense Carl Lewis tenía una muy mala partida en los 100 metros, pero aceleraba como nadie luego de los 50 o 60 metros. Eso le bastó para superar a muchos, aunque luego fue obligado a mejorar su deficiente partida.

 
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Jim Hines, también estadounidense. Fue el primer velocista en bajar de los 10 segundos en los 100 metros.
 
Lo que está claro es que los deportistas de raza negra han primado en la carrera de los 100 metros. La razón se conoce: está comprobado que los músculos de los corredores de esa raza se componen de muchas proteínas y casi no tienen grasa. Esas proteínas especiales generan que sus músculos sean pura fibra.

Hoy algunos laboratorios pretenden sintetizar esa proteína para proporcionársela a corredores de otras razas. "Eso sería doping. Pero podría suministrarse por medio de alimentos, y eso sería natural", refiere Cusicanqui.

Otro tema crucial en la obtención de records ha sido la evolución de la indumentaria deportiva. Para la prueba de los 100 metros hoy se utilizan licras de fibra sintética especial que absorben el sudor o lo dejan pasar y protegen al deportista contra los rayos solares.

"Esas prendas no pesan más de 150 gramos. Son ultralivianas", refiere Mario Bazán, atleta peruano. También se recurre a todo lo que permita menos resistencia al aire. "Hace un tiempo se llegaron a usar una gorras con orejeras, tipo Flash", agrega Bazán.

 
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El canadiense Ben Johnson. El doping lo sepultó.
 
El tema de las zapatillas es también fundamental. Ahora se utilizan ‘zapatos de clavos’ aerodinámicos cuya confección otorga ventajas biomecánicas. El calzado de Bolt, por ejemplo, es 150 gramos más liviano que el que usaba Hines. "Ahora los principales velocistas llevan zapatillas que pesan apenas 100 gramos", dice Cusicanqui.

Hace medio siglo eso era un sueño. Y en la época del fantástico Jesse Owens (hizo 10.2 segundos en Berlín 1936 y se decía que corría contra caballos en sus entrenamientos) resultaba impensable. "Owens fue el mejor de la historia. Era un talento puro, sin recursos tecnológicos", admite Cusicanqui. Las propias marcas deportivas más famosas se disputan ahora a los corredores. Bolt usa Puma, Powell corre con Nike y Gay con Adidas.

Hoy cada milímetro de los 100 metros planos se gana con mucho vigor y sacrificio, pero también con alta tecnología de punta. Y la diferencia entre la gloria y la derrota depende de una imperceptible pero decisiva centésima de segundo.

LA GENÉTICA ES CLAVE

El médico deportólogo Jorge Tello –hijo de la ex atleta y campeona nacional, sudamericana y panamericana Julia Sánchez– sostiene que así como el entrenamiento y la preparación son claves en el velocista, también lo es la genética del propio deportista.

"En muchos países del primer mundo deportivo ya les realizan a los niños biopsias musculares. Eso es para saber desde temprada edad la cantidad de fibras rápidas y lentas que llevan en sus músculos", revela Tello.

Incluso el médico afirma que ya se recurre a la ingeniería genética en pro de hallar el mejor atleta: hay países que buscan la unión de dos velocistas de primer nivel para obtener un ser humano con cualidades increíbles en el atletismo.

"Ahora hay suplementos nutricionales que estimulan a las fibras musculares rápidas. Eso no había hace treinta años. Además, se recurre a entrenadores de pesas, volumen, hay cargas de trabajo controladas, pruebas fisiológicas dirigidas, hasta ayuda psicológica", comenta Jorge Tello.

Sin embargo, considera difícil que el ser humano, por más ayuda de la ciencia médica, llegue a correr los 100 metros en 7 u 8 segundos. "Bajar el tiempo en un segundo o más me parece lejano para el hombre", refiere Tello.

 
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