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Ex miembro de la CVR, analista político, antiguo dirigente del PUM y de la Izquierda Unida, Carlos Tapia mantiene su vínculo político con Ollanta Humala a pesar de haber discrepado de él abiertamente a raíz de la condena que la clase política lanzó contra Aprodeh. En la siguiente entrevista habla del MRTA, de la importancia de los desentierros en Los Cabitos, y de cómo su relación con el líder nacionalista le cerró muchas puertas y acabó con no pocas amistades.
Por Enrique Patriau
Fotos: Melissa Merino
–¿Sigue siendo el vocero oficial de Ollanta Humala?
–No, ya no lo soy. Sí lo apoyo y me identifico con su proyecto. Claro, no soy un militante del Partido Nacionalista (PN) porque a mis años ya no estoy para comités distritales o provinciales, pero sí hago política, y alguna vez Ollanta me escucha.
–Imagino que usted no tiene la misma posición que él sobre el caso Aprodeh y el MRTA.
–No, no…
–Humala se plegó a las críticas contra Aprodeh.
–Eso es verdad, cosa que no avalo. Yo hubiera tenido una posición distinta.
–La bancada nacionalista también se plegó al Apra y al fujimorismo.
–No lo niego, pero ahora existe el acuerdo de votar en contra de las cacerías de brujas a las ONGs que defienden derechos humanos. Eso no quita que Aprodeh se equivocó, no tanto por el texto de la carta que envió, que no tiene nada de anormal, sino porque nadie le pidió esa carta. Eso me parece un poco imprudente, un exceso de ‘figuretismo’ que ha generado todos los problemas que ya conocemos.
–¿Qué hubiera dicho usted en el lugar de Aprodeh?
–Yo hubiera respondido algo muy similar a lo de Aprodeh. El tema no es el contenido de la carta, sino la oportunidad de enviarla en estos momentos.
–¿Hubiera dicho que no vale la pena incluir al MRTA en ninguna lista de organizaciones terroristas porque ya no se manifiesta desde hace una década?
–Sí, claro. Y ojo, la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) dice eso, que el final del MRTA vino después de la toma de la residencia del embajador japonés. Pero con la ofensiva autoritaria que hay en el país también hubiese previsto que esa carta iba a ser interesadamente utilizada.
–Los organismos de derechos humanos se desmarcaron rápidamente de Aprodeh.
–Sí, de ser miembro de la Coordinadora de Derechos Humanos, yo hubiera hecho una defensa más consecuente de Aprodeh, más solidaria.
–¿Se puede afirmar que el MRTA ya no existe?
–Si tú eres un grupo insurgente alzado en armas, no puedes estar diez años sin cometer acciones pues.
–¿Y qué pasa si estamos frente a un periodo de reagrupación, de acumulación de fuerzas? Es lo que mucha gente teme?
–¿Y bajo esa lógica no deberían entrar también a la lista de organizaciones terroristas el comando Rodrigo Franco o el grupo Colina? ¿O es que no hay terrorismo de Estado? ¿Quién no te asegura que en un tiempo se reactive un nuevo Colina? ¿Quién?
–Colina está desactivado. Del MRTA, en cambio, se presume que sea un peligro latente.
–No tengo la menor duda de que la próxima semana van a aparecer pintas del MRTA en algún lugar. Te apuesto doble contra sencillo.
–¿Cree que el gobierno haría pintas para infundir temor?
–Puede ser. O quizás las haga un emerretista suelto por ahí, que al ver todo este bolondrón piense: ah, caracho, todavía somos importantes. Mientras casi nadie ha dicho palabra sobre las decenas de cadáveres hallados en el cuartel Los Cabitos, seguimos con Aprodeh y el MRTA en un escenario de ofensiva autoritaria gubernamental.
–¿Siente un clima macartista, manifiestamente represivo?
–Hay una serie de hechos: intervención de Fuerzas Armadas en zonas no declaradas de emergencia, leyes que permiten el uso indiscriminado de armas por parte de la Policía y del Ejército, los detenidos que viajaron a Quito y no se les ha probado nada. Creo que hay una preocupación del APRA, frente al problema irresuelto de la desigualdad social, por garantizarles a los inversionistas extranjeros que hay estabilidad política en el país.
¿MRTA LEGAL?
–En los ochenta, sectores de izquierda no condenaron a tiempo al terrorismo. Hoy se sigue cargando ese estigma y por eso la carta de Aprodeh ha resultado contraproducente.
–Hacia 1980, cuando Sendero Luminoso y el MRTA inician sus acciones, la izquierda, en su gran mayoría, es verdad, señalaba que el camino de la lucha armada era el adecuado para tomar el poder. ¿Y sabes quién también? En su primer gobierno Alan García recibió en Palacio a una delegación del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. Había una visión extendida de las cosas. Pero ahora hay gente del MRTA que tiene una visión autocrítica muy consecuente.
–¿Estaría de acuerdo con que el MRTA se convierta en un partido político legal?
–Perfecto. Mira, ahí no tengo ninguna duda. En el contexto de la lucha antisubversiva un grave error que se comete en el Perú es pretender aniquilar al adversario armado y, rendido o desarmado, perseguirlo. Eso provoca la reacción. En cambio, la verdadera pacificación pasa porque la voluntad de tomar las armas decrezca y que la voluntad de integrarse a la vida política aumente.
–¿Qué tendría que pasar para que algo así ocurra?
 Humala. Tapia cree que sigue siendo el único candidato de la izquierda. |
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–Debería garantizarse el respeto a la Constitución, a las leyes democráticas. Tendrán el uno por ciento, seguro, pero ten en cuenta lo siguiente: la política cierra los espacios de la guerra. Y acá pareciera que los grupos de poder quisieran lo contrario. Porque detrás de ese discurso de ‘resurge el terrorismo’ están Fujimori, Montesinos y esos militares causantes de miles de desaparecidos, como vemos en Los Cabitos.
LOS AMIGOS QUE PERDÍ
–¿Todavía tiene futuro político Ollanta Humala?
–Él tiene una cualidad: la de generar afecto en los sectores de la población más excluida, y eso es muy importante para un liderazgo político. No es un orador brillante…
–Tampoco un intelectual…
–Por eso te digo. ¿Qué cualidad tiene entonces? Que es capaz de generar afecto.
–¿Puede repetir lo del 2006?
–Eso es irrepetible. Puede ganar el 2011, sí, pero el escenario va a cambiar. Los sectores más poderosos ya están advertidos y Humala debe asumir una táctica mucho más inclusiva, más abierta para incorporar sectores medios, industriales…
–¿Menos clasista también?
–Claro, aunque eso correspondía al momento. Nosotros creemos que Ollanta sigue siendo una apuesta principal para los sectores menos favorecidos.
–Usted llevaba una carrera intelectual muy respetable. Apoyar a Humala supongo que le hizo pasar algunos momentos complicados.
–Sí, sí. Mi decisión de apoyar a Ollanta supuso asumir riesgos, pero los asumí. Yo escribía en diarios, trabajaba en el Instituto de Derechos Humanos de la PUCP, tenía un programa con la cooperación técnica alemana (risas)…
–¿Y por qué se ríe?
–Porque, bueno, pasó lo que pasó y entonces ya no pude continuar en la Católica, se cerró el programa de la cooperación técnica alemana y muchos de mis amigos me decían: "Eres un apestado, ¿qué estás haciendo con tu prestigio?" Hasta en la misma CVR, los otros seis comisionados ya ni me invitaban a los almuerzos de camaradería.
–Y en retrospectiva, ¿valió la pena su decisión?
–Yo voté por Ollanta porque esta formalidad democrática que tenemos no sirve para resolver el problema de los excluidos. Además, aceptó que las recomendaciones de la CVR se incluyeran en su programa de gobierno. Yo entonces me dije: "ah no, acá la peleo". Y ya ves la pelea que fue.
–¿Perdió amigos?
–Los he recuperado, a los verdaderos amigos.
–Sí dejó amigos en el camino entonces.
–Bueno sí, a aquellos que no pusieron a la amistad por delante de las diferencias políticas.
–¿Y siente que perdió prestigio intelectual?
–Sí, sí, creo que para muchas personas he aparecido no solamente como un apestado, sino como alguien que no merecía intervenir en ciertos círculos.
–¿Es Humala el único futuro que le queda a la izquierda en el país?
–El pueblo izquierdista no votó por Javier Diez Cancaso ni por Susana Villarán, ni por Alberto Moreno. ¿Por qué? Porque no generaron credibilidad entre los sectores excluidos. Y en política, la confianza es clave. La izquierda necesita generar un movimiento aglutinador…
–¿Detrás de Ollanta?
–Yo creo que él es el candidato.
LA POLÍTICA, LOS HIJOS Y LA REVOLUCIÓN
 Reconciliado. Su inesperado apoyo al entonces candidato presidencial Ollanta Humala le cerró muchas puertas. Hoy, asegura, se están volviendo a abrir. |
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–¿Cuántos años como político?
–45 años.
–La política marcó su vida. ¿Fue lo más importante?
–Sí, es verdad, lo más importante. Y dejé de lado algunas otras cosas.
–¿De qué tipo?
–Familares. A veces no presté toda la atención que debía a la familia, a los hijos.
–¿Cuántos hijos tiene?
–Cinco hijos, de dos compromisos.
Me llevo muy bien con ellos, pero es verdad que el tiempo que
no les das en su momento…
–Después pasa factura.
–Es totalmente cierto. Es por eso que si me llama mi último hijo de 15 años, corro a verlo inmediatamente.
–¿Y si en ese momento también lo llama Ollanta?
–¡Que espere! No quiero cometer el mismo error de antes. Yo he llegado al punto de dejar de trabajar siete años por la política. Viajaba por todo el Perú.
–Y todo por la revolución.
–Todo por la revolución. |