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Mirko Lauer
La muerte del N°2 de las FARC en Ecuador este fin de semana casi equivale al descubrimiento de un eje militar Quito-FARC-Caracas, todavía de baja intensidad. Hugo Chávez ha tratado el hecho como un revés militar propio y ha movilizado tropas hacia la frontera con Colombia. De paso ha hecho un reconocimiento tácito de que también él podría estar alojando fuerzas FARC en Venezuela.
La agencia Reuters informa que Colombia ha capturado documentos donde el ministro del Interior ecuatoriano y el N°2 de las FARC mantuvieron contactos para "discutir propuestas políticas y proyectos en la frontera". Quito lo niega todo, pero que Raúl Reyes haya estado instalado en un bunker Ecuador adentro es elocuente, y dentro de ello confirmatorio, en sí mismo.
Lo que sale a la luz es prácticamente un cerco militar al Estado colombiano, con las FARC como punta de lanza. De este modo los intentos chavistas de concederle nivel de fuerza beligerante a lo que se conoce como un grupo narcoterrorista, y la feria de rehenes puesta en marcha por Chávez, empiezan a parecer un poco sutil intento de "cambio de régimen" en Colombia.
Hace pocos meses Chávez denunció que los EEUU tenían intenciones de invadir Venezuela a través de Colombia. ¿Era una alusión a una próxima cacería colombiana de dirigentes FARC con santuario político-militar en países vecinos? Lo concreto es que ahora es Chávez quien amenaza a Bogotá con el envío de aviones y tropas. En el contexto viene a ser la oblicua defensa de unas FARC arrinconadas.
Para Álvaro Uribe esta es una enorme victoria. No solo se ha deshecho del N°2 de las FARC (para todo fin práctico el N°1, dada la situación de Tirofijo Marulanda), sino que ha puesto en evidencia la naturaleza transfronteriza de los problemas del Estado colombiano. Ahora la doble etiqueta de narco y terrorista por contagio se podría aplicar a los actuales regímenes ecuatoriano y venezolano.
¿Qué va a pasar ahora? Todo depende de cuán importantes sean para las FARC sus santuarios en países vecinos, y qué capacidad tenga Colombia para sellar esas fronteras. También es clave hasta dónde puede llegar Chávez en su empeño por convertir a Bolívar en un Napoleón III, que se salvó de sus problemas internos buscando rencillas afuera, hasta que en la batalla de Sedán le interrumpieron el cha-cha-chá.
Una declaración de las FARC afirmando su presencia en la frontera (léase el territorio) de Perú, hecha hace poco más de una semana, aconseja poner las barbas en remojo. No es solo la droga la que oscila entre un lado y otro del Putumayo. Con Ecuador y Venezuela erizados como ya lo están, la frontera peruana va camino de ser la más porosa, es decir necesitada de un refuerzo. |