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¿Un fujimorismo sin los Fujimori?

Mirko Lauer.

En una variante de las ceremonias de desposesión llamadas potlash, el fujimorismo está echando por la borda todo lo avanzado desde el 2006. Ha pasado a la confrontación inmediata con un gobierno que les prestaba algo de legitimación y apoyo. Ha pasado al violentismo con el que venía amenazando desde hace ya un tiempo.

Alberto Fujimori ha aparecido en Lima como una suerte de super-Canchaya, cuyo equipo político está formado por sus allegados personales. Allí están su hija, su hermano, su yerno, su médico, su publicista, su abogado. Todos con unas ansias de rodear a Fujimori similares a las del séquito de Abimael Guzmán en su captura de 1992.

La hija de Fujimori se ha ido de boca en el maltrato al Presidente de la República, y lo debe estar lamentando, si tiene cerca a alguien que se lo haya hecho notar. Los demás congresistas compiten en formas del no puede ser, pero nadie parece estar cuidando la tienda, donde el capital político está desapareciendo a toda velocidad.

Lo primero que tendría que haber notado el fujimorismo es que el frente, por así llamarlo, pro-extradición y enjuiciamiento de Fujimori es particularmente amplio, y los aísla radicalmente. Hasta Vladimiro Montesinos anuncia que se piensa matricular con unas declaracioncitas, y lo mismo su carnal Santiago Martin, por sus propios motivos.

Quizás como primera reacción es comprensible, pero igual nadie en el fujimorismo está queriendo captar cuán al fondo de la olla se encuentra Fujimori. Esto es evidente consecuencia de la estructura de negocio familiar que ha cobrado la empresa fujimorista, rodeada además de lo que en casi todos los casos no pasa de ser personal de servicio.

Los fujimoristas de más calado, como Martha Chávez o Absalón Vásquez, se han mantenido cuidadosamente aparte del núcleo de protesta-vigilia-familia que ha asumido la representación de Fujimori. Son sectores que para comenzar no están identificados con la bancada AF, y casi seguramente no respaldan su actual actuación.

Más aislamiento entonces, y más división. La estrategia legal de los abogados de la familia por fino que hile no va a poder hacer las veces de una estrategia política. De modo que así como estamos viendo aumentar la distancia entre el gobierno y la bancada fujimorista, empezaremos a ver crecer la distancia entre los fujimoristas mismos.

Mientras tanto la llegada de Fujimori está sirviendo para refrescar historias aleccionadoras, a medias olvidadas, y para rectificar algunas distorsiones de la memoria colectiva. Siete años de democracia demuestran muy bien que Fujimori, su golpe de Estado y su estilo de cachiporra no eran necesarios, ni siquiera para gobernar con la derecha.

 
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