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Mirko Lauer.
En 1997 el gobierno regional vasco inauguró a gran costo el museo de arte contemporáneo Guggenheim-Bilbao, que realmente puso a la principal ciudad de Euzkadi en el mapa mediático del mundo. El célebre edificio de Frank Ghery se ha pagado varias veces desde entonces, y es uno de los motores en el desarrollo económico de esa zona.
Barranco tiene un alcalde al que de pronto le ha venido un furor contra la marcha de un museo de arte contemporáneo, MAC, en el distrito. Es cierto que un comité de intelectuales y artistas ha tenido problemas para venderle el proyecto a alguien con recursos. Lo cual no habla muy bien del discurso modernizador del dinero que circula por la ciudad.
Pero con todo, el MAC es un proyecto en marcha, y el municipio perderá mucho si lo clausura. Barranco sobrevive con un prestigio cultural prestado por las celebridades que pasaron por allí y por algunas calles con casas antiguas que han visto tiempos mejores. Si algo necesita el distrito es una gestión cultural moderna.
Las casas antiguas están entre una hilera de elegantes edificios frente al mar y un área muy necesitada del lado pobres de la avenida Bolognesi. En medio de estas dos secciones Barranco es sobre todo un acelerado corredor para llegar a Chorrillos y más al sur. Hay mucha nostalgia, pero la densidad de atracciones y servicios es bajísima.
Un MAC concluido y operativo sería un imán para atraer visitantes como Barranco no conoce (si descartamos a los sedientos visitantes de la noche que han terminado por definir la imagen del distrito). Si fuera posible, más de un municipio de los dinámicos se llevaría el proyecto como eje de su desarrollo urbano.
Un MAC no solo coloca a las localidades en el mapa y atrae visitantes. También funciona como un centro educativo, una marca de prestigio para la localidad, un valorizador de las áreas circundantes. Barranco pasaría de ser un parque de recuerdos culturales a ser uno de los epicentros de la creación y la cultura vivas.
En el fondo el tema de un MAC es demasiado importante como para que decida de manera absoluta sobre él la gestión transitoria de un municipio. El Instituto Nacional de Cultura, tan protector del capital cultural que languidece en los ranchos barranquinos, podría emitir una opinión sobre el tema, y lo mismo el ministerio de Educación.
En cuanto al argumento que esgrimen el alcalde y su portátil para la clausura del proyecto –volver a la lagunita y sus botecitos– nos permitimos algunas dudas. Pues si los promotores del MAC tienen problemas de dinero, el municipio de Barranco tiene más. Lo más probable sería que los terrenos terminen en uno de los proverbiales pampones, como el que tiene al frente, o desviados hacia algún otro uso que no queremos imaginar. |