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Domingo, 07 de Septiembre 2008
Kolumna Okupa. La trica de Chang

El ministro de Educación repitió tres veces cuatro cursos cuando era estudiante de la Católica.

Por Rocío Silva Santisteban

 
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Lo jalaron. La perfomance universitaria de Chang no lo ubica precisamente en el tercio superior.
 
Trica: sustantivo derivado del neo-verbo "triquear". Triquear: acción por la cual un alumno universitario lleva un curso por tercera vez. Triquear es casi como vivir en la eterna paranoia pues, si no apruebas ese curso que estás llevando por tercera, eres expulsado de la universidad indefectiblemente. ¿Eso significa que eres pésimo? No necesariamente. Los estudiantes de ciencias exactas saben que, a fin de cuentas, una trica en Ingeniería de Fluidos no es lo mismo que una trica en Bibliotecología. ¿Por qué? Porque precisamente la exigencia en ciencias –sobre todo en las diversas matemáticas– a veces es mucho más alta que en letras (y conste que yo he estudiado letras). Esto es relativo, también, pues muchos estudiantes triquean el curso de lengua, por ejemplo. Pero en términos generales es una visión que se tiene del mundo universitario, sus cursos, sus miedos, sus monstruos.

Según el blog Desde el Tercer Piso de José Alejandro Godoy, el actual ministro de Educación, José Antonio Chang, triqueó en cuatro cursos cuando se encontraba estudiando en la Universidad Católica la carrera de ingeniería durante la década del 70. Un destape del universo de la blogósfera peruana que, una vez más, está demostrando más actualidad y penetración en las noticias que la tradicional prensa diaria. Ahora, ¿esto implica que con un argumento ad hominem se puede desbaratar la propuesta de que los maestros pertenezcan al tercio superior como garantía de calidad académica? Obvio: no. (Este ha sido el tema de los blogs Menos canas y Gran Combo Club). Pero sí deja al ministro Chang algo descalificado para mantenerse impertérrito defendiendo lo indefendible: un alumno del tercio superior no es necesariamente un profesional de "altas cualidades" –para decirlo en términos caros al presidente– y, por lo tanto, es también probable que un alumno triquero sea, en el futuro, un excelente administrador o incluso maestro.

Felizmente con el acuerdo del Consejo de Ministros el asunto del tercio superior fue finiquitado. Pero considero que debe ser puesto en duda y ya no sólo para "medir con garantías y certezas" las supuestas calidades de los alumnos universitarios, sino incluso para evitar eso que, en los términos de la nueva y flexible ley universitaria, denominan ingreso directo. Mientras se permita que los escolares "de tercio superior" ingresen a las universidades en noviembre, cuando aún no han terminado el colegio, con esos exámenes adelantados que son saludos a la bandera, no podremos mantener una calidad educativa óptima. ¡Tenemos universitarios que ni siquiera se han graduado como escolares!

Este sistema responde a las "necesidades del mercado universitario" de permitir más formas de ingreso que el tradicional examen general para poder garantizar mayor número de alumnos. Suele suceder que estos muchachos, buenos estudiantes, se enfrentan a un primer ciclo que es una batalla campal: con heridas a profundidad ante las cuales no se encontraban preparados. ¿Y a quién beneficia este sistema? Pues responde a una manera de entender la educación que no comparto: pensar que es un buen negocio como cualquier otro.

En una sociedad en la cual la movilidad social está coligada a la educación, la posibilidad de la misma se vuelve la visa para un sueño. Y de ese sueño se cogen muchas universidades e institutos que ofrecen la quimera del cambio de estatus social a través de la educación. ¿Pero es cierto eso? Tal vez: pero una universidad debe ofrecer ante todo reflexión y pensamiento crítico, y no solo aprendizaje de técnicas para ser abogado o periodista y ganar dinero. Por eso es preciso descubrir las costuras del bluff de la universidad peruana.

 
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