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La violación de una cadete de la FAP en su centro de formación es un hecho gravísimo que debería movilizar a la opinión pública. El presunto autor fue ascendido a teniente. Y el caso provoca más indignación debido a la indolencia de los uniformados que debieron salir en defensa de la joven agredida, según reclaman los padres de la agraviada.
Por Nilton Torres
Fotos: Melissa Merino
Diana Bazán Hidalgo soñaba con ser militar. Sus padres, Javier y Marlene, asumían que la inquietud de su hija respondía más a un sentimiento de admiración adolescente que a una vocación profesional. Y es que Diana había crecido rodeada de familiares –un abuelo y varios tíos– que llevaban, o habían lucido, uniformes de las fuerzas armadas y policiales.
"Papá, ¿qué es lo que hace un oficial?", le preguntó Diana a su padre pocos meses después de terminar la secundaria. La explicación que le dio Javier fue suficiente. Diana le dijo luego que ella quería ser oficial de la Fuerza Aérea del Perú.
Javier decidió apoyar a su hija. Le puso un profesor de atletismo y otro de natación. Diana necesitaba acondicionamiento físico, pero también una preparación académica especial si quería pasar las pruebas de admisión. Un día de marzo del 2007 Diana regresó a casa con la mejor noticia de su vida: había sido admitida en la Escuela de Oficiales de la FAP. La alegría fue inmensa y compartida. Entonces ella tenía 17 años.
El primer año tuvo que afrontar problemas de salud que la alejaron de la escuela por unos días. Fue un año muy duro, de sacrificios, esfuerzos y retos alcanzados. Finalmente Diana culminó su periodo de instrucción con calificaciones satisfactorias.
El día que debía ser uno de los más tranquilos en la escuela, pues a la mañana siguiente se iría de vacaciones, se convirtió en el más violento y traumático de su vida.
La madrugada del sábado 15 de diciembre, mientras Diana se encontraba descansando después de haber cumplido con su guardia en el Módulo A de la Escuela de Oficiales, fue atacada, según su testimonio, por el entonces alférez FAP Jesús Américo Ferreyra Gala, quien la sujetó y la violó contranatura.
Javier Bazán está indignado. Cuenta que desde entonces su hija está sumida en constantes estados depresivos. Y su estabilidad psicológica se tornó aún más precaria a raíz de lo que le esperaba luego, en la escuela de instrucción.
"El 3 de febrero, cuando Diana regresó a la escuela, fue hostilizada y reiteradamente insultada por otros cadetes. Tuvo que ser internada en el hospital de la FAP. Lo que hizo ese sujeto ha destrozado la vida de mi hija. Ella quiere volver a la escuela, pero sabemos que su voluntad no es lo suficientemente fuerte como para superar lo ocurrido", afirma Javier Bazán.
El fin de semana pasado, Marlene, la madre de Diana, decidió hacer pública la violación de su hija. Estaba cansada, dice, de la indiferencia del alto mando de la Fuerza Aérea del Perú. No podía quedarse más tiempo callada al descubrir que la investigación administrativa contra Ferreyra Gala no había derivado en una sanción ejemplar. Javier Bazán, el padre de Diana, exige justicia, en tanto que el caso recién empieza a ser investigado por la 34 Fiscalía Provincial Penal de Lima.
CRÓNICA DE UNA VIOLACIÓN
 Dignidad. Marlene Hidalgo no descansará hasta que se haga justicia. |
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Sentado en la banca de un parque de Surco, Javier Bazán detalla los hechos que rodean la violación que, ha denunciado, sufrió su hija.
Diana Bazán Hidalgo refiere que el viernes 14 de diciembre fue designada como cadete de servicio en el Módulo A, un edificio de tres pisos que sirve de alojamiento para los oficiales. Aquel día de fin de curso hubo salida general, y la escuela estaba prácticamente vacía, salvo por la presencia de los cadetes y oficiales de servicio. Según refiere Diana, el alférez Ferreyra se acercó hasta su puesto y le preguntó quiénes serían sus relevos y qué había hecho el fin de semana pasado. Luego le pidió prestada su computadora portátil. Diana se sentía incómoda con la presencia de Ferreyra. No era la primera vez que se sentía acosada por este sujeto. Tal como se consigna en su manifestación ante la Comisión de Investigaciones Ad Hoc de Oficiales Subalternos de la FAP, Ferreyra llevaba meses molestándola con cualquier pretexto.
"Mi hija ha narrado en su manifestación que incluso tuvo que pedirle a un cadete de apellido León, que se quedara cerca de ella ya que desconfiaba de Ferreyra. Este se percató del detalle y envió al cadete a comprarle cigarros. Diana incluso pidió ayuda a un capitán y a un comandante que pasaron cerca, pero estos no hicieron nada", dice Bazán. Ferreyra se retiró del puesto de Diana a las 6.30 de la tarde.
El turno transcurrió sin contratiempos. La cadete continuó con su guardia, pasó rancho y a las 11.45 de la noche fue relevada por otro cadete. Diana se dirigió entonces al cuarto de servicio ubicado a un lado del ingreso al Módulo A y se durmió. Fue poco antes de que amanezca cuando sintió que unas manos la aferraban fuertemente a la cama, reconoció de inmediato a Ferreyra Gala, olía a licor. El alférez la atacó.
"Diana ha contado que ese hombre la amenazó para que no lo denuncie. Le advirtió que tenía influencias en la FAP y que nadie le creería. Luego le juró que no la volvería a molestar, siempre y cuando ella mantenga silencio", afirma el padre de Diana.
Una hora después Diana estaba envuelta en una crisis nerviosa. Solo atinó a contar lo sucedido a dos de sus compañeras cadetes. Ellas denunciaron la violación a una oficial superior. La cadete Bazán se retiró aquel día de la escuela y no fue hasta el lunes 17 de diciembre que informó oficialmente de los hechos.
Javier Bazán recuerda que ese día recibieron una llamada de la FAP, requerían su presencia."Una vez en la escuela fuimos informados de lo que había pasado. Solicitamos una constancia de la denuncia. Nos entregaron un documento que consignaba el informe de Diana acusando al alférez Ferreyra de actos inadecuados en su agravio, mas no una violación". Horas después, ya de noche, Diana y sus padres presentaron una denuncia ante la 28 Fiscalía Provincial Penal de Lima y pasaron por el médico legista. El examen confirmó que la cadete había sido víctima de una violación contranatura.
Desde entonces Javier y Marlene han tenido que lidiar no solo con los estados depresivos de su hija, sino con el trámite judicial que los llevó a cambiar la denuncia de la 28 Fiscalía a la 34 Fiscalía Provincial Penal de Lima, en donde actualmente se ve la causa. Pero lo más desconcertante y doloroso para Diana y sus padres fue la investigación a la que fue sometida la cadete por una comisión designada por la FAP para ver su caso. Se preguntó a otros cadetes y oficiales cuál había sido el comportamiento de Diana Bazán, antes y después de los hechos denunciados.
"Les han preguntado a más de cuarenta cadetes si mi hija se reía o no, si estaba contenta o triste, cómo caminaba, si lloraba o no. Como si los cadetes fueran psicólogos, como buscando contradicciones para poner en duda la denuncia. Me deja mal ese falso espíritu de cuerpo que se quiere imponer a jóvenes en formación", se queja Javier Bazán.
HECHOS INUSUALES
La familia de Diana Bazán llama la atención sobre una serie de sucesos inusuales, omisiones y negligencias que abonaron en la actuación impune del violador.
"El agresor gozaba del privilegio de tener una habitación de soltero en el Módulo A, lo que es irregular ya que se supone que los oficiales de escuela deben alojarse en el Casino de Oficiales, es decir, fuera de la escuela de oficiales. Los partes de la FAP señalan que Ferreyra, acompañado por un capitán, ingresó a la escuela a las cinco de la mañana, como si se tratara de un hotel al que estos oficiales pueden llegar a cualquier hora, e incluso en estado etílico", refiere Javier Bazán.
Después de varias semanas con tratamiento psicológico, Diana retornó a la escuela el 3 de febrero. Allí, sin embargo, solo duró dos días. Al tercero ella llamó a sus padres y les pidió que la sacaran. El 6 de febrero Javier y su esposa se acercaron a la escuela. Les informaron que Diana había solicitado su baja. Bazán exigió documentos que lo corroboren, le mostraron unos sin numeración ni cargo, en los que Diana, de puño y letra, señalaba el hostigamiento del que era víctima por parte de sus compañeros, y pedía compresión debido a su estado emocional.
Cuando Javier le preguntó a su hija si era cierto lo de su pedido de baja, la joven dijo que no, que ella quería seguir en actividad. Un comandante de apellido Guerra la observaba con el ceño fruncido. Se ordenó entonces que pase por una evaluación médica de emergencia en el hospital de la FAP. Allí se determinó su internamiento. El 7 de febrero llegó a su habitación en el hospital una carta notarial para que ratifique sus solicitudes de baja. Diana contestó que no.
Han pasado casi tres meses de lo ocurrido y aún no se determina la sanción disciplinaria administrativa que se impondrá al teniente Ferreyra. El viernes 29 de febrero Diana Bazán fue dada de alta del hospital de la FAP. Todavía tiene 30 días de descanso.
"Lo que pedimos es la separación del teniente Ferreyra de la institución. Ese sujeto es un violador, un cobarde y no merece llevar el uniforme de la Fuerza Aérea, debe estar en la cárcel", dice Javier Bazán. "En más de una ocasión he tenido que contener mi ira. Soy su padre y a veces, ante tanta indiferencia, me dan ganan de hacer justicia con mis propias manos, pero me contengo. Diana es una joven de dieciocho años a la que le están truncando un brillante futuro militar. No sé si finalmente mi hija tendrá las fuerzas suficientes para volver a la escuela. Por eso solicito apoyo para que recobre la confianza en sí misma. Todavía espero que la institución se haga responsable por lo ocurrido y la apoye. Eso es también lo que más ha exigido mi hija, el respaldo de su institución para seguir adelante". Javier Bazán aprieta los puños, espera que tanto la justicia militar como el Poder Judicial hagan que Diana recobre la confianza en el uniforme y en una institución, la FAP, a la que tanto ha querido entregar.
VOY A LUCHAR POR MI HIJA
Marlene Hidalgo hace grandes esfuerzos para no sucumbir ante el dolor que significa ver a su hija sufriendo por la agresión padecida. Con energía, ella dice que durante dos meses y medio confió en una institución que le prometió celeridad y ayuda ante lo ocurrido, pero al no ver mayores avances, decidió hacer pública la agresión sufrida por la cadete. "Cuando mi hija ingresó a la escuela de oficiales, la Fuerza Aérea se comprometía a velar por la integridad de mi hija, y mire lo que le ha pasado. ¿Qué puedo pensar ahora?, ¿Cómo puedo confiar?". La señora Marlene dice que en nombre de la dignidad y el honor de su hija, ella va a luchar hasta lograr que se haga justicia. "Primero, que le den de baja a ese sujeto, y luego que la justicia lo condene a prisión por lo que ha hecho. "Una chica íntegra, con valores, como es Diana, no merece lo que le está pasando. Las lágrimas de mi hija no se van a quedar así. Tengo mucha indignación, mucho coraje", dice Marlene, y agrega con todo el orgullo del mundo que la Fuerza Aérea está perdiendo a quien hubiese sido una excelente cadete, y mucho mejor oficial. "Va a depender de Diana si vuelve o no a la escuela. Pero yo no quisiera que regrese al lugar donde no la supieron proteger y defender. Pero va a depender de ella", afirma.
A LA FAP NO LE TEMBLARÁ LA MANO
 Deslinde. General Seabra: la FAP sí apoya a la cadete Bazán. |
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El general Pedro Seabra, director de la Escuela de Oficiales de la FAP, asegura que la institución ha actuado con celeridad con respecto al caso que involucra a la cadete Bazán y que, apenas se informó el hecho (el 17 de diciembre), se procedió a constituir una comisión ad hoc que ha determinado que se forme un Consejo de Investigación de Oficiales Subalternos, el que debe dar a conocer a finales de este mes cuál es su decisión en relación con el caso. Acompañado por el coronel Henry Pérez, sub director de la EOFAP, y el coronel Félix Geng, director de la dirección de asesoría jurídica de la FAP, el general Seabra asegura que se trata de un hecho aislado y niega que exista un espíritu de cuerpo que trate de encubrir al teniente denunciado. "Nosotros siempre hemos estado en contacto con la familia, hemos enviado lo investigado a la Fiscalía, a la Defensoría del Pueblo. Ese ha sido nuestro apoyo", afirma. "Como padre entiendo la rabia de la madre de la cadete, pero no es verdad que no hayamos hecho nada", agrega. A su turno el coronel Geng dice que al comando no le va a temblar la mano si es que la junta investigadora determina una sanción por falta grave. "En la Fuerza Aérea se ha dado de baja a generales por medida disciplinaria. Que no quede duda que se procederá conforme a la ley", dice el oficial. Finalmente el general Seabra dice que las puertas de la escuela siguen abiertas para la cadete Bazán, para cuando ella se sienta lista de regresar. "De ser ese el caso, ella será un ejemplo de entereza y dignidad para las demás cadetes, y la apoyaremos en todo", afirma.
LA DEFENSA DEL ACUSADO
Según la ficha del Reniec, el teniente FAP Jesús Américo Ferreyra Gala nació en Ica en 1982. Hasta mediados del año pasado estuvo prestando servicios en el Grupo Aéreo Número 11, en Talara, pero fue destacado a la Escuela de Oficiales en Lima. En su manifestación sobre los hechos, según refiere Javier Bazán, el teniente Ferreyra dice que el 15 de diciembre, efectivamente llegó a la EOFAP, a las cinco de la mañana. Lo acompañaba un capitán apellidado Salinas, que también se alojaba en el Módulo A. Ferreyra señala que al llegar a la puerta y no distinguir ninguna presencia, entró al dormitorio del servicio a ver quién estaba, no obstante que, según lo manifestado por la cadete Bazán, él ya sabía que era ella la que estaba de guardia aquella noche. Ferreyra precisa en su informe que al ingresar a la habitación encontró a Diana, se acercó a ella y la abrazó, la besó, y fue correspondido, y que a petición de él se fueron a su habitación. Esto también ha sido negado por Diana en su manifestación, señalando que él la forzó en ese mismo lugar y que a pesar de su defensa, el teniente, de metro ochenta de estatura, la logró doblegar. |