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“El Perú es un país de hipocresías"

Luis Nieto, a propósito de su libro El guachimán y otras historias. En relatos decanta las distancias y abismos sociales que existen en la vida peruana.

Pedro Escribano.

 

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En Lima. El escritor Luis Nieto Degregori en la Plaza de Armas de Lima.

 

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Un guachimán roba dinero (para ser feliz) en la empresa a la cual protegía, un hombre tiene dos amantes y ambas se llaman Nino-schka y cada una de ellas busca la felicidad a su modo. Una muchacha puneña niega su origen. En los tres textos de El guachimán y otras historias (Ed. Alfaguara), Luis Nieto recrea las taras (racismo, discriminación) y frustración que existen en la vida peruana. La ascensión social y una sexualidad compensatoria, son temas que animan "La mala conciencia", "Ninoschka" y "El guachimán...", los tres relatos que incluye el libro.

–El guachimán como sujeto social se hizo más visible en una Lima insegura. ¿Una secuela de los años de la violencia?

–Una secuela de los años de violencia y de las fracturas sociales y económicas. Un personaje que gana visibilidad a medida que un sector de nuestra población, el más acomodado, siente necesidad de atrincherarse en calles protegidas por rejas. El guachimán es "El centinela de las noches" como canta "La Sarita".

–Hay dos temas gravitantes. Empecemos por uno: la necesidad de ascender socialmente.

–El ascenso social o, más aún, la necesidad simplemente de conquistar un espacio en una Lima que reúne a gente de todo el Perú, es el fenómeno más importante que ha vivido y está viviendo el Perú en las últimas décadas. Somos un país en el que hasta hace muy poco a casi la mayoría le estaba negada la ciudadanía porque no sabía leer ni escribir. La urgencia de sentirse peruano, de no seguir siendo menos que el resto, de adueñarse de Lima es lo que mueve a los personajes de mi libro.

–En "La mala conciencia", una muchacha puneña niega sus orígenes para ser otra y "ser" feliz.

–Es una muchacha que ha nacido en las alturas, a la orilla de una hermosa laguna, una huallata. Pero ella sabe, lo ha aprendido casi con la leche materna, que en nuestro país el haber nacido en la puna es una carga difícil de sobrellevar, que te cierra todas las puertas y te expone a todas las burlas y en general al desprecio. Por eso, Ester niega sus orígenes y pretende ser lo que no es.

–El guachimán roba veinte mil dólares y la felicidad le dura pocos días. Es apresado.

–El guachimán ha sido choleado y choteado por su propia enamorada. Roba esa suma de dinero para recuperar la dignidad, para sentirse persona por primera vez en su vida y seguramente lo logra. Importa poco que la felicidad le dure poco porque ha podido probar la buena vida, jugar en los casinos, dormir en una buena cama, comprar a una muchacha hermosa. Eso nunca más lo volverá a perder.

– El otro tema es la sexualidad. ¿ La felicidad fugaz en la grisura de estos personajes?

–El sexo en estas historias puede ser una manera de vengarse contra la violencia, como en el caso de Ester en "La mala...", o un modo de recuperar la dignidad como en el caso del guachimán. El sexo es también lo que desnuda a los personajes, lo que les quita las máscaras que se han puesto para moverse en una sociedad con muchas distancias, abismos y muchísima hipocresía.

–Tus temas históricos o sobre la violencia política. ¿Qué te hizo variar a una suerte de picaresca limeña?

En mi primera novela, Cuzco después del amor, incursioné ya en el tema de la sexualidad y los inevitables temas del racismo y el machismo, los grandes males de la sociedad peruana. En este libro retomo estos temas, pero me traslado a Lima, el escenario donde se está jugando nuestro destino como país.

–¿Insistes desde la provincia en el centralismo de Lima?

–El centralismo tiene que ver con la política y la economía. Yo, como escritor, me estoy refiriendo a procesos sociales, a esos procesos sociales que han cambiado el rostro del Perú. El Perú, por fin, empieza a tener rostro cholo y empieza a tener una burguesía chola, con grupos económicos como el de los empresarios puneños de Unicachi o los cusqueños Oviedo, que empezaron con una tienda de abarrotes en Urcos. Falta ahora construir un discurso sobre ese nuevo rostro del Perú y en eso puede ayudar la literatura, una literatura que cuente la épica del Perú emergente.

–Qué importancia le has dado al lenguaje urbano en estos relatos. ¿Lima y su oralidad?

–Fue para mí la parte más difícil de trabajar y con la que más inseguro me siento. En la Lima de hoy hay muchas maneras de hablar de acuerdo a tu origen y tu condición social, muchos sociolectos como dirían los lingüistas. Al escribir no me sentía en capacidad de reflejar bien estos sociolectos así que opté por utilizar esa variedad que se llama castellano peruano para los personajes netamente limeños y esa otra que se llama castellano andino para los migrantes.

–¿Un "andino" invadiendo Las veredas de los "criollos".

–Los cusqueños nos erizamos cuando alguien que no es nacido en la Ciudad Imperial se ocupa del Cusco en el campo que sea, la literatura, la historia, las ciencias sociales. Ahora a mí me ha tocado invadir otros predios, pero me parece que Lima es demasiado importante y lo que se está jugando en ella demasiado decisivo como para dejársela solo a la intelectualidad criolla.

PERFIL

Luis Nieto. Nació en Cusco, 1955. Estudió Literatura en Moscú. Obras. Cuentos: Harta cerveza y harta bala, La joven que subió al cielo, Señores destos reynos. Novelas: Cuzco después del amor y Asesinato en la gran ciudad del Cuzco. Ganó el premio Copé y el César Vallejo de El Comercio.


Guamán Poma en una novela

–¿Qué libro estás escribiendo actualmente?

–En este tiempo me estoy documentado para ficcionar un episodio de la vida de Guamán Poma, su enfrentamiento con el cronista Martín de Murúa, al que acusa de ser un fraile mercenario y de haberle querido robar a la mujer.

–¿Cómo y hasta dónde llegó la rivalidad entre Felipe Guamán Poma y Martín de Murúa?

–La relación entre estos dos personajes ha sido estudiada por investigadores como Juan Ossio y Raquel Chang–Rodríguez. Fray Martín de Murúa al parecer contrató a Guamán Poma como dibujante para ilustrar su crónica y seguramente el cronista indio aprendió el oficio de dibujar con este fraile mercedario. Sobre ese pasaje dirijo mi mirada. Ficcionar la difícil relación de ambos puede ser una manera de reflexionar sobre las diferencias de dos discursos históricos, el de los vencedores y el de los vencidos.

 
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