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Correa: ¿qué está transportando en esa mochila?

Mirko Lauer.

¿Es decisiva para el futuro de las FARC la muerte de Raúl Reyes? En sí misma probablemente no, puesto que las FARC tienen dirigencia, recursos, cuadros y masa críticas suficientes para resistir un golpe así. Pero a la vez el golpe sufrido es sintomático de que las FARC de hoy no son las de hace casi 10 años, cuando empezó el Plan Colombia.

Que Reyes estuviera instalado en territorio ecuatoriano es indicio suficiente de que las FARC dependen cada vez más de santuarios territoriales provistos por algunos gobiernos amigos. Que Hugo Chávez quiera canjear la etiqueta de terroristas por la de beligerantes es otro indicio de que las FARC precisan ayuda de donde puedan recibirla.

Que Bogotá se saltó a la garrocha la norma internacional es muy probable. ¿Cómo llamar las ostensibles simpatías o neutralidades de gobiernos de la región frente al enemigo más serio del Estado colombiano? El intento de redefinir el significado de la palabra terrorismo, o simplemente enterrarlo, es evidente.

Rafael Correa ha emprendido su gira con la idea de que meterse a territorio ajeno es una infracción grande y de que entrar en tratos con las FARC (humanitarios, inmobiliarios, o de cualquier otro tipo) es una infracción menor. En verdad Correa no reconoce infracción de su parte, y más bien se maneja con la satisfacción del deber cumplido.

El solo hecho de que esté buscando arrinconar a Colombia en lugar de apresurarse a buscar un arreglo sobre la base de una común postura anti-FARC ya tiene un cierto olor a geopolítica chavista en la región andina. Es cierto que Colombia ha sido un vecino incómodo en estos años, pero siempre por la presencia del narcotráfico y las FARC.

La versión de que la gira es para buscar amables componedores no es muy convincente pues es Correa, y no un improbable cónclave de presidentes, quien tiene en sus manos la solución a lo que ha sucedido. Lo más que va a lograr es una suerte de club de países con sentimientos de que tienen alguna frontera amenazada.

En todo caso, cuando Correa vuelva a Quito las FARC van a seguir allí, de los dos lados de la frontera. ¿Qué piensa hacer? Mantener la bronca con Colombia puede ser leído por el mundo como un tácito mensaje pro-Chávez y pro-FARC. Un arreglo con Colombia debería suponer una mano menos de trapo frente a los invasores permanentes de su territorio: FARC y narcos.

Si la idea es una nueva declaración a favor de la soberanía geográfica de los países, pues bien. Pero se podría aprovechar para hacer también una declaración conjunta que condene el apoyo abierto a (o la discreta vista gorda frente a) la subversión armada y el terrorismo contra gobiernos constitucionales de repúblicas hermanas.

 
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