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La causalidad abrumada de González Iñárritu
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| Perdidos. Amelia (Adriana Barraza) y sus pupilos errantes en el desierto. |
De Amores perros (2000) a 21 gramos (2003) y ahora Babel (2006), Alejandro González Iñárritu (México,1963), siempre en binomio con el guionista Guillermo Arriaga, ha ido ampliando su universo, que obedece a una causalidad precisa en la que nada ocurre en forma inocente y todo acto humano genera un encadenamiento de consecuencias, con ecos lejanos e inesperados.
Es necesario aceptar estas reglas de juego para poder penetrar en el cine del mexicano, de lo contrario se corre el riesgo de quedar fuera. Babel, rodada en un año en Marruecos, Japón, México, San Diego y la frontera entre México y EEUU con actores de diversas nacionalidades, narra cómo un hecho mínimo (el obsequio de un rifle) desencadena un accidente que repercutirá de modo indeleble en las vidas de cuatro familias. Este accidente es el balazo que caerá en Marruecos a Susan (Cate Blanchett), quien con su esposo Richard (Brad Pitt) trata de reconstruir su vida de pareja; ha sido disparado por los niños Ahmed (Said Tarhani) y Yuseff (Boukher Ait El Caid), pastores de cabras que juegan con un fusil comprado por su padre, en un incidente que la prensa calificará de "acto terrorista". Pero la inmovilidad forzosa de la pareja hará que Richard pida a Amelia, nana de sus dos hijos en San Diego, permanecer con ellos, demanda que no cumple, llevándolos a México a la boda de su hijo y generando un drama a su retorno, motivado por su sobrino Santiago (Gael García Bernal). Finalmente conoceremos la crisis de Chieko (Rinko Kikuchi), adolescente sordomuda hija de Yasujiro (Koji Yakusho, el dueño del rifle), afectada por la ausencia materna y falta de comunicación con su padre.
González Iñárritu se mueve con total seguridad en este universo fragmentado. Sus parejas comparten un mundo de incomunicación y recelo, de barreras –físicas y morales– invisibles pero ciertas. Un mundo en el que la violencia es la moneda natural de cambio. Pero no hay violencia neutra o inofensiva: siempre hay un elemento actuante y otro que la recibe. Es algo muy viejo, a lo que no por azar hace referencia el título de esta cinta de enorme ambición, pues lo que hay detrás de las cuatro historias intimistas que desarrollan González Iñárritu y Arriaga no es otra cosa que el intento de presentar un retrato del estado del mundo en un tiempo que es el de inicios del siglo XXI, tiempo de globalización, pero también de abismos marcados por el ‘choque de civilizaciones’, el terrorismo y la distancia entre una minoría de satisfechos y una mayoría de pobres y marginados.
Si bien el mexicano amplía su universo, hay que decir que en estructura y puesta en escena sus tres filmes son semejantes. El punto de partida es el ataque a la linealidad para descomponerla en un manojo de historias que encajan como piezas de un rompecabezas que se completa y que nos son narradas no en paralelo, sino de modo consecutivo, en un juego espacio-temporal que González Iñárritu domina, pero que no nace de la nada. Pero el talento de Babel está en su actualidad: los cuatro ‘paseos’, a cada cual más distinto, que el filme nos muestra tienen mucho de huida desolada y de final desigual: la felicidad de unos es el dolor de otros.
Federico de Cárdenas
Cartelera
El estreno es El laberinto del fauno (Guillermo del Toro). Entre lo que sigue no deben perderse Escondido (Haneke), La conquista del honor (Eastwood) y El custodio (Moreno). También Babel (al lado), El ilusionista (Burger) y Niños del hombre (Cuarón).
Se inició el festival de Berlín, con Paul Schrader en la presidencia del jurado y Park Chan-wook, Téchiné, Rivette, Menzel y Ozon en la competencia oficial. Schrader presentará The walker, su más reciente cinta, fuera de concurso y habrá una gran retrospectiva dedicada a las grandes actrices del cine mudo.
Nos dejó el colombiano Carlos Mayolo (61), ligado al grupo Ojo al Cine que animó Andrés Caicedo. Como realizador hizo muchos cortos y los largos La mansión de Araucaima (en base a Mutis) Carne de tu carne y pasó luego a la TV. El año pasado había recibido el Premio a "Una vida dedicada al cine".
Close up
Michel Caine (73) forma parte del pequeño grupo de actores que envejece bien. Cumplió el año pasado 50 años de una carrera en la que hay de todo y ofreció retirarse, pero trabaja más que nunca. Ahora en un remake del que es, con El hombre que sería rey, su mejor rol: Sleuth (Juego mortal,1972, Joseph Mankiewicz), donde enfrentaba al gran Olivier. Esta vez dirige Kenneth Branagh, con guión retocado por Harold Pinter. Y en sus ratos libres, Sir Michael escribe un movido thriller lleno de islamistas, narcos y gángters.
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