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Cinco años necesitó Mario Vargas LLosa para convertir una anécdota londinense en una historia que sobre el escenario del Teatro Británico confronta identidad e intimidad.
Por Nilton Torres Varillas
Foto: Melissa Merino
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"¡¡Ese rosquete!!", exclama exaltado el imponente y poderoso empresario Chispas Bellatín, recordando un nefasto episodio de su juventud, cuando su mejor amigo y compinche de miraflorinas andanzas, Pirulo Saavedra, intentó darle un beso, no de amigo sino de amante, en las duchas del Club Regatas. Un recuerdo que lo inflama, lo sulfura, aunque después de treinta y cinco años reconozca que echa de menos a aquel que con un puñetazo castigó por tremenda mariconada.Frente a él, una mujer que dice ser la hermana del amigo, Raquel, se le ha presentado subrepticiamente. Ella parece conocer cada detalle de su vida y poco a poco empieza a arrinconarlo a tal punto que Chispas no sabe si lo que está viviendo es una ilusión, o si esa mujer es un fantasma de su pasado, o incluso el amigo perdido transformado en lo que siempre quiso ser. Total, está en Londres, en una de las elegantes suites del Savoy y al pie del Támesis, franja de agua que parece catalizar sus más oscuros recuerdos y secretos, confrontando incluso su propia identidad y cordura.
El reconocido director y dramaturgo Luis Peirano dice que los temas de la identidad y la sexualidad son enfrentados en el teatro contemporáneo de manera sui generis, rompiendo con el realismo y lanzándose a imaginar situaciones en las que la intimidad está presente en muchas formas.
"Un tema difícil de tratar y proclive a generar escándalo, y por eso hemos sido cuidadosos en exponer una historia de este tipo sin afán militante ni proselitista, sino más bien intercalando la ficción y la realidad, mostrando cómo una y otra se alimentan, confunden, rechazan y complementan en cada destino individual", dice Peirano, quien dirige "Al pie del Támesis", pieza teatral escrita por Mario Vargas Llosa, y que, según ha contado el propio autor, se inspira en un hecho real, cuando su amigo el escritor Guillermo Cabrera Infante le contó sobre su encuentro londinense con un viejo amigo, un poeta venezolano que se le apareció en la puerta de su casa, tras mucho tiempo de no verse, convertido en una señora.
Durante cinco años Vargas Llosa estuvo escribiendo y reescribiendo la obra, hasta que por fin los primeros días de enero de este año, el texto final llegó a las manos de Peirano, quien convocó a Alberto Isola y Bertha Pancorvo, dos grandes actores, de diferente formación, para que les pongan piel a los personajes.
PASIÓN DE UN SOLO ACTO
Durante una hora y veinte minutos, un único acto, Isola y Pancorvo componen un contrapunto dramático, intenso y verosímil a pesar de lo etérea y surrealista que por momentos es la obra. "Los actores han sufrido mucho, debo confesarlo, porque hemos andado y desandado, hemos apuntado varias posibilidades, variamos mucho el texto, hemos buscado juntos", dice Peirano, quien no tuvo reparos en permitir la participación del propio Vargas Llosa en ese proceso de llevar el texto a la escena.
"Lo más estimulante de haber hecho esta obra es poder mantener atento al espectador y darle de qué hablar y de qué discutir. Algunos sentirán que la obra es mojigata, otros que es transgresora, pero precisamente el teatro enfrenta y provoca en la medida que busca una respuesta del público, y este puede responder como quiera. Lo interesante es alterarlo, removerlo", dice Peirano, cuya obra, auguramos, removerá a más de uno.
FICHA
Director: Luis Peirano
Autor: Mario Vargas Llosa
Horario: De jueves a lunes a las 8 pm.
Lugar: Teatro Británico (Bellavista 527, Miraflores)
Hasta el 19 de mayo. |