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Antonio Zapata.
Para fundamentar el tercio superior, diversos voceros gubernamentales han sostenido que esta medida significa adoptar el punto de vista de los niños, quienes merecen la mejor educación y no la proporcionada por un profesor mediocre. Parecería plantearse una dicotomía entre profesor y alumno. Pero, el uno es el mediador para llegar al otro. En efecto, ningún funcionario del sector educación se dirige directamente a los estudiantes. En todos los casos, para llegar con eficiencia a los alumnos es imprescindible convencer y ganar a los profesores para una buena causa. De no ser así, se produce un corto circuito, sea cual fuere la política del Ministerio. Esta dificultad se ha sumado al declive de la calidad de la enseñanza, que nos ha situado entre los últimos del mundo.
Evaluando la calidad del magisterio, un año atrás, el ministro Chang declaró que había demasiados centros de formación escolar; precisó que superaban 300 entidades de distintos tipos, entre Universidades e Institutos de Formación Pedagógica. Tiene razón. Precisamente el problema es la abundancia de centros de formación pedagógica que registran calidades muy distintas. Algunas universidades disponen de facultades de Educación de primer nivel y normalmente son las mejores de este subsistema. También, en algunas regiones se encuentran institutos pedagógicos superiores a las universidades locales y de calidades muy meritorias. Al otro lado de la escala, en algunas provincias, criterios políticos han motivado la apertura de institutos pedagógicos que sufren por una enorme escasez de recursos, tanto humanos como materiales. No hay buenos profesores ni tampoco bibliotecas o laboratorios. Ahí, la educación arrastra grandes deficiencias. En conclusión, hay demasiados centros de formación magisterial y no pocos muy malos.
Por ello, con corrección, el Ministerio plantea seleccionar a los futuros profesores de colegio entre los mejores alumnos de pedagogía. Pero, elegir al tercio superior de cada centro educativo no encara la situación. Imagine usted a un estudiante de la Católica o de San Marcos, que no pertenece al tercio superior, pero tampoco es de los últimos. Ahora, compárelo con un estudiante de un centro de formación magisterial de los malos, de baja calidad y pobres recursos. Esta segunda persona sí pertenece al tercio superior de su centro de estudios.
¿Cree usted que el primero necesariamente tiene peor formación que el segundo? No. Probablemente es al revés. Es obvio que la medida propuesta por el Ministerio no resuelve el problema ni selecciona a los mejores maestros. Si la dificultad radica en la abundancia y heterogeneidad de centros de enseñanza, solo queda tomar un examen general de selección. Nadie explica por qué no se implementa esta iniciativa. En todo caso, se puede otorgar puntos extras a los egresados del tercio superior.
Una solución es imprescindible antes que estalle un conflicto social de envergadura, articulado sobre un punto secundario de la agenda educativa. Para redondear una gestión educativa eficaz, el ministro debe considerar las características de los maestros de hoy. En primer lugar, son altamente ideologizados: las ideas les significan más que a los demás grupos socioprofesionales. A continuación, su pobreza material es muy grande, en contraste con la posición económica de los maestros en otras sociedades, incluso latinoamericanas. Asimismo, es enorme su carencia de recursos de enseñanza y aprendizaje. Pero, también son un grupo muy afanado; tienen gran interés por cultivar la mente humana y se asumen como agentes culturales. Sin profesores no habría cultura local y felizmente ella es muy viva en el país.
Así, el gremio magisterial es un sector combativo, capaz de emprender una huelga; sobre todo ahora que tiene de su lado a los gobiernos regionales y a una buena parte de la opinión pública. Asimismo, su naturaleza lo hace un sector muy comprometido con el país; susceptible de colaborar significativamente en la recuperación de la educación peruana. La tarea es ardua porque ha caído mucho y una causa de fondo son los largos años de profundas contradicciones entre profesores y gobiernos. Si no hay un mínimo de armonía entre quien dicta la norma educativa y quien la aplica, no hay efecto sostenido de reforma. Por ello, es un gremio muy sensible, con el cual no conviene inventar pleitos, sino irlo ganando racionalmente a ideas de largo plazo, como el Proyecto Educativo Nacional y su progresiva implementación.
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