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Libro de escritor mexicano desarrolla el tema de la traición. El también reconocido cronista insufla a sus personajes humor y desencanto.
Diego Trelles Paz.
Foto: EFE.
 De ficción. Escritor mexicano Juan Villoro. |
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Juan Villoro (México, 1956) es uno de esos escritores cuya solvencia narrativa parece invulnerable. Su vocación es genuina y persistente, y en su talante creativo prevalece el gusto por el salto entre géneros que va con diligencia del ensayo a la crónica y del cuento a la novela. Esta libertad tiene una relación directa con la forma de su prosa. La escritura de Villoro es altamente efectiva, atrapa al lector de inmediato porque su cadencia es rápida sin dejar de ser elegante y porque, siendo alusiva y sugerente, posee la puntería del francotirador a la hora de disparar sus imágenes.
Los culpables (2007), su último libro de cuentos, luego de La noche navegable (1980), Albercas (1985) y La casa pierde (1999), es un compendio logrado del dominio formal que el autor exhibe en el tramo corto. El volumen está compuesto por seis relatos y una nouvelle cuyo eje temático es la traición y sus secuelas en un grupo heterogéneo de mexicanos que, oscilando entre el humor y el desencanto, se enfrentan a una culpabilidad existencial que los degrada. Si por su profesión y por su idiosincrasia estos personajes parecen constituir buena parte del andamiaje social del país, Villoro estropea su simbología al presentarlos como íconos deshabitados que difuminan conscientemente ("Es usted mexicano? Sí, pero no lo vuelvo a ser") su representación de lo nacional.
Un mariachi harto de las rancheras cuyo ídolo no es Pedro Infante sino el piloto Michael Schumacher, un futbolista decadente que sacrifica la gloria con un autogol solidario, un agente viajero que prefigura en un cuento el secreto de su fracaso matrimonial y un limpiador de ventanas con tendencias homicidas son algunos de los seres declarantes de Los culpables. Villoro los presenta en primera persona y exaltando su extravagancia pero dejando un flanco indefenso en su composición: aunque la estrategia narrativa es atractiva, el autor se la juega arriesgando la verosimilitud de las voces porque, pese a su diversidad social, el lenguaje de todos ellos es sospechosamente articulado.
 Portada de su libro. |
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La manera en que Villoro conjura este escollo es concentrando la misma dosis de humor y tensión dramática. Sus personajes son elocuentes, narradores compulsivos de historias que, aun al borde del abismo, siempre se confiesan al lector con una ecuanimidad que propicia la sonrisa aun en las situaciones más terribles. "He tenido que dormir en hoteles donde sientes que pierdes una oportunidad de suicidarte" dice, por ejemplo, el narrador de "Patrón de espera".
Los culpables es un libro concebido con vuelo creativo y una prolijidad que muestran la cara más arriesgada de un autor que, aunque nunca escribe mal, no siempre se permite esta frescura. Hay algo de original y fulminante en esta obra que confirma la explosión de un escritor que asoma, con una humildad a prueba de balas, a los umbrales siempre distantes de la grandeza.
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