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Se reunieron en Lima para conocer sus vivencias. Pocos medios los atendieron. La República sí lo hizo.
María Elena Castillo.
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 Vidas. Colombiana Ana Leaño, Gladis Tello y guatemalteco Benjamín Manuel. (Foto: Eduardo Cavero)
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Medio centenar de víctimas y familiares de afectados por la violencia interna del Perú, Colombia y Guatemala se reunió en Lima con el propósito de compartir sus experiencias: desde el horror que sintieron cuando se violaron sus derechos hasta el largo proceso que los está llevando camino hacia la reconciliación.
Desde el primer día se dieron cuenta de lo parecido que son sus historias. Los relatos sobre detenciones, desapariciones, torturas y ejecuciones extrajudiciales. Solo cambiaban de nombres, lugares y fechas. Se dieron cuenta de que comparten también una terca e indesmayable necesidad de verdad, justicia y reconciliación.
ENTRE DOS FUEGOS
"Triste fue nuestra vida porque estuvimos entre dos fuegos. Por un lado los terroristas, por otro lado los militares y policías. Ahora sé que no solo nos pasó a nosotros. Ahora sé que no estamos solos en nuestra búsqueda por la verdad y la paz", dijo Gladis Tello Merino, de la Coordinadora Nacional de Víctimas de la Violencia de Apurímac.
En 1982, la policía detuvo a su hermano de 17 años que estudiaba en Abancay, a quien torturaron y acusaron de terrorista. Y cuatro años después, los subversivos asesinaron a sus tíos y primos en la comunidad de Toraya. Entonces ella y su familia tuvieron que salir dejando todas sus pertenencias.
CON AYUDA PSICOLÓGICA
Pasó años recordando con angustia aquellos momentos: sobresaltos en la noche, sollozos incontrolables, temor inmanejable, la invadían cada cierto tiempo. Ahora está mucho más tranquila porque –con ayuda psicológica– está logrando dominar sus miedos, pero además hay importantes avances hacia la reparación de las víctimas con programas de salud mental y la elaboración de un registro único de víctimas de Apurímac.
ESPERANZA A FUTURO
Ana María Leaño es una joven dirigente estudiantil que tuvo que huir de la ciudad de Cúcuta, en el norte de Santander, Colombia. La persiguieron por defender la educación pública, y detuvieron, torturaron y asesinaron al padre de su hijo mayor, también estudiante.
"Oír las experiencias de Guatemala y Perú nos ayudan mucho, pero es muy difícil el proceso de cerrar las heridas porque en Colombia el conflicto armado todavía continúa y muchas veces las fuerzas del orden son responsables de la violación de derechos humanos. Pero nuestra lucha, poder explicarle a la sociedad lo que pasó, todo eso hace que recuperemos la dignidad', enfatiza.
Sostuvo que si bien es doloroso saber que en varios países de América Latina se violaron los derechos humanos, es alentador ver los ejemplos de Perú y Guatemala, en los que se empieza a hallar justicia, lo que sin duda los llevará a la paz.
PRECISIONES
Disculpas. El 17 de julio de 1982 una patrulla militar asesinó a 268 pobladores, en el caserío Plan de Sánchez, en Guatemala. 23 años después, y tras un fallo de la CIDH, el gobierno de ese país pidió disculpas a los sobrevivientes.
Pidió. "Fue importante para nosotros, el vicepresidente llegó a nuestra comunidad y pidió perdón por lo que hicieron los militares", dijo Benjamín Manuel, uno de los 20 sobrevivientes. |