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Jueves, 28 de Agosto 2008
Cine. En la ciudad de Sylvia

Por Federico de Cárdenas

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No vamos a presentar al catalán José Luis Guerín (Barcelona, 1960), de quien en Lima se han visto los documentales Innisfree (1990), su jubiloso retorno al pueblo irlandés donde John Ford filmó El hombre quieto; Tren de sombras (1997), viaje a los faustos y rituales de una familia a través de antiguas home movies; y la muy lograda En construcción (2001), en la que sigue el avance de un edificio de Barcelona. Guerín es hoy uno de los maestros del documental, pero En la ciudad de Sylvia (2007) es un trabajo de ficción, completado por Unas fotos en la ciudad de Sylvia que, lástima, no veremos.

La trama es mínima, casi inexistente: un joven pintor retorna por pocos días a la cosmopolita Estrasburgo. Su intención es reencontrar a Sylvia, una chica que conoció y sin duda amó seis años antes en esa misma ciudad y de la que no tiene noticias desde entonces. Con esta leve historia Guerín orquesta una película que es una fiesta para la vista y el oído y que se articula sobre esa pulsión de mirar que constituye el fundamento mismo del cine y que aquí se convierte –duplicada por su facilidad para el esbozo a carbón– en un dispositivo esencial para el personaje, que cree poder encontrar en cada mujer contemplada una posibilidad de reconocimiento, en una búsqueda que lo lleva de una a otra, incapaz de salir de su contemplación de la belleza femenina que confronta con su memoria de aquella que busca.

Cuando finalmente se decide, Guerín suma a la compulsión de mirar un segundo dispositivo que remonta también a los orígenes del cine: el del seguimiento. El pintor perseguirá largamente a una supuesta Sylvia por las calles del centro histórico de la ciudad, la perderá y recuperará, tomará con ella el tranvía y se atreverá por fin a hablarle, en un único y rohmeriano diálogo que a la vez que disipa equívocos abre posibilidades. Pero, ¿existe Sylvia o acaso es solo una encarnación del ideal amoroso? Es otra posible pista, esbozada por el aspecto y actitud de héroe romántico del protagonista y por aquel obsesivo Laura, je t’aime que figura repetidamente inscrito en los muros de la ciudad y que remite a otro arquetipo de mujer (la Laura amada por Petrarca).

Todas estas pistas son viables en una película que carece casi de diálogos, pero que contiene una de las más elaboradas bandas sonoras de los últimos años, abierta –como las deambulaciones del protagonista– a las leyes del azar, y que recoge unos pasos sobre el empedrado, los fragmentos de conversaciones próximas, la música de unas violinistas, las campanas de la catedral o el deslizarse rutinario de los trolebuses. A la fiesta de la mirada libérrima y amorosa que es su película, Guerín agrega una sinfonía abstracta que toma forma de paisaje sonoro. Y así En la ciudad de Sylvia, con su gusto por la observación y el misterio de personas y lugares –hay algo del flaneur de Baudelaire y del caminante del romanticismo en el protagonista– nos captura con un secreto y poético encanto, siendo a la vez uno de los más elaborados homenajes a la magia del cine que nos haya tocado ver.

Dirección y guión: José Luis Guerín

Fotografía: Natasha Braier

Sonido: ArmandaVillavieja

Interpretación: Xavier Lafitte, Pilar López de Ayala

Premios: Festival de Venecia

Producción: España/Francia, 2007

Duración: 84 minutos

CLOSE UP

Con Yusef Chahin (1926-2008) desaparece un maestro del cine árabe. Formado en California, activo desde 1950, su obra abarca unos 40 largos, entre los cuales Estación central (58), Saladino (63), La tierra (69), su tetralogía dedicada a Alejandría (su ciudad natal), El gorrión (73), La memoria (82), Adiós Bonaparte (85). Muy crítico de los islamistas –sus biopics sobre José (El emigrado, 94) y Averroes (El destino, 97) fueron prohibidos– pero también de la autocracia (El caos, 2007), algo que lo obligó al exilio (en Líbano y Francia), en 1997 recibió la Palma de Oro de Cannes por el conjunto de su obra.

CARTELERA

Aparte de El caballero de la noche (Nolan), Cuatro meses, tres semanas y dos días (Mungiu) y, para niños, Wall-E, no hay nada que recomendar, pues ingresan varias nulidades. Pero la atención cinéfila está puesta en el Festival de Lima, que abre sus puertas el 7 en el CCPUC y los Cineplanet, con una oferta de 80 películas, la mayoría de las cuales solo se verá en esos 8 días.

Esta vez la competencia oficial (21 largos y 9 documentales) luce más sólida que nunca, en especial la selección argentina (Trapero, Alonso, Martel, Cedrón, Fendrik y Carri), pero también pasan cintas imperdibles como Flandres (Dumont), En la ciudad de Sylvia (al lado), las alemanas de Schmidt, Akin y Luthardt y los preestrenos, no todos en el CCPUC.

En cuanto a la retrospectiva Favio, si bien solo Crónica de un niño solo, Nazareno Cruz y el lobo, Soñar soñar y Gatica el mono han llegado en soporte fílmico, las otras cuatro (Romance del Aniceto y la Francisca, El dependiente, Juan Moreyra y Aniceto) están en digital.

 
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