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Por Rocío Silva Santisteban
 Premiados. Reclusos fueron absurdamente discriminados por un centro comercial. premiados. Reclusos fueron absurdamente discriminados por un centro comercial. |
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Me pone un poco nervioso estar ante todas estas cámaras, sobre todo porque la última vez que estuve así, en 1991, yo era el premio, y no el premiado". Con estas palabras comenzó Alberto Gálvez Olaechea su discurso de agradecimiento por el primer premio del Concurso de Cuento Arte y Esperanza 2007, organizado por la Asociación Dignidad Humana y Solidaridad.
Después de todos estos años, el interno del Penal Miguel Castro Castro y ex líder del MRTA salió de su reclusión pero no para ir a un juzgado sino al auditorio de Petroperú y recibir el primer premio por su cuento "El Chato". "Estoy aquí porque quería participar en un homenaje a Hubert Lanssiers", dijo, y agregó: "debo agradecer al Jockey Plaza. Si no fuera por la actitud del centro comercial no hubiéramos descubierto la solidaridad de los medios de comunicación en su conjunto, quienes se han dado cuenta de que los internos somos personas, tenemos derechos y merecemos oportunidades".
El auditorio Ricardo Palma, el más grande de la Feria Internacional del Libro de Lima, que durante los últimos años se está realizando en el C.C. Jockey Plaza, iba a ser el espacio de la ceremonia de premiación el pasado miércoles 30 de julio, a las 5.30 p.m. Pero, "gracias a los directivos del Jockey Plaza", que primero dijeron que no, luego que sí pero con restricciones, y luego en un horario absurdo –antes de que entre el público– la ceremonia se trasladó al auditorio de Petroperú, debido principalmente a la necesidad de que los internos reciban un "trato digno y humano" y no como bárbaros que deben ser acorralados, o envueltos en una burbuja, o separados como especímenes manchados, para no lastimar la impoluta mercantilización del libro.
"Con gran deleite y gran sentido de responsabilidad hemos participado en la selección de estos cuentos", sostuvo la poeta norteamericana Susan Ackerman, "con la intención de arrancarles la luz a los abismos de las prisiones. Porque, de alguna manera, no debemos olvidar que la gran literatura nació en las cárceles". En efecto, el gran libro cumbre de nuestro canon, El Quijote, nació de los ensueños de Miguel de Cervantes en las mazmorras de Argel mientras era prisionero. Tanto la poeta Ackerman como los escritores Rafael Anselmi y Daniel Titinger estuvieron de acuerdo en sostener que el o la lectora del libro no debe tener ni compasión ni conmiseración frente a los cuentos: "no se debe tener frente a ellos una actitud paternalista, sino leerlos como lo que son: literatura", agregó Anselmi.
El segundo premio, obtenido por Juan Alonso Aranda con "Hipopótamos", es un cuento que fue categorizado por Titinger como "extraño, verdaderamente extraño". Ackerman sostuvo que era en realidad un cuento "fantástico", y quizás, lo que se puede definir es que se trata de literatura, simplemente literatura y de la buena. Todos los textos seleccionados, a juicio de Santiago Roncagliolo, miembro del jurado, "demuestran la cantidad de talento de los peruanos encerrados".
Por eso mismo, la absurda decisión de los directivos del Jockey Plaza tratando de dorar la píldora fue en realidad una acelerada a fondo de una retahíla de medidas discriminatorias, que felizmente la ministra de Justicia, Rosario Fernández; el director de Petroperú, César Gutiérrez; y el director del INPE, Leonardo Caparrós, no apoyaron. Muy por el contrario. Por eso mismo, la ceremonia fue de alguna manera un "acto reivindicativo" y un espacio de diversidad y flexibilidad frente a la autoritaria actitud de quienes están pensando en una tolerancia encajonada, aparentemente correcta, pero profundamente falsa. |