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Jueves, 07 de Agosto 2008
La muerte del killer peruano

En el barrio de Once, en Buenos Aires, desde hace más de tres años se libra una sangrienta ‘guerra’ entre narcos peruanos por el control de la zona. Los cabecillas son compatriotas que huyeron de la justicia peruana que los perseguía por su participación en asaltos en banda, secuestros y asesinatos. La más reciente víctima, Marcos Ruiz Mendoza, era un conocido sicario. Lo mataron junto a su ex esposa.

por Doris Aguirre. Unidad de Investigación

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Marcos Ruiz Mendoza, detenido en 2004 cuando pretendía asaltar un banco. Fue la última vez. Abajo, Luz Ruiz Guardapuclla, asesinada junto a Marcos.

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A Marcos Ruiz Mendoza lo conocían en Buenos Aires como "El killer peruano", porque era un asesino a sueldo de una banda de narcotraficantes que lucha por el control del negocio en la capital argentina. Aquí en Lima, la Policía lo tenía fichado como "Chato Marcos" o "Cachangón", integrante de una organización que se dedicaba a asaltar fábricas y centros comerciales. Vivió al menos nueve años durante distintas temporadas en las celdas del penal de Lurigancho. Ni bien salió de la cárcel, se dirigió a Argentina, donde vivía desde hace veinte años su ex esposa Luz Ruiz Guardapullca y su única hija, Merylin. El "Chato Marcos" se fue a trabajar en la bodega que administraba su hermano en el barrio de Once, uno de los escenarios de la guerra entre narcotraficantes peruanos. Luz Ruiz lo ayudaba en el comercio. A las 9 y 30 de la noche del 5 de junio, dos sujetos ingresaron en el local y mataron a balazos a la pareja. No robaron nada. Según la Policía bonaerense, el "Chato Marcos" usaba la bodega como fachada para ocultar sus actividades como sicario de la mafia peruana. Su asesinato fue un ajuste de cuentas, una represalia por el asesinato de Jorge Calderón Mayhua, más conocido como "Ñaña", el 6 de mayo pasado.

La historia del Chato

Ruiz Mendoza sirvió en la Infantería de Marina del Perú. Dejó la vida militar a los veinte años y entonces ya era un experto en el uso y mantenimiento de armas. Vivía en San Juan de Lurigancho, donde se relacionó con personajes del hampa local. A los 22 años ya era un conocido de la Policía debido a sus actividades delictivas. Por ejemplo, el 28 de diciembre de 1993 encabezó el asalto a un edificio de la avenida Armendáriz, en Miraflores. Atacó a un vigilante y lo despojó de un revólver y un fusil. Con las armas robadas, se dedicó a atracar empresas de alimentos, centros de distribución de gaseosas y vehículos de transporte de productos comestibles.

En otro atestado se consigna que el empleado de la compañía Nicolini, Ricardo Dávila Horna, reconoció al "Chato Marcos" como el jefe de un grupo de sujetos que lo interceptaron en el asentamiento humano "15 de Enero", en San Juan de Lurigancho. Le quitaron todo el dinero que había cobrado ese día, el 6 de febrero de 1994.

Estaba desatado. El 3, 4 y 5 de marzo del mismo año le arrebató un revólver a un empleado de una empresa de vigilancia, asaltó la fundición Felmosa, mantuvo como rehenes a los pasajeros de un bus en Mangomarca, y asaltó al coronel de la FAP Víctor Salinas Paredes, a quien le quitó su pistola de reglamento.

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Gabriela Ruíz, hermana menor de Luz, no entiende por qué ella estaba al lado de Marcos.

Todas las víctimas coincidieron en identificar a Marco Ruiz Mendoza. "Era un delincuente peligrosísimo, violento y explosivo", relató un veterano agente de la División de Robos de la Policía: "Le gustaba quedarse con la mayor parte del botín y en algunos casos metía ‘cerrojo’. Es decir, no repartía nada. Por eso se ganó muchos enemigos".

A fines de los años noventa y comienzos de la presente década, el "Chato Marcos" se metió en otro negocio más rentable: el secuestro al paso. Según los registros policiales, estuvo recluido en Canto Grande, Lurigancho, Sarita Colonia y Huaral. En noviembre de 2004, cayó por última vez: lo descubrieron cuando merodeaba en una camioneta Nissan de placa AGI-136 por las cercanías de una agencia bancaria en San Juan de Lurigancho. Le encontraron una pistola Taurus. El delincuente se resistió a ser detenido, por lo que resultó con dos costilladas fracturadas. Lo enviaron al penal Sarita Colonia, de donde salió el 14 de enero de 2005. Cansado de la prisión, Ruiz Mendoza, que tenía cuentas pendientes con la justicia, se largó a Argentina. Allí le esperaba otro negocio nada respetable. El sicariato.

La oveja negra

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Los cadáveres de la pareja de peruanos.

Voceros de la Policía bonaerense confirmaron a Domingo que Marcos Ruiz Mendoza, por su amplio prontuario criminal y su relación con las bandas de peruanos en la capital argentina, terminó siendo otra víctima de la"guerra de narcos peruanos" en el popular barrio de Once, donde existe una amplia colonia de compatriotas ilegales.

En ese lugar, los narcotraficantes, aprovechándose de la pobreza en que viven los connacionales, reclutan a jóvenes para convertirlos en "burriers". Les hacen tragar hasta cien cápsulas con cocaína y los envían a Europa y Asia. Los casos más recientes los protagonizaron Luis Alberto Quispe (31) y Víctor Martín Pulache (21), detenidos en Bangkok, Singapur, el 27 de abril. Poco después, el 11 de mayo, Daniel Flores Paredes (32) y Juliette Quispe Guerra (24) fueron arrestados en la misma localidad asiática. Los cuatro habían partido del aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires. Marcos Ruiz Mendoza sólo contaba con 19 años cuando embarazó a su compañera del colegio Albert Einstein, Luz Ruiz Guardapuclla.

La otra historia

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Fernando Reyes, suegro de Merylin, confirmó amenazas.

"Somos una familia humilde que nunca ha tenido problemas con la justica. La mayoría de mis hermanos son profesionales, pero Marcos eligió otro camino, y ahora que está muerto, prefiero no juzgarlo. Cometió muchos errores y los ha pagado muy caro, con su propia vida", explicó uno de los hermanos del "Chato Marcos" que pidió no ser identificado.

Gabriela Ruiz, hermana menor de Luz, informó a Domingo que ella viajó a Argentina escapándose de Marcos Ruiz porque la golpeaba y se dedicaba a la delincuencia. "Era un hombre muy malo", explicó Gabriela Ruiz: "Luz le dijo a mi madre que no soportaba más a Marcos, que le tenía miedo, y se fue a trabajar a Argentina como doméstica. Ella era la mayor de nueve hermanos. No entendemos por qué tuvo que morir al lado de ese sujeto".

La Policía argentina ofreció otra imagen de Luz Ruiz Guardapuclla. Era investigada por tenencia ilegal de armas. Durante una redada, los agentes ingresaron en la vivienda de Luz Ruiz y en el interior hallaron dos pistolas y un revólver que pertenecían al "Chato Marcos". La familia de Luz se pregunta cómo era posible que esta mujer, que había sufrido por años los golpes y las pendencias de Marcos Ruiz, que se trasladó hasta Buenos Aires para alejarse de este hombre, años después volvió a reunirse con él y continuó protegiéndolo. Todo indica que Luz Ruiz sabía mucho de las actividades de su ex marido. Ella no murió circunstancialmente por algún proyectil perdido. No, los sicarios le dispararon en la cabeza y al "Chato Marcos" le pegaron un tiro en el cráneo y otro en el pecho. La pareja fue ejecutada.

"Ruiz era un sujeto sumamente peligroso", dijo Rodolfo Bierwerth, comisario de la 18a. dependencia policial de Buenos Aires: "Hay información que indica que estaba relacionado con actividades del sicariato pagadas por organizaciones de peruanos. Ya confirmamos que Ruiz Mendoza tenía gravísimos antecedentes en Perú. Creemos que hay otros como él por aquí, y que a veces cambian de identidad para dedicarse a las actividades ilícitas. Ya tenemos contacto con la Policía peruana y la Interpol con la finalidad de detectarlos".


Plomo en Buenos Aires

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Antonieta Mendoza se negó a hablar de su hijo Marcos. "Estamos destrozados", fue lo únicó que se animó a decir.

"Era tremendo", contó a Domingo el inspector de la Policía argentina Piero Luis Rosendo, refiriéndose a Marcos Ruiz Mendoza: "Nosotros lo investigábamos por su participación en el asesinato de otro peruano, Jorge Calderón Mayhua, apodado ‘Ñaña’, quien también fue víctima de la guerra de narcos en el barrio de Once. La muerte de Ruiz está evidentemente relacionada con la cadena de crímenes entre peruanos".

La lucha es por el control de dos importantes negocios ilícitos: la producción, distribución y venta de cocaína en la capital argentina, así como el envío de "burriers" a Europa y Asia. Desde 2004, por lo menos 20 han sido abatidos como parte de la confrontación.

"Esta guerra todavía va a tener varios capítulos más, lamentablemente. Porque está demostrado que detrás de un crimen hay otro para vengar al anterior", señaló Rosendo. En efecto, varias de las víctimas de la "guerra de narcos" peruanos son individuos que salieron del país con antecedentes criminales.

Asustada por el asesinato de sus padres, Merylin Ruiz Ruiz ha requerido, por intermedio de la embajada del Perú en Buenos Aires, garantías para su vida y la de su familia. Teme ser la próxima víctima de la mafia que mató a sus padres. "Estamos recibiendo constantemente llamadas con amenazas de muerte", le ha dicho a la Policía bonaerense. Merylin sabe que el próximo balazo podría ser para ella.

Ranking de compatriotas

1. Julio Chamorro Revollar, asesinado el 12 de febrero de 1999, estuvo preso en 1976 por asalto a mano armada. En 1985, volvió a prisión por asalto en banda y en 1989 reingresó por robo agravado. Una vez libre, se fue a residir a Buenos Aires, donde lideró una organización de narcos.

2. Segundo Rojas Palacios, ultimado el 13 de setiembre de 2006, estuvo preso en Lurigancho por robo agravado. En 1983, el Sexto Juzgado Penal de Lima lo procesó y condenó.

3. Ángel Rojas Palacios, abatido el 19 de noviembre de 2006, enfrentó un juicio en 1973 por robo agravado y lesiones. En 1974, se le siguió otro proceso por homicidio, y en 1978, por robo agravado. En 1983, en Lima se le inició un proceso más por robo agravado.

4. Jorge Calderón Mayhua, acribillado el 6 de mayo de 2007, en Buenos Aires, tenía antecedentes por intento de homicidio.

 
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