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Deslindes. Un campus agredido

Manuel Burga.

Manuel Vicente Villarán (1922-23) fue el primer rector de San Marcos que promovió la propuesta de un campus universitario para salir de los viejos claustros jesuitas de la Casona e ir a un lugar de integración y de encuentro de los diversos sectores sociales que asisten a esta universidad. El gobierno de Leguía cedió extensos terrenos en Santa Beatriz para San Marcos y las Escuelas de Ingeniería y Agricultura, con la esperanza, como en México, de que aprendieran a vivir juntas y formaran una sola universidad. Pero la propuesta de Villarán, en los dos casos, no tuvo éxito, y hubo que esperar el primer rectorado de Luis Alberto Sánchez (1946-48) para hablar de nuevo de este proyecto, ya no en Santa Beatriz, sino expropiando los fundos Concha y Aramburú.

Es así que la UNMSM recibirá su campus actual, de 69 hectáreas, el 12 de mayo de 1951, al cumplir 400 años de existencia institucional. Lo recibió de manos del coronel Juan Mendoza Rodríguez, Ministro de Educación del general Odría. Se asignaba así a San Marcos un terreno baldío, sin ningún trabajo de urbanización, ni instalaciones de agua, ni desagüe. Ha sido una labor casi titánica mantener los servicios públicos operativos en este Campus. Más aún cuando siempre se hablaba del ensanchamiento de las avenidas circundantes al Campus, Universitaria, Venezuela y Amézaga. En 1992, a través de un acuerdo de la Asamblea Universitaria, San Marcos cedió a la Municipalidad de Lima 11,000 m² para ensanchar el tramo IV de la avenida Universitaria. El proyecto se encarpetó, luego se desempolvó para replantearlo e incluir una oreja vial y elevar la demanda a 24,000 m², pero ahora, ya en plena construcción, encontramos que el área expropiada se eleva a más de 28,000 m².

Una obra de esta magnitud necesitaba una doble discusión. Técnica, de parte de los equipos de infraestructura de San Marcos y de EMAPE, y otra política, de las autoridades, tanto de la universidad como del Concejo municipal. Había que partir de la premisa de que esta obra es de necesidad pública, urgente para mejorar la circulación vehicular en esta zona. Pero había, al mismo tiempo, que dejar que los equipos técnicos de San Marcos analicen el proyecto de EMAPE y aun lo sometan a la consulta de expertos, para evaluar el impacto, tanto vehicular como humano, para las 22,000 personas que frecuentan el Campus diariamente. Igualmente, evaluar lo que este recorte de 28 mil metros cuadrados representa para San Marcos, que perderá así su ruta perimetral interna, gran parte de sus áreas verdes y acercará las avenidas a los salones de clase. ¿No se podía evitar un recorte tan drástico? ¿No se podía evitar la Oreja vial? ¿Por qué hacer lo más fácil, más económico y aún más primitivo, sin ninguna conciencia ecológica, ni de respeto a las instituciones o al peatón?

Una vez superados los problemas técnicos, había que proceder a definir los términos de reposición y compensación que exige esta obra. Todo lo que se tiene que demoler hay que reponerlo: sea el cerco perimétrico, las entradas principales y secundarias, algunas oficinas y sobre todo la pista perimetral sin la cual el Campus quedará desarticulado. En segundo lugar hay que definir los términos de compensación por lo que San Marcos pierde definitivamente 2.8 hectáreas, una tajada enorme. Cómo valorizar una pérdida que representa un atentado contra la integridad de un Campus universitario. Es una obra que definitivamente quita oxígeno a una comunidad universitaria numerosa y aumenta la polución sonora. Entonces, ¿cómo se puede compensar esta pérdida?

Finalmente, no creo que al alcalde Castañeda le importó definir estos términos de reposición y compensación. Ni tampoco el complejo impacto, ni el caos y desorden que actualmente ha originado. Las pruebas de este desinterés son las siguientes: a) Se han festinado los trámites de aprobación de esta obra en San Marcos y el alcalde Castañeda, y su gente, lo sabe muy bien; b) El Alcalde ha sacado como espada de Damocles la deuda tributaria que tiene San Marcos con la Municipalidad por la aplicación de la Constitución de 1993, lo que no me parece ni moral, ni justo; c) Se habla de dar en uso el Parque Universitario a San Marcos, lo cual suena a chiste y aun a burla; y d) No hay ninguna programación constructiva que contemple el calendario anual de actividades académicas de esta universidad.

Todo esto se hubiera podido superar fácilmente, pero el alcalde ha preferido el caballazo, y ahora todos enfrentamos en San Marcos una obra vial sin los debidos estudios técnicos y sin términos de reposición y compensación adecuados. ¿Por qué los órganos de gobierno tanto de la Municipalidad como de San Marcos, donde hay autoridades, docentes y estudiantes, lo han permitido?

 
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