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Mirko Lauer.
A pesar del perfil bajo de su performance, casi la mitad de los encuestados por Apoyo Opinión y Mercados piensa que Ollanta Humala es el principal opositor al gobierno. Esto a pesar de que su nacionalismo y su condición de fuerza parlamentaria lo obligan a alinearse fugazmente con Palacio en temas como Chile o el narcotráfico.
El tema de Humala merece ser seguido con detenimiento, sobre todo a la luz de las dos hipótesis dominantes sobre su persona política. En una de ellas Humala simplemente desaparece hacia el 2011, reemplazado por un candidato antisistema fresco, una nueva persona a ser derrotada por la derecha. En la otra hipótesis Humala es esa misma persona.
Sin embargo parece emerger desde hace un tiempo un tercer Humala en cada vez mejor sintonía con los usos y costumbres de la democracia representativa. Luego de una partida dramática, la bancada del Partido Nacionalista ha mimetizado su estilo con el estilo de las demás, para bien y para no tan bien.
Lo más importante que ha logrado Humala es no desaparecer como opción política. Esto no le asegura la presidencia, pero lo podría mantener muy bien instalado en el juego parlamentario. Siempre y cuando sea capaz de recoger el desafío de las elecciones del 2010, donde se medirán y formarán las nuevas fuerzas sobre el terreno regional.
Humala ha hecho alianzas con algunas fuerzas de la izquierda que lo precedió, pero a la vez viene practicando dos abstinencias elocuentes: la presencia del PN en las movilizaciones sociales es mínima, o por lo menos muy discreta, y Humala se mantiene al margen de la polémica permanente en que vive Hugo Chávez.
Es temprano para saber si los cambios perceptibles en Humala van en la dirección electoralmente correcta. Sobre todo porque son los cambios en el clima económico que estamos empezando a vivir los que rayarán la cancha electoral del 2011. Blindados y todo, es poco probable que volvamos, como dice el tango, a querer sin presentir en este terreno.
Con todas las excepciones del caso, es verdad sostenida que en tiempos de convulsión, o incluso de mera incertidumbre, los electorados se inclinan en el balance final más hacia la derecha. Alejandro Toledo y no García, Evo Morales y no Felipe Quispe. La tranquilidad puede tener un efecto contrario: García y no Lourdes Flores.
Resulta difícil imaginar a Humala logrando adecuarse a la tendencia de un electorado asustado por los efectos locales de la crisis mundial. Tan difícil como imaginar los precios de los alimentos empezando a bajar de aquí a las elecciones. Pero cosas espectaculares hemos visto en términos de adecuación de candidatos.
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