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Mirko Lauer.
A los cuatro años del informe de la CVR no podemos sino lamentar la suerte de esos otros damnificados, de los años 80 y 90. Primero Sendero Luminoso eligió a sus familias como el escenario para llevar adelante su guerra, precisamente porque ellos y las zonas que ocupaban encarnaban el grado de miseria que supuestamente sustentaba las teorías sobre feudalismo y guerra campesina.
Detrás de SL vino la Fuerza Armada con las tareas clásicas de la guerra antisubversiva en el Tercer Mundo, como la de infundirles a esas familias un temor al Estado peruano peor o por lo menos igual que el temor ante SL. Los bandos exigían a los pobres tomar partido, y tomarlo significó exponerse a ser muerto por el bando contrario. Las cifras muestran mucho más muertos particulares que de combatientes de ambos lados.
Esa guerra dejó las decenas de miles de víctimas que hoy se discute, así como un número mucho mayor de deudos traumatizados y reducidos a la última indigencia por la guerra. Como el Estado peruano goza de buena salud, y SL sigue allí moviéndose por el país sin el menor rubor, debemos suponer que los verdaderos derrotados de esa guerra han sido los indios paupérrimos de lo que ya no se llama zonas de emergencia.
Concluida la etapa de violencia, la reacción de buena parte del país fue tratar de olvidar lo sucedido lo más rápido posible, y probablemente asociar sin contemplaciones al indio victimario con el indio víctima. No hubo empresarios solidarios de alto perfil o colectas al paso para los campesinos andrajosos que quedaron detrás de los delirios asesinos, fruto ellos mismos de un arraigado sustrato psicológico anti-indio.
Por eso la idea de una Comisión de la Verdad y la Reconciliación despertó resistencias desde el primer día. En parte porque los políticos de actualidad tenían algo de responsabilidad en lo sucedido, y mejor no mirar bajo la alfombra. En parte porque no había realmente un entorno socio-productivo que restablecer en esas zonas. En parte por una sorda inquina contra las propias víctimas y damnificados.
Nunca sabremos si quienes asumieron la tarea de una CVR fueron concientes de las fuerzas de rechazo e indiferencia que estaban enfrentando. En cualquier caso su actuación –antes, durante y después de la confección del informe– ha sido de una ejemplar valentía. El propio informe ha dignificado a quienes se acercaron a él, y desenmascarado a quienes han hecho campaña pública contra él.
Tan fuerte fue la reacción contra esta CVR defensora sobre todo de indios, que de paso estableció una obvia tirria del pensamiento de la derecha contra la idea misma de los derechos humanos, y a partir de allí una tirria contra la idea misma de ONG (porque las hay de derechos humanos). En el fondo contra lo que están es contra lo andino y lo pobre en cuanto comunidades sociales en todos sus aspectos.
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