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Cono norte en peligro de contraer mal en su grado más alto: el hemorrágico • No hay vacuna contra el mal que este año ha atacado a mil 800 en el interior. En la capital aún no se registran casos, pero a tener cuidado.
Por Derry Díaz.
Foto: Virgilio Grajeda.
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En los bordes de estos recipientes suele reproducirse el Aedes.
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Las polvorientas y empinadas calles de la zona de Santiago Apóstol, en Comas, lucían tan vacías como los pasadizos de su cementerio. Nadie salía de casa pues las repentinas calenturas y los dolores musculares impedían que niños, ancianos, mujeres y hombres se mantuvieran en pie. Faltaban pocas semanas para la Navidad del 2004 y más de 80 pobladores que habitaban los alrededores del Cementerio La Balanza se quejaban además de dolor de huesos, ojos, mareos, escalofríos.
"Creíamos que solo era una gripe fuerte", recuerda Adriana Rivera Lazo tras dos años de ocurrida la epidemia del dengue en dicha zona. Aquella infección viral aguda transmitida por un zancudo de nombre casi impronunciable (Aedes aegypti) se había propagado en varias zonas de este asentamiento humano –que hasta la fecha carece de agua y desagüe– postrándolos en cama durante todo el verano del 2005.
El papá, la mamá, el sobrino y la propia Adriana fueron picados por el insecto que llevaba el virus. "Quizá sea una coincidencia, pero desde que vino una mujer charapa a vivir arriba, empezaron las fiebres que nos hacían retorcer de dolor", cuenta esta mujer de 53 años, mientras muestra las huellas de las picaduras pasadas. La especulación de Adriana, a manera de explicación del repentino brote del dengue en el 2004-2005, quizá no se aleje totalmente de la realidad.
A pesar que el zancudo los había picado antes, jamás registraron en la zona algún caso de dengue, enfermedad contra la cual no existe vacuna alguna. Hasta ese momento el insecto era inofensivo porque no estaba infectado con el virus. Bastó que picara a un enfermo para iniciar la transmisión. Y así sucedió con la llegada de la vecina, quien –según Adriana– habría traído el dengue de la selva. Habría que recordar que en 1990, cuando apareció el mal, los primeros casos se registraron en Iquitos y Tarapoto.
Mayor peligro
Pobladores como los de Santiago Apóstol anteriormente infectados con el dengue clásico (que en lo que va del 2007 ha atacado a mil 800 personas del interior del país) tienen altas posibilidades de contraerlo nuevamente pero en un grado mayor: con hemorragias.
El departamento de Estrategia Sanitaria Nacional de Prevención del Ministerio de Salud (Minsa) advierte que este tipo de dengue tiende a atacar especialmente a quienes antes padecieron el dengue clásico. "La persona queda sin defensas. Los ‘poros’ de las arterias se abren con mayor facilidad y empieza a sangrar perdiendo plasma. Quienes no pudieron vencer la enfermedad mueren ‘chupados’ como si estuvieran deshidratados, pero lo que perdieron fue plasma", explica Luis Miguel León, coordinador de dicho departamento.
Los signos de alarma del dengue tipo hemorrágico son: sangrado por las encías, nariz, recto y vagina; moretones sin causa aparente; manchas rojas en la piel y en las encías (ver infografía).
Viviendo con el enemigo
Es mediodía de un caluroso martes en la zona de Santiago Apóstol. Los niños felices juegan con el agua empozada, a un lado de la trocha. "Mira, este es dengue", nos dice un pequeño de nombre Jesús Salazar Lazo y muestra un zancudo descuartizado, imposible de identificar.
Le preguntamos si conoce un sitio donde podamos encontrar al Aedes aegypti y sin perder tiempo nos conduce por un cerro hasta llegar a un tanque de Sedapal.
En un charco próximo al gran pozo hallamos muchas larvas. Es necesario buscar a un especialista.
Virgilio Grajeda, el reportero gráfico con quien realizamos este informe, toma una muestra del agua para llevarla al centro médico de la zona, San Ramón. En el lugar, el doctor Carlos Ruiz, tras realizar el examen ambulatorio nos asegura que efectivamente se trata de los huevos del Aedes y nos pide llevar la muestra a un establecimiento del Ministerio de Salud.
En el norte y oriente
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El dengue y sus consecuencias. Solo se previene evitando la propagación del zancudo transmisor. Haga click en la imagen para ampliar.
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Este año, en nuestro país el Minsa ha registrado mil 800 casos de dengue, de los cuales 15 son de tipo hemorrágico. Los dos únicos fallecidos se registraron en Trujillo tres semanas atrás. Se han reportado víctimas del Aedes en Loreto, Piura, Chiclayo, Trujillo, Pucallpa, Junín. Aunque en Lima aún no se registran casos, en 20 distritos está presente el Aedes aegypti: la amenaza se cierne principalmente en Comas y Lurigancho.
Si existe fiebre, dolor de cabeza, muscular, erupciones o sangrado debe acudir al centro de salud más cercano porque el dengue no mata si se trata a tiempo.
Presente en casi toda América
El año pasado, 18 de 21 países de la tres Américas notificaron 464,969 casos de dengue clásico, así como 14, 189 casos de dengue hemorrágico con 180 fallecidos por esta causa, según la Organización Panamericana de la Salud.
Estas cifras indican que hay un incremento sostenido de la enfermedad, en donde las medidas preventivas –tapar y lavar los recipientes en los que se almacena agua– no son incorporadas al estilo de vida de la población.
ANÁLISIS
"La solución es la prevención"
Luis Miguel León
Especialista del Ministerio de Salud
El mayor FAP Eduardo Gallardo Mejía, quien pilotaba el helicóptero Twin Bell 212 que se estrelló ayer, nació en Trujillo el 28 de febrero de 1973 y perdió la vida el día que cumplía 34 años. Egresó como alférez FAP en 1995, integrando la promoción "Comandante FAP Pedro Jáuregui Barnechea".
En 2001, al ascender a capitán, fue designado como Oficial de Instrucción del Escuadrón del Grupo Aéreo Nº 3, donde se ganó el reconocimiento y aprecio de la superioridad que le encargó ese puesto de responsabilidad. En el 2006 logró el grado de mayor y fue nombrado Oficial de la Sección de Operaciones de Estado Mayor del grupo aéreo.
"Su excelente foja de servicios hace mención a su constante dedicación al trabajo, iniciativa, espíritu de colaboración, alto grado de preparación y profesionalismo", señala la FAP en una semblanza proporcionada a los medios.
El oficial Eduardo Gallardo Mejía estaba casado con Patricia Cerna Barra y tenía dos hijos: Natalia, de seis años, y Sebastián, de 2 años.
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