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Sábado, 30 de Agosto 2008
Herminio, el invasor

Hace cuatro años y medio, Herminio Porras Oroya encabezó la invasión de las ochenta hectáreas del terreno destinado a la construcción del gran mercado mayorista de Lima. La orden de desalojo ha sido dada por las autoridades judiciales, pero la tarea no será fácil. Esta es la historia de un hombre dedicado a invadir terrenos y que cuenta con aliados en todos los partidos y movimientos políticos.

Por Jorge Loayza

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Herminio Félix Porras Oroya se ha transformado en un ser invisible. Probablemente ya no se encuentra escondido en algún rincón de los 800 mil metros cuadrados que invadió junto a tres mil personas el 14 de noviembre del 2002, en Santa Anita. Sin embargo, en estos días, cuando la Policía se prepara para desalojarlos, su amenazadora presencia se siente en el lugar. Este huancaíno solía llegar a La Parada desde su natal (Viques) cargado de papas y verduras. Allí se hizo conocido a fines de los setenta. En aquel tiempo cambió de negocio y en lugar de papas prefirió dedicarse al tráfico de terrenos. Su "mayor logro" en este rubro fue organizar la invasión de las 34 hectáreas donde ahora está el Mercado de Productores de Santa Anita.

En los ochentas Herminio Porras se presentaba ante parlamentarios y autoridades como Representante del Núcleo de Productores de Hortalizas de los Valles Rímac, Lurín, Chillón y Huaral. Con los comerciantes instalados en el complejo y la inacción de las autoridades, solo tuvo que buscar los mecanismos para legalizar lo que fue una invasión. En 1990 postuló al Congreso por Cambio 90. Elegido diputado, se encargó de promover un proyecto de ley para que el Estado entregue las 34 hectáreas invadidas a los comerciantes que él instaló en el lugar. Lo logró y fue así como cerró el negocio con todas las de la ley, además de ingresos extras por ventas de un mismo terreno a más de un comerciante.

Un reto mayor se presentaría pronto para Porras. En la avenida La Cultura – kilómetro tres y medio de la Carretera Central– "descubrió" un terreno de 80 hectáreas, de la municipalidad de Lima, destinado a la construcción del Mercado Mayorista que reemplazaría a La Parada.

Meses antes de su invasión, Porras y sus cómplices comprometieron a comerciantes de distritos populosos. Les dijeron que ese terreno pertenecía al Estado y que al tomarlo en posesión finalmente les darían la propiedad.

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Invasores. Aseguran que el terreno ya no es de la municipalidad  de Lima y no aceptan fallo judicial que ordena desalojo.
El 14 de noviembre del 2002, Porras y unas tres mil personas invadieron las 80 hectáreas de Santa Anita. No pasaron muchos días para que Herminio Porras aparezca con el pomposo título de presidente de la Asociación Nacional de Productores y Comerciantes del Mercado Mayorista de Santa Anita, el amo y señor de 80 hectáreas, la única persona ante quien se debía negociar la adquisición de un puesto.

En abril del 2003, el 31 Juzgado en lo Penal de Lima le abrió instrucción por daños y usurpación. El Ministerio Público registra una decena de denuncias contra Porras por delitos de usurpación, daños, apropiación ilícita, homicidio, estafa, hurto y violación de la libertad pública.

Para los temas judiciales, Porras tiene a un pool de astutos abogados. Su principal labor desde que usurpó el mercado de Santa Anita ha sido cultivar relaciones políticas para asegurar la posesión del terreno invadido. Ese era el ofrecimiento a sus asociados y la manera de calmar a algunos grupos rebeldes que no creían en su palabra. En enero del 2003, un sector de comerciantes denominado Los Characatos fue expulsado por gente de Porras pues se negaba a pagar las cuotas que el dirigente exigía. Los expulsados recuerdan que Porras les decía que el presidente Toledo los respaldaba. Del único Toledo que se tiene registro gráfico dentro del mercado es del controvertido Luis Toledo.

Entre el 2003 y el 2004, los congresistas Eittel Ramos, de PP, y Carlos Armas, del Apra, promovieron proyectos a favor de Porras y sus invasores. Estos parlamentarios, además de otros como Michael Martínez, Víctor Valdez y César Zumaeta, han sido recibidos con aplausos en el local invadido. En agosto del 2004, Porras fue al Congreso para colocarle una medalla a Ántero Flores-Aráoz. Porras había convertido su invasión en un búnker donde ninguna orden judicial podía ser cumplida. Sus hombres armados impidieron incluso el ingreso de la Policía. El gigantesco mercado ha sido refugio para los cocaleros que suelen venir del interior del país en sus marchas a la capital. Elsa Malpartida y Nancy Obregón son conocidas en el lugar. No son las únicas, en la última campaña presidencial Porras llevó al mercado a Jesús Alvarado. Ambos aseguraron que este centro de abastos llevaría el nombre del padre del entonces presidente, Anatolio Toledo. La presencia del fallido candidato municipal aprista, Benedicto Jiménez Baca, en su campaña edil tampoco pasó desapercibida.

 

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1.Agosto, 2004, Porras en el Congreso condecora a Ántero Flores-Aráoz.
2.Con sus amigos Michael Martínez y Eittel Ramos, entonces parlamentarios de UPP y PP.
3.Con el iracundo Luis Toledo en Santa Anita.
4.Herminio Porras recibe al congresista del Apra, César Zumaeta, en Santa Anita.  Un traficante de terrenos con muchos contactos.
Las maniobras legales de Porras y su gente han logrado dilatar el proceso judicial durante cuatro años y medio. Ha llegado la hora del desalojo, pero en el terreno usurpado nadie sabe del astuto líder y traficante de terrenos. Fernandino Nieto Castañeda, actual presidente de la asociación, dice que Porras ya no tiene nada que ver en el lugar, afirma que ni siquiera se le ve desde hace más de un año. Claro, es la mejor estrategia para tratar de limpiar la invasión. Funcionarios de la municipalidad de Lima calculan que Porras y su gente –entre los que figuran su hermano Rodolfo y su hijo Robinson– pudieron haber obtenido unos 20 millones de soles por la venta de puestos. Los 10 mil asociados y el millón de dólares comercializados al día, de los que se ufanan los dirigentes no son tales. Los años han debilitado este negocio por la pérdida de confianza de muchos comerciantes que ya no creen que el Estado les entregue finalmente este terreno valorizado en más de 400 millones de soles. Se estima que en el lugar no debe haber más de 600 comerciantes trabajando en sus puestos todos los días.

Sin embargo, la última resistencia se anuncia con sangre. El último respaldo público ha sido el del líder cocalero Nelson Palomino. Las puertas pueden ser abiertas a los periodistas pero no para la Policía, el acceso es férreamente vigilado por hombres que portan radios y que están armados. Además, Porras logró aumentar en un metro el cerco perimétrico y quienes se anuncian como la primera línea de defensa de este lugar son las madres con sus bebes en brazos, estrategia que ya han usado en anteriores oportunidades. "Nos tendrán que matar para sacarnos", grita la gente. Desde la clandestinidad, Herminio Porras debe agradecer tanta fidelidad.

 
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