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Mirko Lauer.
Hay indicios de que en efecto algunos ministros están desapareciendo. Sus perfiles se están desdibujando. Sus contornos se están volviendo borrosos. En sus declaraciones la especialización los devora. Pareciera que la cautela (debemos suponer que de eso se trata) se los está llevando en peso, no se sabe bien hacia dónde.
Quizás no es una mala noticia, y sin saberlo ya estamos ante funcionarios públicos de tipo suizo, que cultivan el bajo perfil para aplicarse mejor a sus tareas. Es cierto que se trata de un gabinete que ha trabajado duro en estos dos años. Pero uno pensaría que eso es motivo de mayor presencia, no al contrario.
Pero hay problemas. Algunos ministros están muy cuestionados por el público, y eso los limita a aparecer solo cuando hay alguna buena noticia. Otros han visto su papel erosionado por la pujanza de los intereses privados en expansión. Otros están en el camino del avance presidencial, y todo el día tienen que apartarse.
Son diversos motivos, pero una norma clara: esta es la temporada de decir poco y muy al grano. Desde que el secretario general del Apra les reprochó ser un lastre de la aprobación a Alan García, hace pocas semanas, casi todos los ministros han perdido la brújula, o más bien se la han guardado hasta mejores tiempos.
Pues si el ministro rebaja su perfil, está contribuyendo al desconocimiento de las buenas obras en su sector, y en consecuencia a la ingratitud de los encuestados. Pero si eleva su perfil, va a chocar con el activismo de casco calado del Presidente de la República. No se puede aparecer de golpe, entonces mejor desaparecer de a pocos.
No olvidemos, además, que este es un gobierno de minoría, y algunos ministros tienen miedo cerval de ser llamados al Congreso. Convierten a los congresistas más cargosos en sus patas del alma, correctamente convencidos de que la primera tarea de un ministro duradero es no hacerle problemas a su presidente.
Así, los únicos ministros que pueden existir en serio son aquellos cuya función está vinculada a la saga de García: atraer inversiones de fuera, la política exterior, resolver problemas internos. Esto comprende no más de media docena de carteras. Los demás tienen que bailar, o más bien planchar, con su propio pañuelo.
¿Las culpas son de las personas o de los sectores? Hay de las dos cosas. Hay los que ya están bien cansados, como suele decirse. Hay los que se han quedado sin nada que hacer y se resisten a darse por aludidos. Luego hay quienes ocupan ministerios que nunca debieron existir. Escoja usted al ministro que más imperceptible le parece. |