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• No hay electricidad, tampoco atención médica en la zona. Han pasado 48 horas y el Estado sólo entregó agua a 120 familias. Se temen réplicas.
Romina Mella. Enviada Especial.
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| Tragedia. La totalidad de las casas de San Clemente se han derrumbado. Los pobladores han optado por dormir en las pampas cercanas. Algunos se han desplazado a Pisco para recibir atención médica. Los niños juegan entre los escombros. (Foto: Virgilio Grajeda) |
"Mi casa está destruida, la vi derrumbarse frente a mis ojos. Con suerte pude sacar a mi hijos antes de que la pared nos caiga encima. No tenemos luz ni agua. Estamos a oscuras", contó preocupada María Robles (55), quien afirmó estar angustiada porque su menor hijo tiene fiebre y no cuenta con los medios para llevarlo al hospital de la ciudad de Pisco.
En San Clemente para lo único que hay espacio es para la angustia. Angustia de los pobladores por no tener qué comer, qué beber. De verse obligados a dormir sin abrigo a la intemperie con ocho grados de temperatura. Porque bastaron los dos minutos que duró el terremoto para que sus viviendas se derrumbaran como naipes.
Y en definitiva lo que sobra es el desamparo, porque ya han pasado más de 48 horas desde que el terremoto destruyó su poblado, y la ayuda médica y la entrega de víveres de parte del Estado a la zona aún no llegan. Pero las esperan.
Atención es lo que demandan los moradores de este pueblo, ubicado a las afueras de Pisco a la altura del kilómetro 228 de la Panamericana Sur. Ellos se han visto obligados a dormir en las pampas cercanas por temor a la muerte. A las réplicas del sismo que el miércoles asoló sus vidas.
Ninguna de las casas logró permanecer en pie. No hay agua ni desagüe. Tampoco luz. Las personas que sufrieron fracturas o heridas graves permanecen inmóviles en lo que queda de sus casas. Algunas mujeres han puesto sillas y colchones en las calles. Los niños no volverán al colegio en algunos meses porque el centro educativo Santa María, que albergaba a la mayoría de escolares, se cayó a pedazos.
Hay desesperanza
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| Vigilia. Soledad Hernández reza por el alma de su pequeño hijo. |
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| Angustia. María Robles demanda atención médica en San Clemente. |
El clamor popular es desgarrador en esta comunidad y la ayuda del Estado es casi nula. La mirada extraviada de los cientos de pobladores que salen a deambular por la carretera, en busca de auxilio, parece no encontrar eco.
Es así como decenas de personas desde el puente Huamaní pidieron con desesperación que llegue la ayuda pronto.
"¡Estamos deshidratados! ¡No se olviden de nosotros! ¡Tenemos miedo!", exclamaron Juan Gonzales y Juan Cárdenas, dos moradores que criticaron severamente al gobierno por destinar, según dijeron, la ayuda humanitaria a las zonas céntricas de Pisco y no a los alrededores de dicha ciudad.
En unos minutos
La inexorable desesperanza se ha apoderado de Soledad Hernández, quien vio cómo se esfumó la vida de su hijo en minutos al derrumbarse la pared de su vivienda que cayó sobre el pequeño José de diez años y que acabó por asfixiarlo. A pesar de que logró sacarlo de los escombros y llamó a gritos a un médico, su hijo murió.
"Ya no quiero vivir. Me he quedado sin nada. Mi hijito murió y nadie pudo ayudarlo", dijo esta adolorida madre, entre sollozos, en el velatorio de su hijo.
Juana Castillo, una mujer de 53 años, quien vio desplomarse su casa y las de sus seres queridos (que se encuentran en los cerros en el sector Los Bambinos de San Clemente), no encuentra a su hijo.
"Mi hijo salió de la casa el día del terremoto por ayuda y nunca volvió. Tengo miedo de que esté muerto. Lo he buscado por todas partes pero no lo encuentro. He ido hasta la ciudad de Pisco a preguntar por él pero nadie me da razón de su paradero. Lo he buscado entre los cadáveres y no está", exclamó desesperada a La República.
Pero estos son solo algunos de los trágicos rostros de San Clemente. Un pueblo que clama atención de un Estado que tarda en atender sus necesidades básicas. Que esperan y desesperan porque pasan las horas, el hambre y la sed aumentan y la incertidumbre de una réplica los agobia.
Claves
ABUSO. Los precios de productos básicos como leche y arroz se triplicaron en las bodegas de esta población de la región Ica.
INSUFICIENTE. El Ministerio del Interior repartió en San Clemente agua solo para 120 familias. |