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Principal arrow Política Jueves, 07 de Agosto 2008
El político de los ochenta ha vuelto

EL ESTILO GARCÍA PÉREZ • Las primeras semanas de gobierno del líder aprista en 1985 dan cuenta de un político acostumbrado a adormecer a las masas con "balconazos" y visitas por mercados y plazas, mientras la economía aparecía en rojo y avanzaba el terrorismo.

Redacción La República.
Fotos: Archivo.

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Alan García en los primeros días de su primer gobierno en 1985 en el balcón de Palacio de Gobierno.

La insistencia del presidente Alan García para que se apruebe a toda costa la pena de muerte no solo trae a la memoria al gobernante "caprichoso" de 1985 como ha señalado la lideresa de Unidad Nacional, Lourdes Flores; también a un experto "ilusionista" de calles y plazas llenas en momentos difíciles para la gobernabilidad.

Si el García de hoy, en este segundo round en el poder, ha optado por convocar a la prensa a toda hora y hacer desfilar a las autoridades por Palacio de Gobierno para inundar de anuncios a la opinión pública, el de hace más de 20 años también buscó distraer a las masas con acciones mediáticas propias de su training de gobernante joven: "balconazos", recorridos por mercados y barrios populares de cinco esquinas. Y todo eso mientras la economía estaba al punto del colapso y y la subversión avanzaba.

–¿Dígame, cuánto gana usted?, preguntó García desde el balcón de Palacio a un ambulante, el miércoles 30 de julio de 1985, a dos días de estrenarse como Presidente.

–A veces gano, a veces no– le respondió el vendedor de chompas y bufandas.

–Ustedes van a ser los primeros en mi gobierno, replicó García mientras agitaba el brazo, entre aplausos. Desde ese día tomó por costumbre sorprender a los transeúntes desde su balcón de Palacio de Gobierno.

De vuelta por el mercado

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AGP llega a la Prefectura para denunciar a los especuladores de alimentos.

El jueves 31 de julio del 85, el gobierno aprista decidió controlar los precios de nueve alimentos básicos, lo que fue llamado como la democratización de la canasta familiar. Tres días después, García visitó los mercados para escuchar las quejas de las amas de casa. Al poco tiempo anunció la reducción del precio del cemento y algunos medicamentos básicos, mientras su gobierno negociaba que se levantara la huelga de 50 días de la Confederación Intersectorial de Trabajadores Estatales.

Precios injustos

"No podemos defender a los que ponen precios injustos. Nadie puede enriquecerse con la enfermedad y la muerte del pueblo", dijo García, quien ahora también asegura defender los bolsillos de los peruanos al cuestionar el reciente fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre la matanza de procesados por terrorismo en el penal Castro Castro, sin responder si reconoce que los presos fueron ejecutados extrajudicialmente o no.

En esos días de agosto, el escándalo político estaba centrado en la relación de las Fuerzas Policiales y el Poder Judicial con el narcotráfico. Y en esta última semana, en el error de García respecto al campesino asesinado Bernabé Baldeón, a quien calificó de terrorista. Un lapsus que el Presidente buscó esquivar con el anuncio de la rebaja del precio de los combustibles.

De las jornadas populosas de García en el 85, la que más llama la atención es su jocosa visita a Barrios Altos, el 18 de setiembre de ese primer año de gobierno, precisamente el día en que el entonces subteniente EP Telmo Hurtado justificó la matanza de los comuneros de Accomarca, en Ayacucho, a cargo de las fuerzas militares.

"En una zona roja o caliente no se puede distinguir quiénes son amigos o enemigos", dijo Hurtado, mientras García caminaba once cuadras del tradicional barrio de Cinco Esquinas hasta Palacio y bebía de la misma botella de gaseosa de un transeúnte en su intento de demostrar que era un peruano como cualquiera.

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En caminata popular, mientras explotaba lo de Accomarca.

Al día siguiente se encontró una nueva fosa común con campesinos asesinados. Ante la conmoción pública García señaló que las Fuerzas Armadas como institución no deben ser comprometidas sino que debe hallarse responsabilidades individuales. "Yo no voy a ser encubridor, no voy a ser un carnicero", aseveró. Y a las pocas horas, cenaba en Palacio con un grupo de artistas porque según explicó "a mí la muerte no me hace olvidar que somos parte de la vida".

La clave

HOMENAJE. Alan García rindió su propio homenaje a los senderistas en 1988, en plena violencia terrorista, cuando se encontraba a la mitad de su primer gobierno, durante el congreso de la juventud aprista realizado en Ayacucho: "Sendero Luminoso tiene militantes activos, entregados, sacrificados (...) el senderista tiene lo que nosotros no tenemos: mística y entrega. Es gente que merece mi respeto y personal admiración porque son, quiérase o no, militantes", dijo entonces el Presidente.


La barbarie vista en dos épocas

Cuando Alan García aún era candidato presidencial en febrero de 1985, no descartó la posibilidad de dialogar con terroristas para pacificar el país, durante una entrevista para el semanario El Tiempo de Madrid. Dijo que si bien no le correspondía sentarse en la misma mesa que los senderistas de llegar al poder, sí lo podían hacer otros representantes del gobierno.

En su discurso de asunción de mando de aquel año, señaló que "para luchar contra la barbarie (el terrorismo) no es preciso caer en la barbarie". Pero, de nuevo en el poder, propuso la pena de muerte para terroristas, olvidándose de sus palabras.

El 14 de setiembre, luego de conocerse las matanzas de Accomarca y Pucayacu, aseguró que no iba a permitir el uso de métodos extrajudiciales en la lucha contra la subversión y que se respetaría el uso de la "Constitución, las leyes, las armas solo cuando sean necesarias para terminar con el terrorismo".

Sin embargo, al año siguiente luego del debelamiento en los penales de El Frontón y Lurigancho, dijo: "El Estado ha debido prevalecer su autoridad con la consecuencia dramática de muchas muertes, algunas de las cuales son miembros de las fuerzas del orden(...) Pero se ha rescatado el principio que es fundamental: la autoridad". La justificación se parece a la que dio Fujimori por la matanza de Castro Castro. 

 
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