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Constantino Carvallo.
Educar tarda. Esa es la experiencia que tiene cualquiera que haya, como padre, como madre, como maestra, como abuelo, como lo que sea, tenido a su cargo la formación de otro ser humano. Tarda demasiado. Somos una especie que requiere para desarrollarse de largos años de una dependencia afectiva e intelectual y que tiene una necesidad insustituible de recibir una influencia ajena amorosa, firme y constante. Y de fines y valores permanentemente manifestados en los cuidados y en los actos de quienes nos educan y nos dan por ello motivos para vivir y para agradecer.
Lo mismo la patria. Deben recibir los futuros ciudadanos durante años una educación prolongada que mantiene siempre el mismo norte y que persevera en el esfuerzo por enseñar y por dar un destino común a la nación. De eso se encarga, oficialmente, el Ministerio de Educación.
Sin embargo los gobiernos cambian y también, aunque se sientan eternos, los ministros. Y, en el Perú, a cada cambio presidencial y muchas veces con cada modificación del encargado de la cartera, se detiene lo avanzado, se modifican las reglas de juego, los objetivos y hasta el propio lenguaje cambia. Esta falta de continuidad, de perseverancia en lo mismo y hacia lo mismo, resulta fatal para la formación de los peruanos. Demasiado vaivén, demasiada inseguridad, mucho bamboleo.
Por eso tiene sentido un Consejo Nacional de Educación que se ubique sobre la política menor y que sirva, con un Proyecto Educativo Nacional, de faro orientador y de vigilante ante los cambios errados de timón. Que sea el garante, ante la sociedad, de la permanencia de los fines últimos y de la coherencia entre esos fines y las acciones del sector.
Por eso ha hecho bien el ministro Antonio Chang en nombrar rápidamente un nuevo Consejo integrado por personalidades notables y por excelentes consejeros que al mantenerse en el cargo ayudarán a lograr esa esencial continuidad. Lo que resulta inusitado (al límite de lo increíble) es que envíe un proyecto al Congreso para ser él (el ministro) quien presida este órgano necesariamente autónomo y situado más allá de los cambios de gobierno y de las contingencias de la política.
Y debe de estar muy mal aconsejado o alguien redacta peor sus intenciones para que en el artículo cuarto afirma que los consejeros "actúan colegiadamente y ejercen sus funciones con plena autonomía y están prohibidos de actuar individualmente". Así dice su propuesta. PROHIBIDOS. Aunque usted no lo crea. ¿O sí?
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