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Palos de ciego. La que pudo haber sido |
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Maritza Espinoza
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Nunca hubo una auténtica señal de que Lady Bardales tuviera algo con Alejandro Toledo (ella era escolta de Elaine Karp, en realidad), pero la idea de un presidente con amante casi cama adentro era demasiado tentadora como para desperdiciarla por un detalle tan insignificante. Los programas periodísticos exprimieron el tema, relacionando viajes, gestos mínimos y signos de riqueza con el supuesto romance extramatrimonial, algo inverosímil tratándose de alguien tan sometido a su cónyuge como el cholo de Harvard. Luego, vinieron las parodias que la catapultaron como personaje del star system cholo.
Y fue así como la chiclayana saltó a la notoriedad cuando nada en su currículum (vitae) auguraba esa posibilidad. Ella lo sabía, pues no se explica de otro modo que aceptara desfilar cubierta de transparencias en un pacharacoso desfile de modas. Los flashes le llovían no por su mediana foja de servicios policial ni por su belleza ídem. Despertaba interés porque era la chica que el presidente podía haberse levantado y ella lo disfrutaba, aun sabiendo que ni siquiera ese mínimo requisito cumplía.
Al verla el miércoles rodeada de decenas de periodistas, uno no podía menos que sonreír: Lady Bardales es la exaltación de la nada, un personaje de una comedia de equivocaciones que, de no ser por la voracidad de la prensa, seguiría haciendo guardia cada tarde en Palacio. No hay noticia en ella. Nunca la hubo. Nosotros la inventamos, como a tantos otros, y ahora le exigimos ser alguien. ¿De dónde? |