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Mirko Lauer.
Una recargada agenda le ha ahorrado a Alan García el mal rato de estar presente en la disputa doméstica en que se ha convertido la asunción de mando del presidente electo Felipe Calderón, del PAN. Quizás no es esa su intención, pero resulta casi inevitable que la ausencia sea leída como un silencioso comentario a esa cuestionada presidencia.
No es la primera vez que el sistema electoral mexicano produce reacciones de perplejidad y protesta. En 1988 “se cayó el sistema” de cómputo electoral al 55%, cuando el candidato del PRD le llevaba 4% de ventaja al del PRI. Cuando las luces volvieron a encenderse, la ventaja era de Carlos Salinas de Gortari, cuya ulterior conducta a su modo lo confirmó todo.
En esta oportunidad no se acudió al sistema caído, sino a un simple ocultamiento de información a la opinión pública, que según la amplia protesta de estos días dio tiempo para robarle los votos y la victoria a Andrés Manuel López Obrador, del PRD. Todo comenzó cuando las dos mayores televisoras (Televisa y TV Azteca) se negaron a dar resultados preliminares.
El Instituto Federal Electoral, IFE, no quiso revelar los resultados del conteo rápido y todavía el cinco de julio, a tres días de la votación, no había resultados oficiales. A pesar de los indicios que empezaron a aparecer, el IFE no aceptó ir a un recuento total de votos. Al final Calderón ha aparecido como ganador con un 0.58% de ventaja.
Con la mitad de los votos (y bastante más, según él), López Obrador le ha venido haciendo la vida difícil a Calderón desde el primer día. La juramentación de hoy no va a ser la excepción. Mientras se escribía esto, el jueves, todavía el proclamado ganador no sabía si podría jurar en el Congreso, donde las grescas entre parlamentarios no cesan.
En estas circunstancias la presencia de más de una docena de gobernantes de fuera va a ser una incomodidad para todos, los visitantes y los de casa. Es inevitable que la ceremonia se vuelva otra vitrina mundial para quienes argumentan fraude. Pues a diferencia de 1988, hoy el PRD parece decidido a llevar las cosas hasta algún tipo de conclusión.
La incomodidad de los mandatarios visitantes tiene un tinte adicional, pues aun si su intención no es inmiscuirse en los asuntos internos de México, ellos inevitablemente aparecerán como avaladores del resultado electoral. Aunque más de uno buscará reunirse discretamente con López Obrador para equilibrar las cosas.
Para el PRD la elección parlamentaria ha significado un crecimiento de 13% en el Senado y de 74% en Diputados. El PAN parlamentario está prácticamente igual que en el 2000. A pesar de su fuerte caída en esta elección, 26% y 102%, respectivamente, el PRI va a ser aún más que antes el fiel de una agitada balanza. |