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Wilfredo Ardito Vega
En noviembre de 2006, Alan García presentó al Congreso el proyecto de ley 608 para establecer el acceso libre a las playas cada 500 metros y no cada 1,000 y disponer que el MP podía ingresar a cualquier club o condominio de playa para garantizar que no existieran prácticas discriminatorias en el ingreso al mar. Meses después, el Congreso aprobó el proyecto por unanimidad y lo envió al Ejecutivo para su promulgación; pero fue devuelto, con el impreciso argumento de que faltaba realizar mayores estudios.
Coincidentemente, poco después, AGP se incorporó al Club Regatas Lima, a pesar de la elevada cuota de ingreso. Se afianzaba así su vinculación a los sectores acomodados de una forma que ni Fujimori ni Toledo pudieron, a pesar de los indudables servicios que prestaron a esos grupos. La incorporación de AGP a un club podría parecer un asunto privado; pero en este caso debería generar en los ciudadanos, y especialmente en las ciudadanas, bastantes preocupaciones. El Presidente encarna a la Nación y debe cumplir los valores que esta representa, entre ellos la igualdad. Por lo tanto resulta sumamente cuestionable que se incorpore a un club donde las mujeres no pueden ser socias, sin que argumento razonable alguno justifique tal discriminación. Dado el elevado voto femenino que García obtuvo, podría inclusive hablarse de una traición a su electorado.
Sin embargo, las mujeres que podrían sentirse más traicionadas por García son las trabajadoras del hogar. El 30 de marzo pasado, García convocó a cientos de ellas a un acto público de reconocimiento en el Ministerio de Trabajo y proclamó esa fecha como Día Nacional de las Trabajadoras del Hogar. Ahora es socio de un club donde ellas son discriminadas. Hace unos días, el Club Regatas Lima publicó en su página web una serie de directivas donde se indica que las empleadas del hogar están prohibidas de ingresar al mar, como si este también perteneciera al club. Las directivas obligan a todas las trabajadoras del hogar a usar uniforme celeste o blanco. Se les prohíbe también acudir con sandalias, debiendo llevar solamente zapatos o zapatillas blancas. Todas estas disposiciones parecen tomadas de tiempos coloniales, cuando existían vestimentas obligatorias según la condición étnica.
La incorporación de García al Regatas tiene el mensaje de que el Estado peruano acepta el machismo y el racismo practicados en determinados sectores sociales. Resulta contradictorio que el Presidente pertenezca a una asociación que impide a cientos de mujeres peruanas ingresar al mar. Podemos compartir o condenar las opciones políticas y económicas de Alan García, pero en todo caso, estas no justifican convertirse en cómplice de violaciones a los derechos fundamentales. Entretanto, la subsistencia de disposiciones machistas y racistas en el Club Regatas Lima demuestra cuán atrasados todavía son aquellos sectores que pretenden ser los más modernos del Perú. |