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Por Nilton Torres
Jesse James fue el más famoso bandolero del viejo oeste norteamericano, al que las masas elevaron a la categoría de ídolo, y del que se han escrito libros, canciones, y se hicieron películas, acrecentando su leyenda como ladrón de bancos y héroe de la guerra civil estadounidense. Su memoria siempre se vincula a la de aquellos forajidos románticos y en ese sentido han ido la mayoría de filmes. En esta ocasión el realizador australiano Andrew Dominik, se encarga de contar la vida de James a partir de los entretelones de su asesinato por parte de uno de sus compinches, un hombre llamado Robert Ford, y al que la historia califica de cobarde. El asesinato de Jesse James no se regodea en la leyenda sino más bien muestra la relación entre James y sus seguidores, pero sobre todo en cómo Ford, a quien se le muestra como un tipo de poco talante y hasta cobarde, empieza siendo un ferviente admirador de su jefe, para luego detestar y envidiar lo que él representaba, que terminó por urdir un plan para asesinarlo, cobrar la recompensa que se ofrecía, y luego intentar hacer una carrera en el espectáculo, dramatizando precisamente el asesinato del bandido. Aunque el resultado para Ford fue nefasto, ya que en vez de ganarse las simpatías del pueblo, se convirtió en un apestado y en símbolo de la traición. Dominik hace un retrato bastante exhaustivo y detallista no solo de James, sino principalmente de Ford, y en ese sentido la cinta pudo llamarse "La historia de Robert Ford, el cobarde asesino de Jasse James", pero imaginamos que por cuestión de marketing no se hizo. Y es que la película a pesar de contar con el astro Brad Pitt interpretando a un Jesse James más mortal que divino, se concentra en Ford, quien es personificado por Cassey Affleck – hermano de Ben Affleck–, un joven actor que demuestra un inmenso talento para la interpretación de un personaje difícil y lleno de aristas. Y en él es que recae el peso del filme, el cual hace ostentación de una fotografía preciosista y una narración contemplativa hasta el hartazgo, que si hubiese estado mejor dosificada– 160 minutos son excesivos– hubiese sido más contundente. Ojo, aquí no hay indios y vaqueros, sino un drama intenso. No se vaya a confundir. |