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Mirko Lauer.
Las palabras que elegimos definen direcciones para el pensamiento. Según el medio que la comente, la asonada de Machente ha sido realizada por senderistas, rezagos senderistas, terroristas, o narcoterroristas. En el fondo todos parecen referirse a lo mismo, pero los matices pueden ser decisivos.
Si el móvil del atentado es estrictamente senderista, entonces tiene algún sentido advertir que este se ha dado en las inmediaciones del cumpleaños de Abimael Guzmán (3 de diciembre). El sangriento homenaje hablaría de un Sendero Luminoso que mantiene su lógica criminal pero política, con su sentido de la celebración y del pensamiento Gonzalo.
Si el móvil es una reacción a la incautación de coca en la zona, la alusión a SL no tiene tanto sentido. Aunque la experiencia colombiana de alianza entre terrorismo guerrillero y comerciantes de la droga invita a pensar en esos términos. El tema en estos casos es la relación entre los dos componentes.
La sensación es de que frente a fenómenos como los asesinatos del sábado hay un diagnóstico inestable, que se inclina en varias direcciones. Va desde columnas subversivas que se recursean con la droga hasta embriones de un ejército particular del narcotráfico (o incluso nuevos grupos ideológicos, como opina algún policía retirado.
Un diagnóstico cierto es indispensable pues permite conocer mejor el proceso de acumulación y de pérdida de fuerzas de un enemigo. No es igual ir tras rezagos de un proyecto político que tras columnas funcionales a un negocio en marcha implantado entre la población. Decir que son ambas cosas, y más, no resuelve este aspecto del problema.
Un ejemplo de lo anterior es la manera como se estaban desplazando las víctimas del sábado, con un mínimo de armamento frente al arsenal de los asesinos, lo cual a su vez habla de un clima de confianza frente a la realidad del teatro de operaciones. Obviamente pensaban encontrar algo diferente de lo que encontraron.
Si la versión de la incautación de coca es efectiva, estamos ante un caso más en la estrategia de contención practicada por el narcotráfico: si el Estado no afecta el negocio, entonces la política es cero atentados. Esto lo vienen practicando los narcos por lo menos desde el secuestro de 71 trabajadores del gasoducto en el 2003.
No es lo mismo enfrentar a un enemigo que da ocasionales zarpazos para sobrevivir que enfrentar una estrategia orgánica articulada en torno a un negocio delictivo, enorme y transnacional. Lo primero es una operación de limpieza, lo segundo tiene elementos de una confrontación en regla, si es que se desea ganar.
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