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Perú puritano

Por Mirko Lauer

El caso de Johanna Nakano Bustíos, la reina que podría perder su corona por calatearse ante cámaras cuando era plebeya, es escandaloso por la pacatería que revela en el municipio de Chiclayo. Así como la alcaldesa de Lima Anita Fernandini pasará a la historia por perseguir vedettes, Roberto Torres el alcalde de la ciudad de la amistad será recordado por haber querido arrancharle la corona a Johanna.

El argumento de Nakano para no rendir la corona tampoco es muy liberal: dice que aparece en la parte vestida del video colgado de Youtube pero que la que se desviste no es ella. Si el argumento fuera verosímil no estaría siendo invitada a todos los programas picantes de la TV. En todo caso un peritaje (en dulce) puede resolver esa parte del asunto.

Aquí la parte inquietante es que la desnudez sea alegato para descoronar a una reina. Si fuera el caso de que hay un contrato previo a la coronación que exige un pasado limpio de calatería pública, entonces es inquietante que exista ese tipo de cláusula. Si la primera dama de Francia puede jactarse de un pasado de calatería y modelaje, ¿por qué entre nosotros Miss Chiclayo no puede?

Torres ha destituido (sic) a Nakano, como si en Chiclayo las reinas de belleza fueran funcionarias municipales por definición y posar desnudo fuera un acto censurable. ¿Está la alcaldía chiclayana dedicada a organizar concurso de belleza? ¿O simplemente un Torres más turbado de lo que debería está usurpando las funciones del jurado? ¿Eso no desdora un poco su propia corona de alcalde?

Todo esto sucede cuando a más de un político local le da por calatearse para una foto. Por lo menos todo lo que un político está dispuesto a calatearse en público. Además una visita al video de Nakano revela que la reina está más para posar ante los alumnos de Bellas Artes, que para cimbrar el caderamen. Ni la sombra de esa gran calatista nisei de los años 50, Midori Nagashiro.

El feo gesto de Torres ha servido para recordarnos que hay un Perú puritano que parecía muerto gracias a la revolución sexual, pero que en verdad goza (si esa es la palabra) de buena salud. El gesto de Nakano no es mucho más bonito: en lugar de negar su presencia en el video, debería producir con ánimo saludable uno nuevo para que el mundo sepa hasta dónde llega la amistad en Chiclayo.

Por último lo que ha logrado Torres es que Johanna Nakano sea reina de Chiclayo para siempre. Sin duda la que más recordaremos los peruanos. Esto siempre y cuando la mitad calatera del video sea efectivamente suya. En cuanto a Torres, será el Fernandini chiclayano. ¿Se dejaría filmar calato si eso le garantizara la reelección? Las apuestas ya están corriendo.

 
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