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Michael Haneke, un thriller entre voyeurismo y paranoia.
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| Espiados. Georges (Daniel Auteil) y Anne (Juliette Binoche) amenazados por videos que los espían y dibujos sangrientos. |
Quinto largo que conocemos del austriaco de origen alemán Michael Haneke (Munich,1942), segundo que se estrena en Lima luego de La pianista, Escondido confirma a su realizador como uno de los grandes cineastas de hoy. La historia es la de Georges (Daniel Auteil), Anne (Juliette Binoche) y su hijo adolescente Pierre (Lester Makedonsky). Georges anima un programa de cultura en la TV, Anne trabaja en una importante editorial y su hijo estudia en el liceo público del barrio. Puede decirse que se trata de una pareja exitosa, con un pequeño círculo de amistades que reciben regularmente. De pronto, y dirigida a Georges, comienza a llegar una serie de videos que demuestran que son espiados en las proximidades de su casa. Poco después, los videos son acompañados de dibujos enigmáticos e inquietantes. Georges acude a la policía, que le informa que nada puede hacer en tanto no haya un hecho concreto.
La cinta presenta, entonces, la manera cómo la vida ordenada y programada de la pareja se desarticula por obra del misterioso voyeur, instalando una crisis entre Georges y Anne, la cual afecta inevitablemente a su hijo. Pero esto, que ha sido visto en otras películas, no tendría mérito sin la inteligencia de la puesta en escena de Haneke, que trabaja sobre un doble dispositivo en el que las largas tomas de la cámara (a Haneke le gusta trabajar haciendo uso del plano-secuencia) reproducen las del videasta invisible, creando una inquietante sensación de ambigüedad y convirtiendo la cómoda casa parisina en una suerte de jaula de metal y vidrio cuyo clima se rarifica cada vez más a medida que el acoso sigue y la pareja se enfrenta sobre un dato del pasado de Georges que aflora y en base al cual Anne considera traicionada su confianza. Pues Escondido (el título encuentra un uso múltiple en la historia) es sobre todo un filme sobre la culpabilidad: ese secreto ominoso que subyace olvidado o apenas recordado en el pasado más normal y que súbitamente aflora, revelando abismos formados por pequeñas o grandes mezquindades.
Los videos desencadenan un mecanismo introspectivo en Georges, obligándolo a bucear en su infancia hasta llegar a un anónimo barrio poblado por árabes (y hay aquí un lado anticipador y profético en esta cinta, filmada antes de la explosión de violencia de los suburbios parisinos) en busca de un descubrimiento que redondea bien esta parábola sobre una cierta burguesía conservadora y racista en su relación con el Otro, temido y rechazado.
Finalmente, hay una última vuelta de tuerca en la cinta de Haneke a partir de su final abierto, con la cámara fija sobre la entrada del liceo de Pierre (un colegio en teoría integrado). Y es que el austriaco nos obliga a completar la historia y nos coloca en la misma posición del espía. En el fondo, no interesa quién graba y envía los videos.
No hay soluciones fáciles a un ciclo que acaso prosigue. Debemos terminar, pero no sin antes decir que Escondido nos parece una obra maestra.
Cartelera
Ingresan El custodio (Rodrigo Moreno) y Diamante de sangre (Zwick), pero el mejor estreno sigue siendo Escondido (al lado). Es posible que Los infiltrados (Scorsese) se mantenga debido al Globo de Oro, y siguen también El ilusionista (Burger) y Casino Royal (Campbell).
Solo 4 países en el mundo (India, Corea del Sur, Japón y Francia) resisten al reinado del cine USA. Con 189 millones de espectadores (no muy lejos del récord de 198 millones registrado en 2004), el pasado fue un buen año para el cine francés, que divide casi mitad y mitad su mercado con el estadounidense (45.8% contra 45%).
En la Cinemateca Francesa, paraíso cinéfilo, gran retrospectiva dedicada a King Vidor (1894-1982), con la totalidad de las películas conservadas de este maestro del cine. También pasa la obra completa de Benoit Jacquot, interesante aunque irregular cineasta francés.
Close up
HUMPHREY BOGART (1899-1957) sigue siendo, a 50 años de su muerte, uno de los mitos más solidos del cine USA y su antihéroe por excelencia.
Actor limitado, supo encontrarse un personaje escéptico que cinceló en cada filme, y hacer de su célebre rictus (provocado por una parálisis parcial del labio inferior) una marca de estilo que hizo escribir a Bazin, en uno de sus más célebres textos, que “llevaba la muerte en la cara”. Hizo cintas olvidables, pero Hawks, Huston, Mankiewicz, Brooks y Nicholas Ray lo llevaron a la gloria.
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