|
Federico de Cárdenas.
Un escritor al que he acudido con confianza en el último decenio y al que he leído hasta agotarlo (solo me falta Dusklands) es J.M. Coetzee (Sudáfrica, 1940), que frecuenté desde antes del Nobel y su mudanza a Australia. Se trata de un autor en producción, de modo que esperaba con expectativa Diario de un mal año (2007). Aunque no se encuentre al nivel de Desgracia, Esperando a los bárbaros o El maestro de Petersburgo es una muy buena novela cuya estructura híbrida sorprende.
El ‘mal año’ de la historia es el de un escritor que la ficción identifica con Coetzee, al cual un editor alemán encarga un libro de ensayos titulado ‘Opiniones contundentes’. Estos textos, 24 en total, tratan temas tan diversos como Al Qaeda, la gripe aviar, Guantánamo, el origen del Estado, Machiavelo o la pederastia y se ubican en la parte superior de las páginas. En la inferior están otras dos secciones (que podríamos llamar ‘ficción’) y contienen la relación del autor con Anya –hermosa chica que copia el manuscrito y por la que se siente atraído–, y la de esta con su novio Alan. Están los pensamientos de ‘Coetzee’ y los de los otros.
Aunque no sea lo mismo, la estructura recuerda Último round (Cortázar) e incorpora una dificultad extra al lector. Una vez vencida, se puede disfrutar de una crepuscular visión de la vejez y sus temores, que el autor proyecta en su alter-ego literario, y de algunos párrafos de tranquila sabiduría. Sus homenajes a Bach (‘su música nos llega como un regalo que no nos hemos ganado, inmerecido, gratuito’) y Dostoievski, en especial a la confesión blasfema de Iván Karamazov, son de una conmovedora belleza.
|