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Jaque perpetuo. Ian McEwan en Chesil beach

Javier Ágreda

El escritor Ian McEwan (Aldershot, 1948) pertenece a la brillante generación de novelistas británicos que incluye a Martin Amis, Julian Barnes, Hanif Kureshi y Kazuo Ishiguro. Es autor de una docena de libros de narrativa, entre los que destacan las novelas Amsterdam (1998, Premio Booker) y Expiación (2001). Cambiando de registro, la más reciente novela de McEwan es Chesil beach (Anagrama, 2008), un melodrama breve e intenso cuya versión fílmica estará a cargo del español Almodóvar.

Ambientada en Inglaterra en 1962, la novela cuenta los sucesos de la noche de bodas de una pareja de jóvenes, Edward y Florence. A pesar de las diferencias sociales, todo parece marchar bien entre los dos: la pareja se ama y comparte el proyecto de una sólida familia con hijos. Pero a medida que avanza la noche, que pasan en la suite de un hotel del balneario de Chesil Beach (frente al Canal de la Mancha), Florence se muestra cada vez más inquieta y angustiada. Su profunda aversión a todo lo relacionado con el sexo, sumada a la torpeza y prejuicios de Edward, hacen de esa primera noche una agobiante prueba.

McEwan cuenta esta historia a la manera antigua, apelando a un narrador externo a la ficción, el que se permite algunos atisbos a los pensamientos y emociones de los protagonistas, e incluso comenta los sucesos desde la libertad sexual y apertura propia de inicios del siglo XXI. Un recurso manejado con mesura y que se complementa con descripciones detalladas. Los recorridos por el pasado de Edward y Florence (especialmente las relaciones con sus respectivos padres) o los pormenores de sus oficios (él es historiador, ella violinista) son evocados con una prosa sobria y precisa.

El tema es, por supuesto, la forma en que hasta hace poco era tratado todo lo relacionado con el sexo, incluidos el matrimonio, el amor y hasta la familia. Pero McEwan no se queda en el retrato de época, pues buena parte de esos problemas han existido siempre y subsisten todavía hoy. Así lo indica el símbolo de la playa de Chesil: "la exuberancia sensual y tropical de la vegetación" asentada en suelos pertenecientes a diferentes estratos geológicos. Detalles que demuestran la manera en que se desarrolla este drama intimista, sin caer en excesos (hay datos importantes apenas insinuados) y conjugando armoniosamente los elementos psicológicos, históricos, sociales y literarios. Una excelente novela.

 
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