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Alberto Fuguet. “Ya superé la etapa de querer ser grande"

• Escritor chileno, invitado de la FIL de Lima, presentó apuntes autistas y Road story. ya no sueña con ser superestrella, se siente cómodo siendo del medio

Pedro Escribano.

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Confesiones. El escritor chileno Alberto Fuguet en el hall de su hotel en Lima. Vive enamorado de nuestra ciudad. (Foto: Percy Ramírez)
 
 
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Mellizos. Apuntes autistas y Road Story, las dos obras con las que llegó a la Feria Internacional del Libro de Lima.
 
Alberto Fuguet ha vuelto una vez más a Lima. Quizá entre los jóvenes escritores latinoamericanos, Fuguet es uno de lo que conocen nuestra ciudad mucho antes de poner un pie en ella. Y más que pies, en realidad –literalmente–puso los ojos, pues el autor de Tinta roja ha confesado que recorrió Lima leyendo las páginas de los libros de relatos y novelas de Mario Vargas Llosa.

Precisamente, en Apuntes autistas, uno de los libros que presentó en el marco de la Feria Internacional del Libro de Lima –el otro es la novela gráfica Road Story–, el escritor chileno recuerda ese tour limeño que realizó a través de Los cachorros y La ciudad y los perros.

Recordamos que en una de las veces que visitó Lima en los años 90, Alberto hizo ese tour a pie, en Miraflores. Pero también llegó al Centro Histórico, ancló en el Múnich, oteó el Queirolo, bordeó Caylloma –alimentaba atmósfera para Tinta roja–, llegó al Cordano y aterrizó, de noche, en nuestra redacción. Y luego, como enamorado de Lima, prosiguió una carta de navegación nocturna y secreta.

Después ha vuelto a esta ciudad y siempre con un hijo bajo el brazo, es decir, un libro, aunque esta vez ha venido con mellizos: Apuntes autistas y Road Story (Ed. Aguilar y Alfaguara, respectivamente).

Apuntes autistas es casi un libro de confesiones, de recuerdos, de sus quehaceres, en el cine y en la literatura. Un libro de testimonios que se lee también como un libro de relatos.

–En tu libro recoges un poco los rastros, trozos, de Fuguet. ¿Quejas y contentamientos?

–Me gusta la palabra rastros. Eso es Apuntes autistas. Trozos, fragmentos que dan cuenta de logros, fracasos, sueños. Sí, es como una autobiografía en clave, como tú bien dices, en trozos. Es un libro fronterizo.

–¿Qué intencionalidad tiene el libro? ¿Hacerte una especie de memoria, de registro?

–Cada vez tengo menos claro por qué hago las cosas. Antes, me imagino, era escribir una novela, publicarla y que le fuera bien. Este libro, que es otra cosa, me encanta, y es justamente por eso, porque no tengo claro el motivo por el que lo hice, ni me importa. Me gustó tener la libertad de hacerlo, la libertad de que lo publiquen y que no sea una novela, que no sean cuentos, y sin embargo yo creo que se puede leer también como todas esas cosas. Como digo, es un libro fronterizo. Y si no les gusta, no me importa. Yo ya superé la etapa de querer ser grande y me siento muy, muy cómodo de ser del medio.

–Sin embargo, es un libro estructurado.

–Sí, sí, claro, tampoco está hecho en el baño de un avión (risas).

–En la primera parte, hay testimonios del cinépata o de la "cinesífilis" de Fuguet.

–"Cinesífilis", eso decía Andrés Caicedo. Sí, confesiones. Un amigo un día me dijo que me estaba contando algo secreto y que se sentía mejor tras confesármelo, como que se lo había sacado. Yo creo que también uno al escribir saca cosas para afuera o articula una nebulosa. Creo que este libro era justamente una exploración para que a mí mismo me quedara claro lo que quiero ser. Sí, el cine es parte de mi vida, la literatura también. Por otro lado, siento que las cosas que no son necesariamente ficción también son material literario. Creo que uno va haciendo algo raro, autista, pero eso también sirve para comunicarse con la gente. Los diarios, las cartas, las memorias, no solo funcionan para uno, sino también con otros.

–Eso te ocurrió también con Cortos, un libro de acumulación de pulsiones.

–Yo me veo más, no sabemos lo que va a pasar, pero yo me veo más pulsando. Yo me veo más por el camino de Cortos que el de Tinta Roja.

–En la primera parte cuentas tus diez minutos de gloria con Woody Allen.

–Bueno, es mejor cinco que nada ¿no? Mira, hay gente que me dice "soy fan tuyo", yo digo "gracias", pero me da un poco de vergüenza. Yo quería un libro que me demostrara que yo también soy fan y groupie de mucha gente y creo que no hay que avergonzarse de eso. Como ves, este libro recoge de todo.

–¿Recoge de todo? ¿Se acaba la cantera de ficción?

–No, pero creo que la literatura también puede estar contaminada con la no ficción, con la crónica, con el cine. No me siento que estoy seco para nada, pero yo mismo ya no estoy leyendo tanta novela, creo que se están moviendo otras cosas, no solo yo, sino con mucha otra gente más (señala su novela gráfica Road Story). Pero también nos podemos ver escribiendo una novela convencional, aunque espero que no sea tan convencional.

–Después de Corto, ¿qué viene?

–No sé, yo espero que me salga algo, ahora si no me sale, tampoco quiero sentirme fracasado. Pero yo creo que sí ya hay cosas que no pueden ocurrir, por ejemplo, una novela de 700 páginas, hay veces en que eso es casi una falta de respeto al lector, al editor, al precio y a todo. Yo creo que hay novelas estupendas, como Conversación en la catedral, ya se hizo y se hizo muy bien. Creo que ahora hay que hacerla, pero hacerla de otra manera y no con esa cantidad de páginas.

–En tu libro hay críticas... pobre Isabel Allende.

–Pobre de qué ¿en cuanto a sus cuentas bancarias? No, si ella más bien tiene cuentas bancarias abultadas.

–Pobre en el sentido de las saetas que le diriges.

–Mira yo he desarrollado en ese libro muchas saetas. Yo creo que yo soy más pobre que Isabel Allende. Creo que cuando uno tiene ese grado de fama o no fama y tienes la suerte de publicar, sobre todo en una editorial más o menos grande, o puedes tener el derecho de viajar a Lima y estar contigo, me parece que todo es válido. Si tú te expones, tienes derecho a que la gente opine. A mí me gustaría comprobarlo y que todo el mundo me amara, que todo el mundo dijera cosas buenas de mí, pero no lo puedo hacer, y tampoco creo que me gustaría porque sería una suerte de fascismo. Yo hago todo esto y no vale llorar.

–El lector y su derecho a la crítica.

–Cuando tú pasas a ser, no solo un escritor, sino una superestrella y tienes derecho a exigir cosas muy increíbles, como andar en aviones privados, tienes derecho también a no reclamar cuando te tiren saetas, como dices tú, sobre todo cuando, pienso yo, a lo mejor me equivoco, ella es más que todo ahora alguien que es una fábrica de salchichas, digamos, es por eso que toma pocos riesgos.

–Sin embargo tu reconoces que Paula es su mejor libro.

-Sí, remarcando que tampoco la ataco tanto, y sí Paula es más que La casa de los espíritus. Y no se trata tampoco de ser infantil y que no me gusta y por eso odio a Pedro Escribano. No, yo medí toda su obra y quería saber también cuál era mi pensamiento y ahora lo tengo mucho más claro: ella me parece más una escritora americana que latinoamericana.


Autobiografía de A. Caicedo

–Críticas. ¿No temes equivocarte?

–Uno tiene derecho a opinar y la opinión es subjetiva y puede ser equivocada. Yo creo que la crítica de los diarios, de academia o de cosas más sofisticadas, también es subjetiva. A la larga tampoco, porque tú lo opines en contra de un autor no lo vas a arruinar, porque tú no tienes tanto poder y él tampoco es tan débil.

–Cuentas que al lado de Rodrigo Fresán, que lo ha leído todo, te sentías mal.

–Ah, sí. Fresán es un genio y yo no lo soy. Pero ya lo superé. No todos todos podemos ser genio. Si ingreso a una librería con él, puedo aprovechar que me recomiende cosas. Al principio era traumante, pero ahora...¡mejor!, tengo un guía.

–¿Y qué escribes ahora?

–Escribo un libro muy extraño en el que yo declaro, por escrito que hice la labor de dirección y montaje. Dirigido, montado por Alberto Fuguet. Es una "autobiografía" de Andrés Caicedo y se titula Mi cuerpo es una celda.

 
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