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¿Quiénes fueron los personajes a los que el ex asesor presidencial atacó en la audiencia del lunes y por qué motivos lo hizo?
Ángel Páez.
Había preparado un guión con la expresa finalidad de desacreditar a sus acusadores y descalificar a los testigos que han declarado en su contra o se aprestan a hacerlo ante el tribunal. Durante su presentación Vladimiro Montesinos no mencionó nombres al azar, sino a personas que son potencialmente dañinas para su defensa y la de Alberto Fujimori.
Pretendió derrumbar al fiscal José Peláez Bardales cuando este incursionó en el pantanoso pasado del ex asesor como abogado de narcos.
"Es un mito, una leyenda negra. Lo desmiento tajantemente", respondió Montesinos, y añadió que, en todo caso, no es delito asesorar a traficantes porque hasta el hermano del fiscal, Edmundo Peláez Bardales, representó al mafioso panameño Boris Foguel.
Sin embargo, los expedientes judiciales indican que Montesinos, efectivamente, fue abogado del narcotraficante colombiano Jaime Tamayo Tamayo, de la peruana Carmen Valdez Fonseca y del capo del cartel de Medellín, Evaristo Porras Ardila.
En reciente entrevista con La República (17/6/08), el traficante Lucio Tijero Guzmán confirmó la relación entre Montesinos y Porras porque fue testigo presencial.
Montesinos también defendió al comandante EP (r) Jorge Whittembury Rebaza, quien el 26 de agosto de 1976, cuando era jefe de Relaciones Públicas del Ejército, fue sorprendido en el departamento del narco Alfonso Rivera Llorente, donde se halló harto contrabando.
El 19 de abril de 1978, Whittembury compareció ante el Segundo Tribunal Correccional para responder por la acusación de tráfico de drogas y contrabando. Lo hizo acompañado de su abogado Vladimiro Montesinos, a quien conoció en la prisión militar del cuartel Simón Bolívar, cuando este purgaba condena por haber viajado a Washington sin autorización. Para que no haya duda, consignamos la foto.
PASADO EN CLARO
Este y otros antecedentes de la conducta delictiva de Montesinos fueron acreditados en un informe por el jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), coronel Rafael Córdova Rivera, que elevó al presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, almirante Alfonso Panizo, quien a su vez se lo entregó al electo mandatario Fujimori para advertirle sobre su asesor.
En la audiencia, Montesinos dijo que el documento era apócrifo porque Córdova así lo había declarado en un proceso judicial. Y para demostrar que tenía bajo su control al ex jefe del SIE, afirmó que por su intermediación Rafael Córdova fue nombrado jefe de los espías peruanos en Ecuador, una información reservada que reveló sin mayor empacho.
También desprestigió a Francisco Loayza Galván, quien ha declarado que Fujimori reclutó a Montesinos a sabiendas de los antecedentes delictivos de este –o por eso mismo–.
El ex asesor pintó a Loayza como un vulgar burócrata que jefaturaba una mesa de partes, y que estaba en desgracia cuando decidió ayudarlo para que trabajara en el equipo de Fujimori. Montesinos sigue creyendo ser un genio del recontraespionaje.
CLAVES
Aclare. El fiscal Avelino Guillén, otro blanco del ex asesor, negó que haya archivado una investigación sobre "chuponeo".
Ventilador. Montesinos relacionó con el espionaje telefónico a los generales EP (r) Roberto Chiabra y Marciano Rengifo, para hacer creer que lo sabe todo.
Otras víctimas de las mentiras
Otras de las afirmaciones delirantes de Vladimiro Montesinos es haber reducido a la categoría de analista de medios de comunicación a su ex entrañable colaborador Rafael Merino Bartet. El ex asesor subestimó su importancia porque le afecta hondamente que Merino haya entregado a las autoridades los archivos de todos los documentos que Montesinos le ordenó redactar, desde resoluciones judiciales y fiscales, tanto de los fueros común como castrense, hasta discursos de la cúpula militar, todos relacionados a operaciones de encubrimiento de la matanza de La Cantuta.
El ex asesor también ridiculizó el papel del ex primer vicepresidente Máximo San Román, próximo testigo clave y quien advirtió a Fujimori de la conducta de Montesinos. San Román es testigo del surgimiento del pacto entre este y Fujimori.
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