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Jaque perpetuo. Trabajo de campo

Javier Ágreda.

La escritora Matilde Gamarra afirma no pertenecer a ninguna generación poética, aunque afectivamente está ligada a la del 60, pues fue esposa del poeta Reynaldo Naranjo y amiga de César Calvo y otros autores de esa generación. A pesar de ello, sus dos primeros poemarios fueron publicados recién a finales de los 90: Las luces apagadas (1997) y 1991 y otros años (1999). A esos libros se suma ahora Trabajo de campo (Editorial El río, 2008), un amplio conjunto de poemas en los que la autora recrea líricamente diversas facetas de su vida.

El poemario está dividido en cuatro secciones, aquí denominadas "recorridos". En la inicial, "Primer recorrido. Melancólico esquizoidal", se reúnen los recuerdos de infancia: el circo, las fiestas infantiles ("gelatina globos sorpresas torta / con velitas multicolores felices"), las mascotas y especialmente las personas del entorno hogareño: madre, hermanos, abuelo. Sin contar episodios específicos de su pasado, la autora va creando atmósferas a través de la acumulación de objetos y detalles vistos desde la perspectiva de la niña que ella fue: "Es la hora del té en la mesa grande / y yo debajo ordeno mis tacitas".

En estos primeros textos ya se hacen evidentes algunas de las constantes formales del libro, como son el lenguaje sencillo, los versos y estrofas breves, y los recursos retóricos más ligados a la tradición. Opciones plenamente justificadas en la primera sección, pero que limitan un tanto los textos de las siguientes. En "Segundo recorrido. Neurótico mórbidus", que ocupa más de la mitad del libro, los poemas se vuelven bastante tópicos, especialmente cuando el tema es el erotismo, el amor perdido o el amado distante. Pero cuando la poeta reflexiona sobre el paso del tiempo y la muerte, logra algunas de las mejores páginas del libro.

Las dos últimas secciones son "Tercer recorrido. Otras formas del compromiso" y "Cuarto recorrido. Jocus X ludus". Son poemas diferentes. Apreciaciones personales sobre temas diversos y que alcanzan su punto culminante en las estrofas sinceras y juiciosas de "Decires", el texto final del libro, que remite a las Canciones de Antonio Machado. El referente explica que Gamarra se defina a sí misma como una poeta "marginal y a contratiempo", del mismo modo que Enrique López Albújar se calificaba de "retaguardista". Por eso, Trabajo de campo es un libro que definitivamente no está dirigido a los lectores especializados, ávidos de virtuosismos poéticos o nuevas modas literarias.

 
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