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Mirko Lauer.
En este desganado cambio de ministros unas son de cal y otras son de arena. Haberse desprendido de Allan Wagner en Defensa es serio, pero algo se recuperará con su gestión como próximo embajador en La Haya. El paso del ministerio de Trabajo de una tecnócrata aprista a un abogado independiente igual de versado en el tema mantendrá la eficiencia, pero acaso diluye el compromiso político del partido. Si no con los trabajadores, por lo menos con el TLC.
Debemos suponer que el paso de Hernán Garrido Lecca al ministerio de Salud es una manera de ampliar el radio de la eficiencia en la gestión social. Su tesis en Harvard de 1984 fue sobre política de medicamentos, con el entonces diputado Alan García de destinatario académico. Garrido Lecca mismo, a estas alturas un artista del trapecio administrativo solo comparable con Jorge del Castillo, habría pedido el traslado.
Para Susana Pinilla el súbito encargo del ministerio de la Mujer podría ser una bendición disfrazada. Generalmente marcada por formas melancólicas del asistencialismo, esta cartera podría convertirse ahora en una máquina promotora, en la línea de la expertise de Pinilla. Un tipo de transformación que, llevada adelante en tándem con Pilar Nores, le ganaría todavía más puntos en Palacio.
Lo más parecido a un blip sobre la pantalla política es la repatriación del ex líder pepecista Antero Flores Aráoz. Su sostenida campaña contra las ONGs en Washington lo debería volver un favorito del diario de la familia Wolfenson. Wagner ha dejado la valla muy alta en Defensa, en términos de reformas y estilo, y eso podría complicarle la vida a Flores.
Visto en paquete, se trata de un cambio sumamente estudiado: mantiene, incluso en lo aritmético, el balance entre apristas e independientes; conserva intacto al llamado bloque neoliberal del gabinete; respeta a grandes rasgos los principios que llevaron a los anteriores nombramientos; sube a bordo nombres interesantes.
Quizás los grandes perdedores de la jornada son aquellos sectores apristas que esperaban dar saltos personales hacia el Ejecutivo, sobre todo desde el Congreso, y de paso relanzar una imagen del Apra como un partido de gobierno en condiciones de pisar fuerte. Tampoco los aliados de ocasión han obtenido nada. ¿Tendrán otra oportunidad? Es poco probable que el gabinete que comienza dure año y medio como el que concluye. Aunque Alá y las hipotecas-basura del norte pueden saber más.
García ha elegido el momento preciso –el inicio de la vorágine de festividades– para producir un cambio de mínimo impacto. Muchos adornadores de árboles y compradores de regalos no se darán ni cuenta. Lo cual desde un punto de vista administrativo es óptimo, y lo más parecido a la continuidad en el gobierno.
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