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Mirko Lauer.
La separación de Wilbert Bendezú de la secretaría de organización y movilización del Apra marca el punto más alto en la disonancia entre apristas del partido y apristas del gobierno. Bendezú convocó a una marcha pro-Constitución de 1979 sin consulta previa con los dirigentes que luego lo han separado del cargo.
A pesar de que casi todas las principales figuras del Apra ocupan altos cargos en el gobierno, el Apra como partido tendría derecho a sentirse el patito feo de estos años. El triunfo del 2006 es sumado a la cuenta de Alan García, algo que se demuestra en los resultados del Apra en las elecciones de los años 90.
García llegó a la presidencia con la promesa de no atiborrar de apristas (formalmente casi 400,000 reinscritos a inicios del decenio) los puestos públicos. En efecto los niveles de mando medio del aparato del Estado quedaron en buena medida en manos de quienes ya estaban allí. Esto no ha dejado de producir resoplidos.
Alfonso Ugarte se quedó con un paquete de ideas apristas heredadas de diversos momentos históricos de 1924 a la fecha que no han encontrado la mínima perspectiva de realización bajo este gobierno. Incluso la perspectiva social-demócrata viaja muy atrás en el bus que tiene al pragmatismo alanista y a la economía ortodoxa al timón.
La sensación es que la organización aprista no solo opera como una quinta rueda del coche, sino que no goza de toda la confianza de la dirección central. En casos como el arequipazo anti-privatización eléctrica (2002) o Cerro Quilish en Cajamarca (2004) se demostró que hay aprismos regionales que tienen, e imponen, su propia agenda política.
Así, mientras los apristas más importantes conducen las riendas del gobierno, los demás hacen méritos, o por lo menos bulla, para participar en el proceso. La presión por más puestos, incluso ministeriales, para apristas es permanente, como sucede con todo partido de gobierno, y las fiestas patrias caldean esos ánimos.
Quizás no fue lo más político que el amigo Bendezú organizara su Gran Marcha Nacional en un momento en que lo último que quiere oír el gobierno es de marchas. Pero la forma en que ha sido siquitrillado sugiere que tal vez su pecado partidario ha sido más grave que organizar movilizaciones sin permiso de su secretario general.
Quizás han sido las protestas en el partido por la prolongación del plazo de Mauricio Mulder como secretario general hasta el 2009, sin congreso partidario de por medio. De ser así, es comprensible. Ya que no hay más acceso a cargos en el Estado, por lo menos un poquito más de rotación en los cargos del partido.
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