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Mirko Lauer.
La perspectiva de un corso de Wong bajo administración chilena se ha vuelto un socorrido tema de discusión pre-Fiestas Patrias. En la medida que el corso es una buena idea corporativa pero no un símbolo patrio, no debería haber mayor problema. Lo más probable es que hasta los dragones chinos, evocadores de las máscaras puneñas, sigan.
La idea de lo peruano en los espacios paralelos de lo cultural y lo comercial anda más zarandeada que nunca. En la era de la globalización el patriotismo, al menos el epidérmico, es un buen argumento de ventas. Las grandes transnacionales no le hacen ascos al tema. El discurso de algunas cervezas es un buen ejemplo.
La transnacional sudafricana SAPMiller nos ofrece la "cerveza de los peruanos", vago eco del "sabor nacional" de Inca Kola, hoy parte del universo Coca-Cola. Ahora las cosas pueden ser peruanas, o "de los peruanos" aun si la fábrica es de propiedad extranjera. El corso de Wong puede muy bien sumarse a esa indeterminación publicitaria.
Este fin de semana The New York Times entrevista a una banda de franceses y estadounidenses dedicados a tocar música chicha en un bar de Brooklyn. El nombre del conjunto lo dice casi todo: Chicha libre. De inmediato uno piensa en La orquesta de la luz, el extraordinario combo tropical formado por japoneses enamorados de la salsa.
Una tarea de lo peruano en este nuevo siglo es hacerse un lugar en el mundo. Lo que en la jerga de los negocios se llamaría imponer una marca, o las muchas marcas de lo peruano. Pero mientras aquí se promueve, afuera se copia, y aquello que nos parece de una peruanidad intransferible de pronto deviene un tesoro universal.
Ha sucedido con aquello que era típico y que hoy se reproduce eficazmente fronteras afuera y cuya identidad peruana empieza a descoserse por los bordes. Como los auquénidos, ciertas formas artesanales, la música andina, o algunos platos peruanos que empiezan a ser fusionados en el hemisferio norte hasta hacerse casi inidentificables.
¿Dónde queda el patriotismo en el remolino de los intercambios internacionales? Quedamos mejor parados con un patriotismo de los intereses, y no con un patriotismo de los signos exteriores. ¿Alguna empresa de peruanos al 100% está dispuesta a organizar un corso similar o a sumarse al esfuerzo de Wong, y así "peruanizarlo" un poco más?
Acaso no es casual que un corso así se le haya ocurrido a una familia de inmigrantes chinos. Quizá empresarios de origen puneño hubieran propuesto algo más espectacular, como la Fiesta de la virgen de la Candelaria. Una coreografía que probablemente ya está siendo danzada por mistis de toda nacionalidad en ciudades del hemisferio norte. |