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Expertos analizan el discurso presidencial • Mandatario fue profuso en cifras de bonanza económica pero dejó en el tintero sus propuestas más polémicas.
Por Carolina Martín.
Foto: Arturo Pérez.
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Presidente no tocó la pena de muerte, pese a que hace poco quería convocar a un referéndum para aprobarla.
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Su imagen de hombre maduro, calmado, que utilizó sus lentes para leer un discurso que hasta hace nada de tiempo hubiera pronunciado de memoria sin necesidad de ningún tipo de apoyo, fue parte de una estrategia mediática con la que el presidente Alan García Pérez quiso anoche dejar claro al país que había cambiado y que nada tenía que ver con el inquieto mandatario que gobernó en Perú hace más de 20 años.
Por eso su discurso se basó en la bonanza de las cifras económicas y en un repaso superficial de grandes objetivos como la educación, la salud o el empleo, pero sorprendió por la ausencia de temas tan importantes (y tan presentes en estos seis meses de gobierno) como la pena de muerte y las reformas del Estado y del Poder Judicial, aseguró Fernando Tuesta, sociólogo del Instituto de Opinión Pública de la PUCP y ex jefe de la ONPE.
"En el discurso ha habido muchas ausencias, y García ha evitado aspectos impactantes. Ha reducido la reforma del Estado a la reducción de los Organismos Públicos Descentralizados (OPD), y no ha tocado temas espinosos de las últimas semanas como la pena de muerte o la Corte Interamericana de Derechos Humanos", señala Tuesta Soldevilla.
Según el analista, además, el presidente ha tratado de minimizar todas las promesas que no cumplió, y ha hecho un balance de "aspectos que ya se sabían" pero no ha hablado de cuál será la hoja de ruta de lo que hará en el próximo año y medio, que es la fecha anunciada por el propio gobierno para que comiencen a apreciarse los resultados de las acciones gubernamentales.
"García, en un discurso inusual, se ha limitado a hacer un listado temático de lo que considera sus logros, pero esto no va a satisfacer a muchos", señala Tuesta.
Lo que no dijo el presidente
No habló de forma extensa de la reforma del Estado, más allá de aspectos sustantivos como la reducción de los OPDs y la fusión de programas sociales. No mostró una hoja de ruta clara.
Sólo habló de temas como la corrupción en el ámbito estrictamente judicial, pero no sobre la corrupción en los poderes Ejecutivo y Legislativo ni de cómo enfrentar esta lacra.
No mencionó su propuesta de reinstaurar en el país la pena de muerte para terroristas y para violadores y asesinos de menores de siete años, a pesar de que hasta hace pocas semanas –cuando el Congreso la rechazó– estaba dispuesto a hacer un referéndum para que esa propuesta fuera aprobada.
No habló de las relaciones bilaterales Perú-Chile, aunque hace pocos días hubo un impase diplomático entre ambos países por el tema de la delimitación fronteriza.
No habló de temas relativos al ministerio de Interior, como la reforma penitenciaria para solucionar el precario estado de las cárceles en el país.
ENFOQUE
"Quiso decirnos que sí cambió"
Luis Benavente
Director del Grupo de Opinión Pública de la Universidad de Lima
El inicio del discurso fue un mensaje de García para dejar claro a los que aún tenían duda de que sí cambió. Por eso habló del mantenimiento del crecimiento económico del país, del 1% de inflación, del incremento de las divisas y del aumento de la inversión privada, lo cual reflejaría que ha mantenido la relativa estabilidad política que existe en Perú desde el 2001. Esa información tuvo la contraparte necesaria en el discurso, que es la lucha contra una pobreza que creció con la economía de mercado.
Por eso ha hablado de la austeridad que debe generar recursos para inversión social, la descentralización o la optimización de los programas sociales. Faltó sí un poco de autocrítica. Y me parece muy claro que ha evitado temas conflictivos. Yo creo que cuando habla de descentralización el presidente sabe que no va a tener ningún anticuerpo, pero creo que lo que ha buscado evitar han sido básicamente temas que pueden polarizar.
Temas como el de la pena de muerte son puestos en agenda por el gobierno como cortina de humo y los medios de comunicación contribuyen haciéndole eco. Al no tocar ese tema en su discurso lo que el Jefe del Estado está diciendo a la población es que el tema no es estructural, no es tan importante.
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