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Federico Salazar.
La ministra de Trabajo dice que los directivos de la CGTP son traidores a la patria. No le gustó que ellos quisieran hablar directamente con los representantes del Congreso norteamericano que deben revisar el acuerdo comercial con el Perú llamado "Tratado de Libre Comercio".
Los directivos de la CGTP insisten en que con el TLC se violan determinados derechos laborales. Y así lo quieren hacer saber, directamente, a las autoridades legislativas norteamericanas.
No sé si la CGTP tiene la intención de "boicotear" el TLC. Si así fuera, sin embargo, tiene derecho. "Boicotear", en este contexto, quiere decir hablar con el interlocutor norteamericano bajo un punto de vista distinto al del gobierno peruano.
Hablar es un derecho. El término "boicot" sólo se usa en sentido metafórico. No hay nada que la ley prohíba en lo que quiere hacer la CGTP. La ministra, por tanto, estuvo desafortunada en sus expresiones y desorientada en su interpretación de los hechos.
La ministra confunde "la patria" con el gobierno. Por eso habla de "traición". Pero la CGTP no es el gobierno, ni éste es la patria.
La CGTP, por su lado, ha elevado una protesta desproporcionada a lo que no es sino una expresión de intolerancia ministerial. Nada de lo que pueda decir la ministra puede impedir ni va a impedir que la CGTP se acerque al legislador norteamericano y exponga sus argumentos.
La CGTP ha amenazado con salirse del Pacto Social si la ministra no se rectifica. Entra, por su lado, en el mismo juego que la ministra. "Los que no están conmigo son enemigos", viene a decir el lema de los intolerantes a la diferencia de opinión.
Los dirigentes laborales no deben esperar que todo sea besamanos. Tampoco deben confundir a la ministra con el gobierno.
Le toca al Congreso norteamericano ver si le conviene ratificar el TLC con el Perú. En esa tarea, los legisladores de Washington tienen que recoger la mayor cantidad de información, opinión y criterio.
La CGTP quiere ejercer un poder real sobre esa decisión. Lo tendrá en la medida en que la información que alcance sea objetiva, verificable y contrastable con la legislación peruana. No lo tendrá si se queda en impresiones, pareceres, aspavientos y amenazas.
El gobierno, por su lado, poco consenso logrará en torno a su objetivo del TLC si confirma la intolerancia y el lenguaje altisonante.
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