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Entrevistadora aguda y nada complaciente, Rosa María Palacios no esconde ni acomoda sus opiniones políticas. Es liberal y de derecha. Hábil para la polémica, esgrime ideas, más que prejuicios. Aquí toma posición frente al segundo gobierno de Alan García, defiende las inversiones mineras en el país –aunque admite que se han cometido graves errores– y culpa al Estado y a un sector de las ONG de los últimos conflictos socioambientales en el interior del país.
Por Nilton Torres
Fotos: Claudia Alva
Esta semana en su programa "Prensa libre" se detuvo a comentar la caída del dólar y la inflación leve pero preocupante. Rosa María Palacios reconoce la preocupación de la gente ante estos asuntos que a muchos necesariamente evocan al fantasma del primer y desastroso gobierno de Alan García Pérez. En su opinión, el presidente García no es ni será el mismo del quinquenio 1985-90, ya que el mandatario, para sorpresa de muchos y aunque a la izquierda no le guste reconocerlo, ha asumido un esquema económico liberal, de derecha, que es el que hasta ahora nos ha permitido salir de la crisis.
–Se dice que tenemos un presidente de derecha, ¿compartes esa opinión?
–Yo presumo, porque hasta la fecha el presidente García no me ha querido dar una entrevista, que el terror de convertirse en ese presidente que fue en 1985, ha hecho que dé un giro distinto en su visión económica. Y no creo que eso sea malo. Los problemas que tiene el presidente no son de crecimiento, son de redistribución y eso es lo que no puede enfrentar, aunque tenga la voluntad de hacerlo.
–¿Por qué?
–El gobierno no tiene cuadros gerenciales ni una burocracia que acompañe su buena voluntad. Sólo con buena voluntad no se administra el Estado. Yo soy una persona liberal y no voy a cuestionar la disciplina fiscal, la estabilidad de los contratos, la defensa de la propiedad privada, y puedo decir que las dos grandes debilidades del gobierno son la redistribución y la corrupción. Y cuando digo corrupción no es que el gobierno sea corrupto, sino que permite la corrupción.
–Redistribuir también implica una mayor inversión social...
–La población necesita que el gobierno llegue con servicios básicos. Si la educación es pésima, si la salud es pagada, tienes un problema serio. Mientras no se emprenda una reforma del Estado en serio, no se va a poder redistribuir ni con velocidad ni con eficiencia. Y no es un tema de derecha o izquierda, sino de incompetencia. Hay que aprovechar estos años de crecimiento para redistribuir y sembrar en cosas que vas a cosechar en los próximos años. Básicamente nutrición, educación y salud. Yo veo al país con optimismo.
–Bueno, si lo comparamos con todo lo que hemos vivido...
–No estamos en el paraíso... digamos que en el purgatorio. Yo no critico que se quiera respetar los contratos con la minería, por ejemplo, porque en el mundo no puedes incumplir tu palabra ante un contrato o un tratado. Así como en el mundo no se pueden violar los derechos humanos, hay reglas de economía que no puedes violar, seas de derecha o de izquierda.
–¿Y por eso el apoyo del gobierno a las empresas mineras?
–Sí. Es falso que no paguen impuestos, pagan el 30% de todas sus rentas, y de eso la mitad se destina al canon. Lo que sucede es que los problemas que tiene el Estado a escala nacional, se repiten a escala regional y local. Una municipalidad pequeña, con cinco regidores, tiene millones para gastar, pero no lo hace de manera eficiente y en el tiempo en el que la población reclama. Pero el desprestigio no es para el gobierno ni para el alcalde, sino para la minería. Y eso es un disparate porque el minero ya contribuyó y se pregunta por qué el Estado no da el servicio que exige la población y se lo pide a él.
–Entonces asume el rol del Estado.
–Sí, entonces la empresa minera hace la escuela, la carretera. Pero luego tienes otro problema. Un país moderno tiene que establecer reglas de control ambiental, pero qué pasa, que la población no cree que el Estado las va a hacer cumplir, y por eso se oponen a la minería. Si la gente maneja en el Perú sin brevete y no pasa nada, ¿por qué la minera no va a tirar su cochinada sin que pase nada? El Estado trata de hacer consenso entre minería y población, cuando es el que debe hacer cumplir la ley, él es el actor principal.
–Y no salir a condenar una consulta vecinal en Ayabaca.
–Bueno, pero también es cierto que del lado de la protesta anti minera no hay juicio, hay prejuicio.
–¿Pero esos prejuicios no surgen precisamente porque en la mayoría de casos el empresario minero no es responsable y se zurra en las normas?
–Los que se zurran y a quienes las ONG no les dicen nada son los mineros informales, y ¿por qué? Porque pobrecitos, y entonces esos pobrecitos sí pueden contaminar. Pero además no le puedes pedir a una población que tiene una mina de oro debajo que siembre limón. ¿Qué va a hacer esa gente? Coger su pico, su lampa y ponerse a cavar. Yo lo haría. Me saqué la tinka. Pero ese es el peor modelo de explotación que puede haber. Y eso es lo que genera la falta de credibilidad en la palabra del Estado y de la empresa privada.
–¿Y cómo crees que se recupera esa credibilidad?
–Ese es su trabajo. Los peruanos tienen todo el derecho a dudar, pero además la gente le teme al cambio. Nadie quiere que le pongan un grifo o una discoteca al lado de su casa, y en el área rural pasa lo mismo. Es cierto que la minería trae riqueza económica, pero no para todos. Y esa riqueza que es más empleo y más trabajo, trae
inmediatamente un modelo de desarrollo urbano que puede ser resentido por algunos sectores. Donde hay plata, hay bares, prostíbulos, gente dedicada al lucro, y esos valores no se quieren en una población rural tranquila. Llegan los foráneos con sus valores y eso es resentido. Hay una perturbación social que pocos destacan.
–Pero el gobierno declara a esa gente enemiga del desarrollo.
–Pero ponte en los pantalones del gobierno. La renta que genera la minería es el 50% de la renta nacional. Si se la quitas no se puede aumentar a los maestros, a los policías, hacer carreteras. Hay una frase que es muy buena: "Quiero canon, pero no mina". Eso no se puede. Entonces la gran discusión es: ¿tiene una circunscripción de cinco mil habitantes el derecho
a negarle la renta que va a generarle a toda la sociedad peruana una mina? Si se puede garantizar que esa mina no va a perturbar a la larga el orden ambiental, no tiene derecho. Pero aún allí hay un tema discutible.
–Las mineras deben buscar a la población y comprometerse a no dañar sus tierras, pero nunca lo hacen, quieren imponer en vez de dialogar.
–Pero es que tienes grupos que no quieren que se le explique mejor al campesino ni se garantice que una explotación se va a hacer de manera correcta. Simplemente quieren que la minería no exista per se. Y eso no me lo invento yo. Hay una tendencia mundial que considera que las industrias extractivas son demoniacas, y son las ONG las que auspician esto.
–¿Y por qué las mineras no crean sus propias ONG y contradicen este discurso con argumentos?
–Yo he dicho que deben defender sus intereses, sino van a terminar como en la reforma agraria. Aquí había empresas muy modernas que pagaban puntual, pagaban sus impuestos, pero tenían formas de explotación del siglo XVI. Entonces surgió esta reforma que tenía detrás un esquema ideológico de romperle el espinazo a la oligarquía nacional. Y el sistema ideológico que está detrás de los antimineros es de profunda orientación socialista. No quieren que la empresa privada explote los recursos naturales, quiere que lo haga el Estado.
–Admite que hay una intolerancia que viene de ambos lados.
–Sí, una intolerancia que no conduce a nada, porque finalmente no puedes tener un proyecto minero donde toda la comunidad se opone. Ese es un caldo de cultivo de la protesta. Y esto se da cuando, por ejemplo, el oro en el mundo está en alza y aquí no hay mayor explotación de ese mineral.
–Pero esa desconfianza de la población es directa responsabilidad de las empresas mineras.
–Seguramente, y el Estado no dio la explicación debida. Con el tiempo Yanacocha se va a ir, ¿estarán mejor los cajamarquinos cuando eso pase? Parece que sí. Si se hubiera seguido extrayendo el oro estaríamos recibiendo más rentas. Estamos en el mejor momento del mundo para vender minerales, pero las empresas se enfrentan a la población, hacen seguimientos a los que se les oponen, cuando la conducta de la minería debería ser impecable para ser creíble.
"Yo reivindico los DDHH "
–Eres una periodista de derecha, pero no tienes reparos en pasarte a la vereda de enfrente y reclamar por barbaridades como el atentado contra el memorial "El ojo que llora".
–Pero quién le ha dicho a la izquierda que los derechos humanos son de su patimonio. Es como el folclore, dicen que es de izquierda. El derecho a la vida y a la libertad, que es un derecho fundamental, nacen de la tradición liberal. Y además la izquierda asumió como suyo el paradigma liberal que el Estado es el único violador de derechos humanos. Lo que pasa es que aquí tuvimos una fuerza como Sendero Luminoso que quiso apropiarse del Estado, pero a su vez un Estado que mató ilegalmente.
–Y en ese contexto se ubica tu modo de entender este tema.
–Yo no celebro la vida de las personas que están en "El ojo que llora" porque de repente sus vidas no merecían una celebración. No lo sé, no soy juez. Lo que sí condeno es la muerte, y eso no lo entienden algunos amigos periodistas. Condeno la muerte producida por Sendero Luminoso y la barbarie del Estado y no tiene nada que ver la forma en que condujeron sus vidas. Hayan sido autoridades, senderistas, policías o amas de casa.
¿Fujimoristas? : “Perro que ladra no muerde”
–¿Crees que con Fujimori en el Perú se polariza el país?
–A Fujimori le va a pasar lo mismo que a Vladimiro Montesinos. Va a ser una noticia importante que vamos a seguir con atención, pero un tiempo. Después la propia gente va a decir ‘ya lo condenaron, que cumpla su condena y que se vaya a su casa’. No creo que el fujimorismo tenga capacidad de movilización ni de polarizar nada. Su base económica de apoyo está encantada con Alan García, y su base popular está encantada con Ollanta Humala. Sólo tiene un grupo de gente leal, que puede ser el 10% de la población, y otro grupo al que le da pena su situación.
–Pero reclaman y amenazan a quienes exigen castigo para el ex presidente.
–Pero no pueden amenazar. Perro que ladra no muerde. Tienen 13 votos en el Congreso que sirven de adorno, aunque en algún momento pueden ser importantes porque son disciplinados, votan todos juntos. El fujimorismo se ha convertido en un clan familiar integrado por los hijos, los amigos, los empleados, como su abogado y su publicista. Nadie más. Y gente muy resentida que ha sido maltratada, que trabajó con el fujimorismo y que era honrada. Entonces sienten que al reivindicar a Fujimori, se reivindican ellos.
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