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Mirko Lauer.
La suspensión por gestiones oficiales de una mini-serie sobre la Guerra del Pacífico Epopeya en la TV chilena dice a las claras cuánto se ha vuelto el tema del conflicto histórico una llave inglesa en el engranaje de las respectivas políticas internas de ambos países. El asunto se abre además a temas de la libertad de expresión, y nos va a acompañar un buen tiempo.
Es interesante advertir que no se dice que la serie quede en suspenso por contener material agraviante a nuestra memoria, sino que se da a entender que es el tratamiento mismo del tema de la guerra lo inconveniente en este momento. Es decir que le complica demasiado la vida al gobierno chileno, y de paso también al peruano.
Para el público chileno este tipo de obra histórica no es novedad. Desde la aparición de la novela en cinco tomos Adiós al Séptimo de línea, de Jorge Inostrosa, en 1955 en Chile se ha tratado el tema en diversos momentos y desde distintos ángulos (y se ha llevado al radioteatro). Las letras peruanas, en cambio, no le han encontrado la gracia al tema, y dejaron la tarea en manos de los historiadores.
Quizás es natural que una mejora de las relaciones oficiales entre los dos países haya potenciado reacciones en sentido contrario. En Chile desde una derecha que encuentra allí la forma de seguir cortejando los resabios pinochetistas en la Fuerza Armada. En el Perú desde una derecha nostálgica del montesinismo y desde un nacionalismo proto-facho.
Lo que no es tan natural es la fuerza que parecen tener estas reacciones. En otras palabras, sorprende un poco ver cómo el mismo público que le canta a la globalización en todas sus formas a la vez mantiene un frente a la derrota de 1879-1881 un resentimiento más propio de una guerra recién concluida.
Así Saga-Falabella y Ripley, tiendas chilenas que transmiten productos chinos, coexisten con las filípicas post-factum de Manuel González Prada (1844-1918). Se recela con razón el armamentismo vecino pero aquí se ha venido practicando la compra de material bélico sub-standard. Todo con un agrio sabor a lecciones no aprendidas.
Parte del asunto de la serie Epopeya supone que el espectáculo de la versión de los vencedores novelada para la TV por cable avivaría un antichilenismo larvado en el público peruano. Lo cual a su vez beneficiaría políticamente a quienes, como Ollanta Humala, agitan banderas de confrontación con Chile, aunque no nos explican hasta dónde.
No difundir la serie no puede ser más que una medida transitoria. Ese es el tipo de material cautivo que más temprano que tarde terminará difundido por manos oficiosas (en YouTube, por ejemplo). No podemos evitar que Chile dé su versión del pasado. Pero sí podemos dar una versión veraz y convincente del nuestro.
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